En los últimos años, las redes sociales han adquirido un papel protagónico en distintos aspectos de la vida, especialmente en la forma en que las personas se comunican y se relacionan con su entorno. Estas plataformas han eliminado las barreras geográficas, ya que basta con contar con una conexión a internet y un dispositivo como un celular o un computador para acceder a ellas desde cualquier lugar.
Su uso no se limita al ámbito personal. Con el tiempo, también han ganado relevancia en el entorno profesional gracias a su practicidad. Por ejemplo, servicios de mensajería como WhatsApp resultan especialmente útiles para la interacción, dado que ofrecen funciones como llamadas, videollamadas y el intercambio de archivos multimedia, lo que facilita el flujo de información.
Por su parte, Facebook e Instagram están más orientadas a la creación de conexiones, la interacción social y la proyección de un estilo de vida a través de fotos y videos publicados en historias o en el feed. Un aspecto en común entre estas plataformas es su carácter personal, pues cada cuenta es administrada únicamente por su propietario, quien decide qué contenido compartir.
Sin embargo, surge una pregunta poco frecuente pero importante: ¿qué ocurre con las redes sociales cuando una persona fallece? En estos casos, no solo quedan sus pertenencias físicas, sino también su identidad digital. Dado que estas cuentas pueden contener información valiosa, es fundamental conocer qué sucede con perfiles de WhatsApp, Facebook e Instagram.
En el caso de Facebook e Instagram, es posible solicitar que la cuenta sea convertida en conmemorativa. Si quien realiza la solicitud es un familiar directo, también existe la opción de pedir su eliminación.
Además, estas plataformas no proporcionan los datos de inicio de sesión de cuentas conmemorativas, ya que acceder a perfiles ajenos infringe sus políticas de privacidad.
En cuanto a WhatsApp, no existe la opción de convertir una cuenta en conmemorativa. En cambio, si permanece inactiva durante un periodo prolongado —generalmente 120 días—, la cuenta se elimina de forma definitiva.
Tener clara esta información es fundamental, ya que permite a familiares y allegados tomar decisiones adecuadas sobre el manejo de los datos y la identidad digital de una persona fallecida.