El bostezo es una acción tan cotidiana que la mayoría de las personas la realiza sin detenerse a pensar en su origen o función. Presente desde los primeros momentos de vida, este comportamiento ha despertado durante décadas el interés de la comunidad científica, quienes buscan establecer una explicación definitiva.
Durante mucho tiempo se creyó que bostezar era una respuesta del organismo para aumentar la entrada de oxígeno cuando aparecía el cansancio o la somnolencia. Aunque esta teoría se popularizó, diversas investigaciones han puesto en duda que ese sea el verdadero papel que cumple este fenómeno en el cuerpo.
Pero, ¿qué hay detrás de un bostezo? Una de las teorías es que este comportamiento podría estar relacionado con la conexión emocional entre las personas. Según el coautor del estudio, Ivan Norsica, del Museo de Historia Natural de la Universidad de Pisa, Italia, cuando alguien bosteza en respuesta al bostezo de otra persona, podría estar manifestando un mecanismo inconsciente de sincronización social y emocional.
Para profundizar en esta hipótesis, Norscia y la coautora del estudio Elisabetta Papalagi, del Instituto de ciencias cognitivas y tecnologías de Roma llevaron a cabo una investigación durante un año en la que analizaron el comportamiento de más de un centenar de adultos de distintas nacionalidades. El trabajo se desarrolló en entornos cotidianos, como viajes en tren y reuniones durante las comidas, con observaciones realizadas tanto en Italia como en Madagascar.
Los expertos registraron numerosos factores que podían influir en el fenómeno, entre ellos el tipo de relación existente entre las personas observadas, su género, procedencia y la manera en que bostezaban. Los resultados mostraron que el vínculo social desempeñaba un papel fundamental. Las personas tendían a imitar con mayor frecuencia los bostezos de familiares, amigos cercanos o individuos con quienes mantenían una relación estrecha.
Sin embargo, algunos investigadores consideran que todavía quedan interrogantes por resolver. Una explicación alternativa plantea que las personas simplemente prestan más atención a quienes forman parte de su círculo cercano, por lo que es más probable que perciban sus bostezos y reaccionen a ellos.
Por su parte, el sitio web Okdiario reseñó que el bostezo podría desempeñar un papel en la recuperación momentánea de la atención, especialmente cuando el cerebro disminuye su nivel de actividad o transita entre distintos estados fisiológicos. No se trataría de un mecanismo capaz de eliminar el sueño de forma inmediata, sino de un proceso que contribuiría a mantener un nivel básico de alerta.
Asimismo, cuando una persona siente sueño, el cerebro comienza a reducir de forma gradual su nivel de actividad. Los sistemas encargados de mantener el estado de alerta pierden intensidad, mientras aumenta la necesidad biológica de descanso. Es en estas transiciones internas donde suelen aparecer con mayor frecuencia los bostezos.
Este fenómeno no se limita únicamente al momento previo a dormir. También es habitual que ocurra al despertar, lo que refuerza la idea de que el bostezo está más vinculado a los cambios de estado del organismo que al sueño en sí mismo. Se trataría, por tanto, de una respuesta asociada a ajustes fisiológicos del cerebro, según el sitio web.
De manera similar, el aburrimiento puede provocar efectos comparables a los de la fatiga. Por ello, es común que las personas bostecen en situaciones monótonas, como reuniones prolongadas, clases poco dinámicas o viajes largos por carreteras sin estímulos relevantes. Además, el bostezo también puede aparecer en contextos de nerviosismo o tensión emocional.