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| 12/15/2017 12:00:00 AM

Las fiestas de San Pacho, el alma del Chocó

Las tradicionales fiestas de San Pacho se realizan cada año en Quibdó. La Unesco las declaró Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad.

Fiestas de San Pacho en el Choco En 2012 la Unesco declaró las fiestas de San Pacho Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad. Foto: León Darío Peláez

En las fiestas de San Pacho la comunidad expresa su fe y su ancestralidad al ritmo de las chirimías, de la Banda San Francisco de Asís y de las músicas populares. Aunque hay un espacio para la eucaristía, durante las festividades prevalecen el colorido y la elegancia. La población se vuelca a las calles para deleitarse con los desfiles de las comparsas organizadas por los distintos barrios franciscanos de la capital chocoana. El momento de mayor goce comunitario se produce con el ‘revulú’ o ‘bunde’, cuando todos los ahí reunidos danzan libremente al ritmo de la chirimía.

Sobre el río Atrato se realiza la Balsada, la más antigua de las tradiciones del San Pacho, en ella se bendicen sus aguas mientras se baila sobre las canoas. Todas las actividades se desarrollan en un ambiente de alegría festiva. Aquello que era reprimido por la rúbrica de la ortodoxia religiosa europea, ha sido conservado y potenciado principalmente en el último siglo por la comunidad afrochocoana. Estas fiestas son historia, resistencia, religiosidad, ancestralidad, y son el mejor escenario para que Quibdó y sus poblaciones aledañas construyan y reconstruyan esos relatos que tienen raíces africanas. Su valor es tan grande que en 2012 la Unesco declaró las fiestas de San Pacho como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad.

San Francisco de Asís, uno de los santos más venerados en la tradición cristiano-católica es el protagonista de este encuentro que empieza hacia el 20 de septiembre y termina el 5 de octubre. Ya hace mucho tiempo que al santo se le llama de cariño ‘San Pacho’. La tradición ubica el origen de estas fiestas el domingo 4 de octubre de 1648 cuando el franciscano Matías Abad, en compañía de algunos indígenas, improvisó un paseo por el río Atrato con la imagen de su patrono. De este modo se celebró la construcción del templo ubicado justo en el mismo lugar donde ahora se erige la catedral de Quibdó.

El Atrato es fiel testigo de estos siglos de historia. Por sus aguas pasaron cientos de embarcaciones repletas de africanos condenados al trabajo esclavo en las minas. La maquinaria de la Colonia se movía gracias a la esclavitud. Primero se forzó a los indígenas a realizar estas labores, pero, como escribían los cronistas de la época, estos no daban abasto y morían con “relativa” facilidad. Por eso se decidió traer esclavos africanos, a quienes los conquistadores españoles supuestamente salvarían de la tragedia de vivir sin Dios ni ley en su continente.

Por las aguas del Atrato pasaron cientos de embarcaciones con africanos condenados al trabajo como esclavos en las minas. Foto: León Darío Peláez / SEMANA.

El promedio de vida de un esclavo en las Américas no superaba los ocho años. No eran considerados seres humanos, sino ‘piezas’ de un engranaje productivo. Al terminar su ciclo vital simplemente se reemplazaban por otras; de esa manera la civilización seguía su marcha. Ante esta injusticia fueron muy comunes las rebeliones cimarronas a lo largo y ancho del continente.

La declaración de las fiestas de San Pacho como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad también es una invitación a dirigir la mirada a las comunidades de las riberas del Atrato y sus afluentes. El Pacífico es una de las zonas de Colombia donde la violencia se ha sentido con más intensidad en las últimas décadas. La comunidad afro, tan unida a sus ancestros, entiende muy bien que a través de la muerte se continúa haciendo parte de la gran familia extendida en la que todas las generaciones permanecen vivas. Pero también tienen muy claro que las muertes producidas por actos violentos rompen con la armonía de la vida y fracturan el corazón mismo de la comunidad.

El río ha sido herido y continúa recibiendo agresiones. Ahí está la minería que resquebraja las entrañas de la tierra y contamina las fuentes hídricas con mercurio. Pero el Atrato, así como lo hace el pueblo afro, no se deja vencer. Excelente ha sido la labor de quienes insistieron a la Corte Constitucional para que el año pasado declarara esta importante fuente hídrica como “sujeto de derechos”. (De este tema hablamos en la página 12).

En todo este contexto toman una importancia singular las celebraciones de San Pacho, pues sus danzas, oraciones, cantos y músicas son la forma de asumir y prolongar el legado histórico de esta comunidad que, unida con su medioambiente, reclama su autonomía y el legítimo derecho a vivir en paz. En esta medida, el Atrato no es solo un río sino parte integrante del alma chocoana.

*Filósofo.

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