El mundo fue testigo de una tragedia tras el doble terremoto que sacudió a Venezuela el pasado 24 de junio de 2026. Los dos fuertes sismos dejaron miles de víctimas, edificios colapsados y viviendas y comercios destruidos, además de numerosos heridos que aún continúan siendo rescatados entre los escombros.
Las imágenes compartidas en redes sociales reflejaron los momentos de angustia que vivieron los habitantes cuando, en cuestión de segundos, calles y edificaciones comenzaron a derrumbarse. Mientras algunas personas lograron evacuar a tiempo, otras quedaron atrapadas por la fuerza del movimiento telúrico.
En medio de la emergencia, la tecnología desempeñó un papel fundamental. El sistema de alertas sísmicas de Google envió notificaciones a millones de teléfonos Android segundos antes de que ocurrieran las sacudidas más fuertes, permitiendo que muchos usuarios buscaran refugio o abandonaran los lugares donde se encontraban.
Aunque la ciencia todavía no puede predecir con exactitud cuándo ocurrirá un terremoto, herramientas como estas demuestran que es posible ganar valiosos segundos para reaccionar y reducir el riesgo. Tras el desastre, la tecnología volvió a convertirse en una aliada, esta vez para evaluar el impacto que dejó el fenómeno.
La Nasa publicó una evaluación preliminar sobre los daños ocasionados por el terremoto de magnitud 7.5, precedido por un sismo de 7.2, cuyo epicentro se ubicó cerca de San Felipe y Yumare. El informe fue elaborado a partir de imágenes de radar captadas por el satélite Sentinel-1 y ofrece una primera aproximación del alcance de la destrucción.
Según el análisis, alrededor de 58.870 edificios habrían resultado dañados o completamente destruidos en la zona afectada. Para llegar a esta estimación, los especialistas compararon imágenes tomadas entre el 24 y el 25 de junio de 2026 con 65 registros obtenidos entre junio de 2025 y junio de 2026. Esta evaluación corresponde a una primera versión de los daños y aún está pendiente de validación.
El sistema utilizado analiza las variaciones detectadas por el radar antes y después del terremoto. A partir de esos cambios, cada edificio es clasificado como probablemente dañado o sin afectaciones, además de incluir información sobre la probabilidad del daño y el porcentaje de la estructura que presenta indicios de deterioro.
De acuerdo con la metodología empleada, una edificación se considera afectada cuando al menos el 50 % de su superficie muestra señales compatibles con daños estructurales.
Para mejorar la precisión de los resultados y reducir posibles falsas alarmas, el modelo fue calibrado con información del ShakeMap del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). Los mayores niveles de afectación se concentran en las zonas donde el movimiento sísmico fue más intenso, especialmente en la costa central y el corredor de Caracas.
En total, los especialistas lograron evaluar cerca del 75 % del territorio terrestre comprendido dentro del área de estudio. El 25 % restante no pudo analizarse debido a la falta de cobertura de las imágenes de radar o porque corresponde a cuerpos de agua y sectores con escasa urbanización.