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| 9/30/2019 12:00:00 AM

La apertura del turismo, gracias a la paz

En el Meta el turismo se convirtió en un eje principal y motor de desarrollo económico. Logros y desafíos de una industria en expansión.

Retos del turismo en Meta después de la paz Antes de la firma del acuerdo de paz, en el Meta ya se comenzaba a impulsar el turismo de naturaleza. Foto: Constantino Castelblanco

En la sabana profunda, cuando un dueño de hato mandaba a matar una ternera para amenizar una fiesta, los encargados de hacerlo eran los agregados de la finca. Los mejores cortes eran para los patrones. Los jornaleros, queriendo a su vez comer buena carne, escondían parte de esos tajos para ellos. Los envolvían en hojas de plátano y luego en cuero de vaca. Enterraban los envueltos de carne bajo la tierra en donde prendían la hoguera y preparaban el asado para sus patrones e invitados.

Al terminar la fiesta, la gente se retiraba, los trabajadores desmontaban la parrilla y los perros de la finca, atraídos por el tesoro culinario bajo tierra, husmeaban y escarbaban las brasas y cenizas. Los agregados de la finca sacaban los envueltos de la tierra, con un sabor único dado por el cuero y las hojas de plátano. Así nació, hace más de 50 años, uno de los platos criollos y típicos del Meta: la carne a la perra.

La carne a la perra es ofrecida en el municipio de San Martín y se ha convertido en una delicia para los paladares de los turistas que recorren el departamento. Turistas que pasan por el corredor gastronómico de la vía Restrepo-Cumaral y se deleitan con la tradicional carne a la llanera y con las rosquitas de pan de arroz. Uno de los chefs más conocidos del departamento, Yulián Téllez Yul, el cocinero llanero, ha sido uno de los encargados por la Gobernación del Meta para darles un realce a estos platos criollos y ponerlos a la altura –en estética, técnicas y preparación– de las mejores cocinas del mundo.

Además de la gastronomía, el agroturismo ha ganado un espacio importante en la economía del departamento. En las poblaciones de Acacías y Castilla La Nueva los turistas pueden visitar fincas productivas y tener la experiencia de cómo vive un llanero, cómo siembra, cómo ordeña a las vacas al amanecer, cómo saca el hato a la sabana, cómo lo encierra, cómo cultiva la palma, cómo alimenta a las aves de su finca. El turista experimenta en primera persona qué significa ser un llanero de toro y caballo, qué es eso de cabalgar mientras el sol se hunde en la planicie infinita.

El agroturismo y la gastronomía han estado presentes de manera constante en el crecimiento del Meta. La organización del turismo, en relación con estas dos industrias, se ha fortalecido y lleva más tiempo funcionando que la reciente joya de la corona del departamento: el turismo natural. Por cuenta de la firma del acuerdo de paz, este último se ha posicionado como un motor de desarrollo y poco a poco ha comenzado a formalizarse.

La Gobernación del Meta les apostó a la paz y sus posibilidades –entre ellas el turismo natural– antes de que fuera firmada en noviembre de 2016. En el plan de gobierno de Marcela Amaya y su equipo, se establecieron como principales ejes económicos del departamento el turismo y la agroindustria, por encima de la extracción de hidrocarburos y minerías, con el fin de no depender de estos y de la desfavorable Ley de Regalías. Pero sobre todo, buscando dinamizar y diversificar la economía teniendo como eje la paz.

De esta manera, cuando los acuerdos fueron firmados a finales de 2016, ya existía una plataforma jurídica e institucional planeada y ejecutada por la gobernadora y su equipo, que permitió poner al turismo en la columna vertebral del desarrollo departamental, en especial, desde los lugares de grandes riquezas hídricas que antes fueron golpeados por el conflicto armado, como la región de La Macarena y la región del Ariari.

El director del Instituto de Turismo del Meta, Gustavo Adolfo Jiménez, describe a Caño Cristales en una sola palabra: “Magia”. Por eso la Gobernación del Meta no ahorró esfuerzos en acondicionar a esta maravilla natural para el turismo. “Lo primero que hicimos fueron estudios de capacidad de carga, es decir, investigaciones que determinaron el volumen de gente que podía visitar Caño Cristales. La prioridad es que este destino sea sostenible, que se preserve en el tiempo y que no sea impactado negativamente”.

A través de estos estudios de carga en el Parque Nacional Sierra de La Macarena, se determinó que Caño Cristales es un destino más viable para el segundo semestre del año, es decir, para la temporada de lluvias cuando el nivel de sus aguas está más arriba. De enero a junio, en época de verano, el turismo en el parque se hace preferiblemente en la zona de Raudal de Angosturas 1, en donde se pesca, se hace avistamiento de aves, senderismo y se visitan pictogramas.

