Uno de los mayores riesgos a los que están expuestos los usuarios en la actualidad es la ciberdelincuencia, un fenómeno que ha crecido en los últimos años impulsado por el avance de la tecnología. Hoy en día, los criminales solo necesitan un computador, un celular y algunos datos para llevar a cabo sus ataques. Su principal objetivo es robar dinero e información que les permita ejecutar distintas modalidades de fraude digital.
Aunque se ha hablado ampliamente de las estrategias de engaño que utilizan —como la manipulación emocional, el phishing, los falsos premios o las compras en línea fraudulentas—, hay un aspecto clave que a menudo pasa desapercibido: algunas funciones del teléfono móvil pueden convertirse en el anzuelo perfecto para estos delitos. Una de ellas es la geolocalización.
Según explica el INCIBE (Instituto Nacional de Ciberseguridad), la geolocalización es la capacidad de ubicar un dispositivo mediante GPS, wifi o redes móviles. Esta tecnología se utiliza en servicios como mapas, pronóstico del clima, redes sociales y el seguimiento de paquetes.
Sin embargo, también puede afectar la privacidad. Al permitir el registro de hábitos y movimientos, facilita la creación de perfiles detallados de los usuarios, que pueden emplearse con fines publicitarios o incluso de vigilancia.
Asimismo, compartir la ubicación en tiempo real puede exponer esta información a terceros, lo que representa un riesgo para la seguridad. A esto se suma que el uso constante de estos datos puede reducir el rendimiento del dispositivo y acelerar el consumo de batería.
Los datos de geolocalización también pueden combinarse con otra información para cometer fraudes o robos de identidad. Al rastrear rutinas y ubicaciones frecuentes, los ciberdelincuentes pueden construir perfiles precisos y aplicar técnicas de ingeniería social con mayor eficacia.
Por otro lado, muchas empresas utilizan estos datos para analizar el comportamiento de las personas y ofrecer publicidad dirigida, lo que puede resultar invasivo o influir en sus decisiones.
Actualmente, la mayoría de los dispositivos —especialmente los teléfonos móviles— comparten la ubicación en tiempo real mediante GPS y otros sensores, lo que incrementa la exposición de esta información.
Para reducir estos riesgos, los ciudadanos pueden limitar la recopilación de datos de geolocalización ajustando la configuración de sus aparatos. En los celulares, es posible desactivar completamente la ubicación, permitirla solo para aplicaciones específicas o revocar los permisos en cualquier momento.
También se puede desactivar la ubicación exacta para aumentar la privacidad. Estas opciones se encuentran en los menús de ajustes, tanto en iOS como en Android, dentro de la sección de Privacidad y seguridad.
En los computadores, la geolocalización puede restringirse mediante extensiones del navegador y ajustando las opciones de privacidad en aplicaciones y servicios en línea.