La tecnología ha permitido grandes avances para la vida cotidiana, pero también se ha convertido en una herramienta utilizada por los ciberdelincuentes para cometer fraudes informáticos. A través de inteligencia artificial y distintas técnicas de manipulación emocional, los criminales logran engañar a los usuarios para obtener datos personales y financieros.

Ya no más llamadas fantasma: activando esta opción en su celular podrá evitar que le cuelguen cuando usted contesta

En muchos casos, las tarjetas bancarias se convierten en el principal objetivo de los delincuentes, ya que allí las personas almacenan sus ahorros y manejan buena parte de su dinero. Por eso, cualquier dato relacionado con estas tarjetas puede resultar clave para cometer estafas de forma rápida y sencilla.

Aunque muchas personas creen que nunca caerían en este tipo de engaños, la realidad es que los criminales saben perfectamente cómo captar la atención de sus víctimas. El éxito de estas estafas no depende únicamente de la tecnología, sino también de factores emocionales y psicológicos que llevan a los usuarios a reaccionar con rapidez, sin detenerse a verificar la información.

Uno de los motivos por los que las estafas bancarias suelen ser tan efectivas es porque apelan al miedo y a la urgencia. Los ciberdelincuentes acostumbran enviar mensajes alarmantes como: “Su cuenta será bloqueada” o “Detectamos un acceso sospechoso”. De esta manera generan preocupación inmediata y logran que las personas bajen la guardia.

El éxito de las estafas no depende únicamente de la tecnología, sino también de factores emocionales. Foto: Composición de SEMANA: con imágenes del portal Getty

Es en ese momento cuando aprovechan para solicitar datos sensibles de la tarjeta bancaria. Uno de los más importantes es el código CVV o CVC, que, según entidades bancarias como BBVA, corresponde a un conjunto de tres o cuatro números ubicado en la tarjeta de crédito o débito y que funciona como medida de seguridad en compras por internet o por teléfono.

Estos dígitos ayudan a reducir el riesgo de fraude en transacciones donde la tarjeta no está físicamente presente. Sin embargo, muchos delincuentes diseñan estrategias para que las víctimas entreguen este código sin darse cuenta de que están siendo engañadas.

Por lo general, las estafas se realizan mediante llamadas telefónicas, mensajes de texto o correos electrónicos en los que los criminales infunden miedo o preocupación hasta lograr que la persona revele la información confidencial tras haber sido manipulada.

Los ciberdelincuentes suelen enviar mensajes alarmantes como supuestos bloqueos de cuentas o accesos sospechosos. Foto: Criminales usan acercamientos en espacios públicos para robar cuentas bancarias.

Así las cosas, compartir el código CVV o CVC representa un gran riesgo, dado que funciona como una especie de “llave de seguridad” de la tarjeta. Este número permite confirmar que quien realiza una compra en línea o por teléfono tiene acceso físico al plástico.

Si un delincuente obtiene el número de la tarjeta, la fecha de vencimiento y el código CVV, puede realizar compras fraudulentas en internet sin necesidad de tener la tarjeta en sus manos. Por esta razón, los bancos recomiendan nunca compartir este código por llamadas, mensajes, correos electrónicos ni enviar fotografías de la tarjeta.

Además, proteger el CVV ayuda a prevenir robos de dinero, suplantación de identidad y cargos no autorizados en las cuentas bancarias.