A pocos minutos de Ámsterdam, en la tranquila localidad de Weesp, existe un lugar que a primera vista parece un pueblo como cualquier otro. Tiene calles, plazas, restaurantes, supermercados, peluquerías e incluso espacios para disfrutar actividades sociales. Sin embargo, detrás de esa apariencia cotidiana se encuentra uno de los proyectos más innovadores del mundo para el cuidado de personas con alzhéimer y otras formas de demencia avanzada.
Se trata de Hogeweyk, una comunidad especialmente diseñada para ofrecer a sus habitantes una vida lo más parecida posible a la que llevaban antes del diagnóstico. En lugar de funcionar como una residencia geriátrica tradicional, este complejo busca mantener la autonomía, la dignidad y la sensación de normalidad de quienes viven allí.
Los habitantes pueden caminar libremente por el recinto, hacer compras, visitar cafeterías o compartir con otras personas sin preocuparse por el dinero, ya que todas las transacciones son administradas internamente y los gastos son cubiertos por sus familiares.
La idea es que mantengan rutinas familiares que les permitan conservar habilidades y reducir el impacto emocional de la enfermedad.
La transformación de este modelo comenzó en el año 1993, cuando una residencia pública decidió cambiar por completo su enfoque de atención. Una de las primeras medidas fue adaptar las cocinas para que los residentes participaran en la preparación de sus alimentos, recuperando actividades del día a día que fortalecieran su independencia.
Según los fundadores del proyecto, estos cambios permitieron disminuir significativamente los niveles de estrés de los pacientes. Como consecuencia, también se redujo la necesidad de administrar mayores dosis de medicamentos, mejorando la calidad de vida de los residentes.
A día de hoy, Hogeweyk ocupa un terreno de 15.000 metros cuadrados y tiene a 168 personas distribuidas en 27 viviendas, donde conviven en grupos pequeños de seis o siete residentes.
Médicos, enfermeros, psicólogos y trabajadores sociales no utilizan uniformes, sino que se integran como vecinos o empleados de los distintos lugares para brindar atención de manera discreta.
La filosofía del complejo parte de una idea sencilla: conservar la vida cotidiana durante el mayor tiempo posible puede ayudar a volver un poco más lento el avance del deterioro cognitivo.
Gracias a sus resultados, Hogeweyk ha sido reconocido internacionalmente como un modelo transformador e inspiró proyectos similares en países como Canadá, Francia, Australia, Noruega, Nueva Zelanda e Italia para mejorar la atención de pacientes.