El fuerte terremoto que sacudió recientemente a Colombia, con magnitud de 7.4, llamó la atención de los expertos por tratarse de un fenómeno poco frecuente. El movimiento telúrico, cuyo epicentro se ubicó en inmediaciones de San José del Palmar, Chocó, se sintió con intensidad en varias regiones del territorio nacional, entre ellas Bogotá, y también fue percibido en sectores de Ecuador y Venezuela.
Tras el primer terremoto se han presentado diferencias en los registros de magnitud, debido a que los organismos sismológicos realizan mediciones y actualizaciones a medida que reciben y procesan nuevos datos. Además, se han registrado réplicas fuertes que mantienen en alerta a los expertos.
Sin embargo, el movimiento de este lunes también volvió a centrar la atención sobre la relación de Colombia con el Cinturón de Fuego del Pacífico, una extensa zona que bordea el océano Pacífico y concentra una importante actividad sísmica y volcánica. La dinámica de las placas tectónicas en esta región está detrás de numerosos terremotos registrados en países como Colombia, Ecuador, Venezuela y Chile, entre otras naciones ubicadas en el occidente del continente americano.
Pero, ¿qué es el Cinturón de Fuego del Pacífico? El también conocido como el Anillo de Fuego del Pacífico es una extensa franja de aproximadamente 40.000 kilómetros que rodea gran parte del océano Pacífico y se extiende desde las costas de Chile y otros países de América hasta territorios como Japón, Filipinas y Nueva Zelanda.
Su elevada actividad geológica está relacionada con la interacción de las placas tectónicas, especialmente en zonas donde una placa se hunde por debajo de otra, proceso conocido como subducción.
A lo largo de esta región se encuentran cerca de 452 volcanes, aunque no todos presentan el mismo nivel de actividad. Entre los volcanes que han adquirido especial relevancia por su actividad y potencial de riesgo se encuentran el Kilauea y el Mauna Loa, en Hawái; el Volcán de Fuego, en Guatemala; el Popocatépetl, en México; Sakurajima y el Monte Fuji, en Japón; el Merapi y Anak Krakatoa, en Indonesia, además de Villarrica y Calbuco, en Chile.
El peligro asociado a estos volcanes no depende únicamente de la posibilidad de una erupción, sino también de la capacidad de los fenómenos volcánicos para generar afectaciones. Esta dinámica mantiene en alerta a la comunidad científica, debido a que la interacción, el choque y el hundimiento de las placas tectónicas pueden provocar una acumulación de energía que, al liberarse, puede generar terremotos y, en determinadas zonas, actividad volcánica.
En el caso de Colombia, el Servicio Geológico Colombiano (SGC) señala que una parte importante de la actividad sísmica está relacionada con esta dinámica tectónica, por lo que el territorio nacional es considerado una zona con elevada actividad sísmica.
Sin embargo, no todos los terremotos que se registran en Colombia están directamente relacionados con el Cinturón de Fuego del Pacífico. Por esta razón, la comunidad científica mantiene un monitoreo constante de la actividad tectónica y geológica de la región para mejorar la preparación ante futuros eventos.
Aunque actualmente no es posible predecir con exactitud cuándo ocurrirá un terremoto, los expertos advierten que algunas fallas geológicas pueden acumular grandes cantidades de energía, aumentando las posibilidades de que esta sea liberada en forma de sismos de considerable magnitud.
Como resultado de esta dinámica natural, en Colombia se registran alrededor de 2.500 sismos cada mes, lo que equivale a un promedio de 80 diarios. Sin embargo, la gran mayoría son de baja intensidad y pasan desapercibidos para la población. Estos movimientos solo son detectados y registrados por la Red Sismológica Nacional.