En el municipio de Bello, al norte del Valle de Aburrá, existe un lugar que cada vez despierta más curiosidad entre los amantes de la naturaleza y en senderismo. Se trata del Cerro Quitasol, un emblemático punto en la zona que, además de dominar el paisaje del lugar, es conocido por ofrecer un espectáculo poco común, pues desde su cima, en determinadas condiciones, es posible observar cómo el sol se oculta mientras la luna comienza a aparecer en el horizonte.

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Este paisaje natural se ha convertido en uno de los principales atractivos del municipio, no solo por sus panorámicas sino también por la experiencia que representa para quienes disfrutan de las caminatas bastante exigentes.

El recorrido atraviesa senderos rodeados de mucha vegetación y les permite a los turistas descubrir la riqueza natural que hace popular a esta montaña.

Sin embargo, el Cerro Quitasol también guarda una historia que va mucho más allá de sus paisajes. En sus laderas todavía hay rastros del antiguo camino de piedra construido por los aburráes de Niquía, una comunidad indígena liderada por el Cacique Niquía.

Esta ruta evidencia los conocimientos de ingeniería y adaptación al terreno que desarrollaron los habitantes precolombinos mucho antes de la llegada de los conquistadores.

El recorrido por este sendero representa un viaje al pasado, pues conserva parte del legado histórico de los primeros pobladores del Valle de Aburrá.

Para muchos visitantes, conocer estos caminos añade un valor especial a la experiencia, al combinar naturaleza, historia y cultura en un mismo destino.

Pese a su importancia, el cerro enfrenta amenazas constantes. El hecho de que se esté expandiendo de forma urbana en sectores cercanos ha causado preocupación entre habitantes y autoridades ambientales, debido a los incendios forestales que se han registrado en diferentes ocasiones.

Según reportes locales, varios de estos eventos habrían sido provocados para facilitar futuros desarrollos urbanísticos, afectando así la vegetación, la fauna y las fuentes hídricas que nacen en la montaña.

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Las caminatas nocturnas también han ganado popularidad porque permiten contemplar las luces del Valle de aburrá desde un mirados privilegiado. Quienes llegan hasta la cima destacan que la tranquilidad del lugar contrasta con el movimiento de la ciudad.

La invitación de expertos y defensores ambientales es proteger este patrimonio natural e histórico para garantizar que las futuras generaciones también puedan disfrutar de uno de los cerros más representativos de Antioquia.