La glucosa es una de las principales fuentes de energía para el cuerpo humano. Esta puede ingresar como células en el organismo a través de la insulina, una hormona producida por el páncreas.

“Su cuerpo descompone la mayor parte de los alimentos que come en azúcar (también llamada glucosa) y los libera en el torrente sanguíneo. El páncreas produce una hormona llamada insulina, que actúa como una llave que permite que el azúcar en la sangre entre a las células del cuerpo para que estas la usen como energía”, explican los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

Cuando hay niveles elevados de glucosa en la sangre se puede desarrollar diabetes. Esta es una enfermedad crónica que afecta la manera en la que el organismo convierte el azúcar en energía.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud “El número de personas con diabetes pasó de 108 millones en 1980 a 422 millones en 2014. La prevalencia de esta enfermedad ha venido aumentando más rápidamente en los países de renta baja y de renta mediana que en los de renta elevada”.

Cuando no se siguen las recomendaciones médicas y se inicia un tratamiento oportuno, la diabetes puede causar ceguera, insuficiencia renal, accidente cerebrovascular, entre otras complicaciones de salud, que pueden poner en riesgo la vida de las personas.

Medline Plus, sitio web de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos señala que la diabetes más común en los niños era la tipo 1, conocida como “diabetes juvenil”. Sin embargo, actualmente hay más personas jóvenes con diabetes tipo 2.

Existen tres tipos de diabetes. La tipo 1, que se caracteriza por ser la menos común, se puede presentar en cualquier edad (niños, jóvenes y adultos) y sucede cuando hay producción deficiente de insulina o la hay en cantidades mínimas. La de tipo 2, es la más común y sus síntomas son silenciosos, por lo que algunas personas no saben que padecen la enfermedad y aumenta el riesgo de complicaciones en su estado de salud. Y por último, la diabetes gestacional que, como su nombre lo indica, sucede durante el embarazo y aumenta las complicaciones durante el parto; además de que incrementa el riesgo de que la madre y el hijo presenten diabetes de tipo 2 en el futuro.

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Para conocer si un niño tiene diabetes tipo 1 es importante prestar atención a los siguientes síntomas:

  • Aumento de la sed.
  • Orinar con frecuencia, posiblemente mojar la cama en un niño entrenado para ir al baño.
  • Hambre extrema.
  • Pérdida de peso involuntaria.
  • Fatiga.
  • Irritabilidad o cambios de comportamiento.
  • Aliento con olor a fruta.

La diabetes tipo 1 en los niños puede ser una condición de salud compleja de manejar. “El diagnóstico de la diabetes tipo 1 en los niños puede ser abrumador, especialmente al principio. De repente, tú y tu hijo (según su edad) deben aprender a aplicar inyecciones, contar los carbohidratos y controlar el nivel de glucosa en la sangre”, señala Mayo Clinic, entidad sin ánimo de lucro dedicada a la práctica clínica, la educación y la investigación.

Respecto a la diabetes tipo 2, la entidad de salud explica que la enfermedad puede desarrollarse progresivamente sin que que los síntomas sean tan evidentes. Por eso es importante realizar chequeos médicos regulares a los niños. Algunos de los síntomas que los niños pueden presentar incluyen:

  • Aumento de la sed.
  • Micción frecuente.
  • Aumento del hambre.
  • Fatiga.
  • Visión borrosa.
  • Áreas oscuras en la piel, principalmente alrededor del cuello o en las axilas y en la ingle.
  • Pérdida de peso involuntaria, aunque es menos común en los niños con diabetes tipo 2 que en los niños con diabetes tipo 1.
  • Infecciones frecuentes.
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