Durante siglos nadie vio nada raro en ese cuadro del siglo XVI. Luego, internautas ampliaron una esquina del lienzo y creyeron ver lo que ningún paleontólogo habría imaginado. La verdad, sin embargo, es menos épica.

En internet, lo extraordinario aparece con sospechosa frecuencia. Cada cierto tiempo surge alguien convencido de haber dado con una prueba capaz de reescribir la historia —o eso cree—. Esta vez, la última joya del género tiene como protagonista un cuadro del siglo XVI que, según algunos usuarios en redes sociales, demostraría que dinosaurios y seres humanos convivieron mucho antes de que la ciencia siquiera les pusiera nombre.
Entre las publicaciones que difundieron la teoría figura una del usuario de Instagram historyunreal que, como recogió IFLScience, la presentaba con un mensaje con este anzuelo: “Es una pintura de Peter Bruce Gale de 1562… 300 años antes de que supuestamente supiéramos algo sobre los dinosaurios”.
El error detrás del supuesto hallazgo
El argumento es simple: en el fondo de la obra aparecen unas criaturas de cuello largo y cuerpo voluminoso que, para los más imaginativos, recuerdan a un saurópodo, un grupo de dinosaurios de cuello largo como el Brachiosaurus o el Apatosaurus. La imagen se viralizó, los comentarios se multiplicaron y la teoría, como suele ocurrir en estos casos, tomó vida propia. Pero, como era de esperar, hay varios problemas.
El primero: “Peter Bruce Gale” no existe. No hay rastro alguno de ese supuesto artista fuera de los propios mensajes que difunden la teoría. La pintura que circula en redes, El suicidio de Saúl, pertenece en realidad al pintor flamenco Pieter Brueghel el Viejo, uno de los grandes del Renacimiento.
La obra sí fue pintada en 1562 e ilustra el final del rey Saúl, que se quita la vida tras caer derrotado por los filisteos en el monte Gilboa. Está catalogada y conservada en colecciones museísticas; actualmente se encuentra en el Kunsthistorisches Museum, en Viena, sin que exista ningún misterio documentado en torno a ella.
Según apunta IFLScience, en la Biblia se mencionan camellos en relación con el rey Saúl, y es probable que Brueghel intentara representarlos en el fondo de la composición.
Cuando los camellos parecen dinosaurios
Y ese es el segundo problema: las supuestas “criaturas prehistóricas” probablemente sean camellos, representados de forma poco realista según los estándares actuales.
Pero la historia no termina ahí: el contexto ayuda a explicar esta aparente anomalía.
El arte de dibujar lo desconocido
Los artistas del Renacimiento —y, sobre todo, los medievales— solían representar animales exóticos sin haberlos visto jamás en persona. El resultado era, con frecuencia, una criatura que mezclaba lo real con lo imaginado de maneras que hoy nos resultan cómicas o desconcertantes.
Como señala ABC Australia en un reportaje sobre ilustraciones medievales de animales, la representación de criaturas exóticas era como un juego del “teléfono”: una descripción se alejaba de la realidad cuanto más se transmitía.
Los leones medievales europeos, famosos por sus representaciones fallidas, son el ejemplo clásico. Los camellos corrían la misma suerte: cada artista que nunca había visto uno los reconstruía a partir de descripciones de segunda o tercera mano.

Este fenómeno es el mismo que, siglos antes, produjo el famoso grabado de un rinoceronte —atribuido a Alberto Durero— dibujado por alguien que solo había leído cómo era. Se parece bastante a un rinoceronte. Pero no del todo.
En resumen, como explicó a ABC Australia Julia Perratore, conservadora de arte medieval en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, “no es que carecieran de habilidad, sino que tomaban decisiones artísticas basadas en la información de la que disponían”.
Internet, teorías y patrones repetidos
Aun así, internet rara vez se rinde ante una buena historia. En Reddit, las reacciones oscilan entre la ironía y la conspiración. “Si eso son dinosaurios, entonces los que los montan son gigantes”, bromea un usuario. Otro apunta: “Son del tamaño de una persona, probablemente solo un camello mal dibujado”. Y uno más resume el espíritu del debate digital: “Creo que yo también veo a Bigfoot”.
Este tipo de “descubrimientos” en el arte antiguo es más frecuente de lo que parece. DW ha documentado casos similares, como el del cuadro del pintor austriaco Ferdinand Georg Waldmüller, Die Erwartete (Los esperados, 1860), donde internautas vieron a una mujer sosteniendo un smartphone mientras caminaba hacia un hombre entre los arbustos. La explicación, igualmente mundana: llevaba un libro de oraciones.

O el caso que protagonizó el CEO de Apple, Tim Cook, quien durante una visita al Rijksmuseum de Ámsterdam afirmó que un personaje en un cuadro holandés de 1670 —obra de Pieter de Hooch— parecía también sostener un iPhone. El museo aclaró sin rodeos que era una carta, como indica el propio título de la obra.
En el arte religioso también se han dado interpretaciones similares. Una pintura de alrededor de 1710 de Aert de Gelder, discípulo de Rembrandt, muestra el bautismo de Jesús iluminado por un gran disco luminoso en el cielo del que emanan rayos. Algunos han visto en esa imagen una supuesta nave extraterrestre; los historiadores del arte, sin embargo, la interpretan como una representación del Espíritu Santo descendiendo, según el Evangelio de Mateo.

Más imaginación que evidencia
El patrón es siempre el mismo: el ojo humano tiende a reconocer formas familiares. Y cuando lo encuentra —o cree encontrarlo— en un lugar inesperado, la narrativa se construye sola.
Lo que el cuadro de Pieter Brueghel el Viejo nos recuerda, en el fondo, no es que los dinosaurios coexistieran con los humanos, sino algo más interesante: que, durante siglos, los artistas pintaron el mundo con la información que tenían, mezclando observación, imaginación y tradición oral. A veces el resultado era un camello que se parece sospechosamente a un saurópodo. Y en Internet, eso es todo lo que se necesita.
*Con información de DW.
