Con frecuencia se habla del consumo de energía de los electrodomésticos del hogar, en especial de la nevera. No obstante, muchos usuarios pasan por alto que ciertos hábitos, aunque parezcan insignificantes, pueden influir de forma importante en este aspecto y reflejarse finalmente en un aumento de la factura mensual.

De acuerdo con Repsol, la nevera es uno de los electrodomésticos que más energía consume en el hogar, ya que permanece conectada todo el tiempo y representa aproximadamente el 14 % del consumo eléctrico doméstico. Por esta razón, es importante elegir un modelo con alta eficiencia energética y comprender el funcionamiento de su certificación.

Para reducir el gasto eléctrico, se recomienda ubicar la nevera lejos de fuentes de calor, ajustar correctamente la temperatura, evitar abrir la puerta innecesariamente y, sobre todo, mantener una buena organización interna de los alimentos. Estas prácticas contribuyen a mejorar el rendimiento del electrodoméstico y a disminuir el costo de la factura de luz.

La nevera es uno de los electrodomésticos que más energía consume en el hogar porque permanece conectada constantemente Foto: Getty Images

La forma correcta de ordenar los alimentos en la nevera

Según Naturgy, para aprovechar mejor el funcionamiento del frigorífico es fundamental entender que su interior no mantiene la misma temperatura en todas las zonas. Cada espacio presenta condiciones distintas de frío y humedad, por lo que colocar los alimentos en el lugar adecuado ayuda a conservarlos por más tiempo y evita un esfuerzo innecesario del equipo.

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La puerta de la nevera es la zona menos fría, con temperaturas que suelen oscilar entre 6 °C y 10 °C. Por ello, se recomienda destinar este espacio a productos menos sensibles al frío, como bebidas, salsas o condimentos.

La parte superior registra temperaturas ligeramente más bajas, generalmente entre 4 °C y 6 °C, y es apropiada para alimentos perecederos que requieren refrigeración constante, como sobras de comida o algunos productos listos para consumir.

La zona central mantiene una temperatura más estable, cercana a los 3 °C y 4 °C, lo que la convierte en un lugar adecuado para lácteos, embutidos y otros alimentos que necesitan conservación moderada.

La parte inferior es una de las más frías del refrigerador, con valores que pueden variar entre 0 °C y 2 °C. Este espacio es ideal para carnes o pescados frescos, que requieren temperaturas más bajas para preservar su calidad.

Elegir un refrigerador con alta eficiencia energética permite reducir el consumo de electricidad. Foto: Creada con inteligencia artificial

Finalmente, los cajones inferiores tienen un mayor nivel de humedad y temperaturas entre 5 °C y 8 °C, condiciones que favorecen la conservación de frutas y verduras, evitando su deshidratación y manteniendo su frescura por más tiempo.

La organización del congelador también influye tanto en la preservación de las comidas como en el consumo energético. La parte superior es adecuada para productos de uso frecuente o aquellos que requieren congelación rápida, como pan, helados o comidas preparadas.

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En la zona central pueden colocarse verduras, frutas y pequeñas porciones de carne, facilitando su localización al momento de utilizarlas.

La parte inferior, al ser la más fría, es la más recomendable para alimentos que necesitan conservación prolongada, como carnes, pescados y otros productos que se planea almacenar durante más tiempo.