Hay una fecha que ya muchos amantes de la astronomía y viajeros tienen marcada en el calendario, el 12 de agosto de 2026, pues ese día se va a dar un eclipse solar total que no se veía en el suroeste de Europa desde el año 1912, y ya hay un pueblo que se convierte en el lugar ideal para vivirlo: Lastres, un pequeño municipio ubicado en la costa oriental de Asturias, en el norte de España.
Con apenas 1.951 habitantes y una ubicación privilegiada sobre el mar Cantábrico, Lastres reúne todo lo que se necesita para disfrutar al máximo de este fenómeno astronómico que conquista a muchas personas en todo el mundo.
Su posición elevada frente al mar, la baja contaminación de luces de la zona y su orientación hacia el oeste son los factores clave que lo convierten en uno de los mejores puntos de observación de toda España. El eclipse ocurre al atardecer, así que esa orientación no es un detalle de menor importancia, pues maximiza la visibilidad del eclipse en el momento justo.
Sin embargo, Lastres no es solo un mirador para eclipses. Es un pueblo con historia, con carácter y con una identidad marinera que se respira en cada una de sus calles empedradas.
Las casas colgadas sobre el mar forman un paisaje digno de una postal, con vistas panorámicas al horizonte azul y al verde de la Sierra del Sueve. Además, el ritmo del lugar es pausado, marcado por el vaivén del puerto y el olor a la brisa marina que lo impregna todo.
En cuanto a la historia de este pueblo, su vínculo con el mar viene de lejos. En la época romana ya funcionaba como un lugar comercial, y en el siglo XVI vivió su época dorada con la pesca de ballenas.
Después vino la captura de sardinas, bonito y merluza, actividades que todavía hoy le dan vida al puerto local. Ese legado histórico se reconoce en varios de los títulos que tiene: Pueblo Ejemplar de Asturias en 2010 y miembro de la red de los Pueblos Más Bonitos de España desde 2014.
El centro histórico, declarado Bien de Interés Cultural, tiene nueve palacios blasonados o residencias señoriales, iglesias, capillas del siglo XVII y XVIII. La Iglesia de Santa María de Sábada, la Torre del Reloj del siglo XV y la Capilla de San Roque, que también funciona como mirador natural, son paradas obligadas para cualquier visita.
Además de su historia y estructura que conquista y enamora, la gastronomía local no decepciona: merluza, bonito, percebes, fabada asturiana y cachopo esperan en los establecimientos del puerto.