Stephen Hawking, considerado una de las mentes científicas más influyentes del siglo XX, combinó su investigación sobre el universo con una reflexión constante acerca del porvenir de la humanidad. A lo largo de su vida sostuvo que la especie humana es especialmente frágil frente a amenazas que, en muchos casos, ella misma intensifica, y advirtió que limitarse a la Tierra podría representar un riesgo a largo plazo.

Para el físico, explorar y pensar en la expansión más allá del planeta no era solo una ambición científica, sino una posible estrategia de supervivencia: “No creo que la humanidad sobreviva en los siguientes mil años, al menos sin que nos propaguemos en el espacio”.

Stephen Hawking Fallecido científico y físico teórico Foto: getty images

La advertencia de Stephen Hawking no respondía a una visión apocalíptica, sino a la identificación de peligros reales que amenazan a la humanidad. Entre ellos señalaba el cambio climático, los conflictos nucleares, las pandemias, los impactos de asteroides y el uso irresponsable de tecnologías avanzadas como la inteligencia artificial o la biotecnología.

Para el científico, estos factores podían amplificarse por la propia acción humana y desencadenar consecuencias difíciles de controlar.

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Desde su perspectiva, la concentración de riesgos y la finitud de los recursos terrestres convierten en inestable la supervivencia de la especie si permanece confinada a un solo planeta. Por esta razón, la expansión hacia el espacio no debía entenderse como una aventura de ciencia ficción, sino como una estrategia preventiva.

Hawking defendía que la exploración espacial debía complementarse con la protección del planeta de origen. No planteaba un abandono de la Tierra, sino la creación de múltiples refugios para la vida humana, mediante colonias en la Luna, Marte o estaciones orbitales. Esta diversificación, sostenía, funcionaría como un respaldo frente a escenarios extremos, aunque en sus propias palabras, “un solo planeta no alcanza para garantizar la continuidad humana durante miles de años”.

El futuro aún puede construirse, siempre que la ciencia y la sociedad actúen con previsión y cooperación. Foto: Getty Images

Su pensamiento integraba confianza en el progreso científico con una mirada crítica. Reconocía que la tecnología puede ofrecer soluciones decisivas, pero advertía que sin acuerdos internacionales, límites éticos y una gestión responsable, esos mismos avances podrían agravar las amenazas existentes. La inteligencia artificial era, para él, un ejemplo claro de ese doble potencial.

El mensaje de Hawking trascendió el ámbito académico y apeló a una responsabilidad colectiva. Al proponer reducir los riesgos en la Tierra y, al mismo tiempo, desarrollar una presencia humana sostenible en el espacio, trazó una orientación de largo plazo. Su llamado combinaba urgencia y esperanza: el futuro aún puede construirse, siempre que la ciencia y la sociedad actúen con previsión y cooperación.