Cuando un asteroide del tamaño del Monte Everest impactó la Tierra hace 66 millones de años, extinguió a todos los dinosaurios no aviares y aproximadamente un tercio de la vida en el planeta. Sin embargo, muchas plantas sobrevivieron a la devastación, tal y como demuestra una nueva investigación de la Universidad de Gante en Bélgica.
En un nuevo estudio publicado en la revista Cell de Cell Press, los investigadores revelan que las duplicaciones accidentales de genomas (un fenómeno natural) podrían haber ayudado a muchas plantas con flores a sobrevivir a algunos de los cambios ambientales más extremos de la historia de la Tierra. Esta estrategia podría ayudar a las plantas a adaptarse a los rápidos cambios climáticos que se están produciendo.
“La duplicación del genoma completo suele considerarse un callejón sin salida evolutivo en entornos estables”, comenta el autor Yves Van de Peer, de la Universidad de Gante. “Pero en situaciones adversas, puede ofrecer ventajas inesperadas”.
La mayoría de los organismos poseen dos conjuntos de cromosomas, uno de cada progenitor. Sin embargo, en las plantas con flores, muchas especies presentan conjuntos adicionales como resultado de la duplicación aleatoria del genoma completo. Por ejemplo, la mayoría de los plátanos cultivados tienen tres conjuntos de cromosomas, mientras que las plantas de trigo pueden tener hasta seis, una condición conocida como poliploidía.
La duplicación del genoma completo ocurre con relativa frecuencia en las plantas y puede resultar costosa. Los genomas más grandes requieren más nutrientes para su mantenimiento, aumentan el riesgo de adquirir mutaciones dañinas y afectan la fertilidad. Por estas razones, solo una pequeña fracción de los genomas duplicados se conserva y se transmite de generación en generación en la naturaleza.
Por otro lado, las duplicaciones del genoma pueden aumentar la variabilidad genética y los genes pueden desarrollar nuevas funciones. Estos cambios pueden ayudar a los organismos a tolerar mejor el estrés, como el calor o la sequía.
Para comprender por qué persisten algunos genomas duplicados, Van de Peer y su equipo analizaron los genomas de 470 especies de plantas con flores, creando uno de los conjuntos de datos más grandes de su tipo. Buscaron bloques de genes que aparecen en pares casi idénticos, un indicador de eventos de duplicación del genoma completo ocurridos en el pasado. Luego, compararon los datos con información de 44 fósiles de plantas para estimar cuándo ocurrieron estas duplicaciones.
Su análisis reveló un patrón sorprendente. Los investigadores descubrieron que los genes que persisten a lo largo del tiempo tienden a originarse a partir de duplicaciones del genoma completo durante períodos de grandes trastornos ambientales. Estos incluyen la extinción masiva provocada por el asteroide hace 66 millones de años, varios períodos de enfriamiento global en los que colapsaron los ecosistemas y el Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno (PETM) hace unos 56 millones de años, un período de rápido calentamiento global.
Los hallazgos ayudan a explicar un antiguo enigma: por qué la poliploidía es común, pero solo unas pocas persisten en los genomas de las plantas a lo largo de millones de años. En estas condiciones extremas, las plantas poliploides podrían haber obtenido una ventaja. Rasgos que normalmente son desventajosos, como mantener un genoma más grande y complejo, pueden volverse beneficiosos, afirman los investigadores.
El estudio también ofrece algunas pistas sobre cómo las plantas podrían responder al cambio climático actual. Durante el PETM, las temperaturas globales aumentaron entre 5 y 9 °C en aproximadamente 100.000 años, un cambio comparable al calentamiento que se está produciendo hoy en día.
“Si bien el clima actual se está calentando a un ritmo mucho más rápido, lo que observamos en el pasado sugiere que la poliploidía puede ayudar a las plantas a sobrellevar estas condiciones estresantes”, finaliza Van de Peer.
*Con información de Europa Press.