Dormir fuera del planeta no solo es posible, sino que puede convertirse en una de las experiencias más placenteras para el cuerpo humano. Así lo describió la astronauta Christina Koch, quien pasó casi un año en órbita y, además, fue la primera mujer en salir de la órbita en Artemis II. Ella ofreció detalles poco conocidos sobre cómo es descansar en condiciones de microgravedad.

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Un descanso sin cama ni gravedad

A diferencia de lo que ocurre en la Tierra, en el espacio no existe una superficie sobre la cual acostarse. En la Estación Espacial Internacional, los astronautas deben adaptarse a una rutina completamente distinta para dormir.

“Por esto no puedes dormir normalmente en el espacio. No funciona”, explicó Koch al relatar su experiencia. La ausencia de gravedad impide que el cuerpo permanezca en una posición fija sin ayuda, por lo que dormir como en una cama tradicional simplemente no es una opción.

La falta de gravedad impide dormir de forma convencional en el espacio, según relató Koch. Foto: NASA

En lugar de colchones, los tripulantes utilizan sacos de dormir anclados a las paredes de pequeñas cabinas individuales.

Dormir flotando: una sensación inesperada

Lejos de ser incómodo, el descanso en órbita puede resultar incluso más placentero que en la Tierra. Koch lo resumió con una frase contundente: “Es el sueño más cómodo que existe porque no hay puntos de presión, no tienes que dar vueltas”.

En el espacio, el cuerpo no soporta su propio peso, lo que elimina las molestias habituales al dormir. No hay necesidad de cambiar de posición durante la noche, ya que no existe presión sobre la espalda, los hombros o las caderas.

“Solo flotas allí muy plácidamente”, añadió la astronauta, destacando la sensación de tranquilidad que produce la microgravedad.

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Sacos especiales y posturas poco comunes

Para evitar moverse sin control, los astronautas se introducen en sacos diseñados específicamente para el entorno espacial. Estos incluso cuentan con aberturas para los brazos, lo que permite mantenerlos en una posición cómoda.

“Cada noche te metes dentro del saco y lo cierras para no flotar”, explicó Koch. También describió de forma curiosa la postura que adoptan: “Tenemos agujeros para los brazos… para poder dormir como un zombie. Es lo mejor”.

Los sacos espaciales incluyen aberturas para los brazos, permitiendo una postura más cómoda al dormir. Foto: NASA

Aunque la imagen puede parecer extraña, este sistema garantiza estabilidad y descanso en un entorno donde todo está en constante movimiento.

La clave: una caída libre permanente

La sensación de flotar no significa que no exista gravedad. En realidad, tanto la estación como los astronautas están en una caída continua alrededor del planeta.

“Estás en una enorme caída libre, cayendo alrededor de la Tierra todo el tiempo”, señaló Koch. Este fenómeno es lo que genera la ingravidez y permite que los objetos —y las personas— permanezcan suspendidos.

Según la astronauta, esa condición también contribuye a la relajación: “Flotar en el espacio es muy relajante. Es una sensación increíble”.