La Gobernación del Meta ejecutó una obra de ingeniería liviana en Caño Cristales, logrando una inversión de 3.400 millones de pesos en asocio con Fontur y el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, con los cuales se construyeron puentes, escalinatas, señalizaciones interpretativas y direccionales y otras adecuaciones pertinentes. El 35 por ciento de las personas que visitan La Macarena son adultos mayores.

También lea: ¿Cómo está ayudando el posconflicto al turismo en Colombia?

Desde el Instituto de Turismo del Meta también se acompañaron y estimularon las cadenas productivas en La Macarena, promoviendo la asociatividad. Esto significa que las asociaciones de canoeros, restaurantes, asaderos, folclor, hotelera y otras asociaciones trabajan de manera integrada en prestar los servicios turísticos que requiere el alto flujo de visitantes. Con este modelo, en el cual participan varios eslabones, se genera riqueza y tan solo en La Macarena se benefician 520 familias. Esta Mesa Ruta Sierra de La Macarena ganó el Premio de Alta Gerencia a la Gestión Pública.

La experiencia y el éxito de La Macarena están siendo replicados en otras zonas del Meta en donde se está formalizando el turismo natural, como en la región del Ariari, en especial en los municipios de Mesetas, Lejanías y Uribe, los cuales cuentan con ríos de belleza exuberante como el Güejar y el Guape. Cañones, caídas de agua y caños propicios para la práctica del rafting y el tubbing, están generando empleo y riqueza en cada una de estas regiones.

“El objetivo de la Gobernación del Meta es formalizar a los colectivos productivos e integrarlos como hicimos en La Macarena acompañándolos, invitándolos a legalizarse, a sacar registros, a capacitarse. Si aun así no se formalizan, toca aplicar sanciones”, explica Gustavo Jiménez, director del Instituto de Turismo y agrega: “La formalización de los operadores locales es clave porque abre las puertas del mundo. Estuvimos hace poco en la Feria de Turismo de Berlín y quedaron fascinados con lo que tenemos. Nos vienen a visitar 15 operadores mayoristas alemanes con el fin de promover el turismo del Meta en Europa. Si nuestros operadores locales están formalizados y legalizados tienen grandes oportunidades de negocios con el mundo entero”.

Jefferson Oliveros Roa, 31 años, es oriundo de Mesetas y lidera un emprendimiento de rafting y tubbing en su municipio. Oliveros y su equipo están en proceso de formalización y quieren lograrla cuanto antes. “Yo crecí en el campo rodeado de estos ríos, de estas cuevas, de estos miradores y atardeceres. Para mí eran algo normal. Algo muy bonito, sí, pero normal”, confiesa este hombre, quien además es concejal de Mesetas.

“Cuando avanzaron los diálogos de paz y los operadores turísticos de afuera llegaron al río, me di cuenta de que teníamos un tesoro enorme que no habíamos sabido aprovechar. Ahí me propuse aprender cómo hacer canotaje, cómo sacarle provecho a nuestra naturaleza y con mi socio compramos dos balsas a un promotor de San Gil, Santander, pagamos unas clases con un docente de allá mismo e iniciamos esta aventura”, señala Oliveros, quien reconoce que, “hay un proceso de formalización promovido por la Gobernación con el que estamos cumpliendo a cabalidad, y el que esperamos terminar pronto. Mi sueño es que nuestra empresa se posicione como una de las más importantes del turismo natural en el Meta”, concluye Oliveros.

Las Malocas

En septiembre de 2017, en un gesto de apoyo definitivo y de resonancia mundial con la firma de la paz, el papa Francisco visitó a Colombia y una de las ciudades que hizo parte de su itinerario fue Villavicencio. En el coliseo del Parque Las Malocas, Francisco se encontró con víctimas y victimarios del conflicto armado con el fin de escuchar sus historias y dejar un mensaje reflexivo que trascendiera el odio, la venganza y el rencor; un mensaje de amor, paz y perdón a través del pronunciamiento de la Oración por la Reconciliación Nacional.

Desde aquel 8 de septiembre, el Parque Las Malocas se convirtió en un símbolo de paz en el departamento del Meta. En sus instalaciones funciona el Museo Maloca Papa Francisco, el cual ostenta un atractivo foto museo que es amenizado por los coros y arreglos de música llanera que sonaron en la misa papal. También se puede visitar el oratorio, la cama y el mobiliario donde su santidad descansó después de almorzar. Se encuentran allí el papamóvil y varias impresiones de carteles, boletas y otros artículos relacionados con la visita del sumo pontífice.

El Museo del Papa es único en Colombia y atrae a miles de turistas, los cuales llegan interesados en seguir el paso a paso de la visita de Francisco a esta región de Colombia que se ha transformado por cuenta de la paz. La paz que ha fortalecido el turismo en sus diversas vertientes: gastronómica, cultural, agroturística, natural y espiritual.

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