Tradicionalmente, el aumento de la temperatura en los océanos se ha visto como una crisis que afecta principalmente a los corales y a la fauna marina. Sin embargo, investigaciones recientes de la Universidad de Adelaide y la Universidad de Hong Kong advierten que este fenómeno, representa una emergencia de salud pública para las personas.

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Tormentas más potentes y peligrosas

Uno de los riesgos más visibles es la capacidad del agua caliente para actuar como combustible de fenómenos meteorológicos extremos. El calor acumulado en el mar permite que las tormentas y tifones ganen fuerza con una rapidez alarmante, provocando inundaciones, desplazamientos de comunidades y pérdidas humanas.

El calor del océano puede potenciar tormentas y tifones hasta volverlos más destructivos. Foto: Getty Images

Un ejemplo claro fue el huracán Otis en 2023, cuya intensificación extrema y los daños de más de 15 mil millones de dólares en México se han vinculado directamente con estas altas temperaturas oceánicas.

La amenaza en el plato y en el aire

El calentamiento de las aguas no solo altera el clima, sino que también fomenta la aparición de floraciones algales nocivas. Estas son acumulaciones masivas de algas que pueden producir toxinas peligrosas.

Al respecto, la investigadora principal, la Dra. Laura Falkenberg, de la Facultad de Física, Química y Ciencias de la Tierra de la Universidad de Adelaide, señala: “Las olas de calor marinas ya no se reconocen únicamente como un problema ambiental; se perciben cada vez más como un problema de salud humana”.

El calor del mar estaría favoreciendo la aparición de algas que pueden ser peligrosas para las personas. Foto: Getty Images

Estas algas pueden contaminar los productos del mar que consumimos, generando riesgos de intoxicación. Además, el contacto con estos entornos afectados puede causar problemas respiratorios e incluso crisis de asma. A largo plazo, la disminución de las poblaciones de peces debido al calor pone en riesgo la seguridad alimentaria de miles de millones de personas que dependen del océano para nutrirse.

El costo invisible: la salud mental

Más allá de las heridas físicas o las enfermedades, existe un impacto psicológico profundo en las poblaciones costeras. Cuando los ecosistemas marinos se degradan, las personas que dependen de ellos para su sustento o que tienen una conexión cultural con el mar sufren de ecoansiedad, tristeza y depresión.

Según explica la Dra. Falkenberg: “Muchos dependen de océanos sanos no solo para su alimentación e ingresos, sino también para su recreación, identidad cultural y su sentido general de bienestar”.

Necesidad de una respuesta preventiva

Ante este panorama, los expertos instan a los gobiernos a incluir las previsiones de calor marino en sus planes de salud pública, de forma similar a como se hace con las olas de calor en tierra firme. La clave reside en la preparación y en la cooperación entre científicos y agencias de salud antes de que ocurran las catástrofes.

En palabras de la Dra. Falkenberg: “Si solo respondemos después de que ocurran los desastres, seguiremos experimentando impactos mayores que si hubiéramos actuado de manera proactiva”