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| 11/9/2017 12:00:00 AM

¿La nueva cara de Cartagena?

Que la ciudad sea una meca del turismo mundial depende del traslado de su Base Naval. ¿Está el país a la altura del proyecto?

Las oportunidades turisticas que habrian en Cartagena con el traslado de la Base Naval Para Alejandro Santos, director de Revista SEMANA, "la gran pregunta es si nuestra clase dirigente colombiana está a la altura de un proyecto de esta magnitud". Foto: Héctor Rico

Los vientos judiciales que soplan por La Heroica han dejado nuevamente al banquillo a la política cartagenera. Más allá de los pormenores de los expedientes, preocupa que en los momentos en que se va a tomar quizá la decisión más importante sobre el futuro de la ciudad, la política esté acorralada y los empresarios expectantes.

Porque si algo necesita el megaproyecto de traslado de la Base Naval –y que libera 32 hectáreas en el corazón de Cartagena– es buena política para darles legitimidad al proceso, a inversionistas, a empresas dispuestas a apostarle al futuro de la ciudad y a una ciudadanía que no puede ser una convidada de piedra.

Y no es para menos. Lo que está en juego permitiría hacer el proyecto turístico más grande de Colombia (y uno de los más importantes del Caribe), con museos, terminal de cruceros, zonas verdes, parque de diversiones; una oportunidad de renovación urbana para edificar nuevos proyectos de vivienda y aliviar el problema del tráfico vehicular.

Para que esta iniciativa sea viable, lo primero que tiene que quedar claro es dónde estará ubicada la nueva Base Naval. Es evidente que en el lugar en que se encuentra hoy se ha convertido en un tapón para el desarrollo de la ciudad, pero también es claro su valor emblemático para los cartageneros y la indispensable ubicación estratégica para su nueva sede. Esta debe ser una base de talla mundial y se han planteado posibilidades en Tierra Bomba y en la entrada a la bahía. Pero el problema es el de siempre en Colombia: la lucha por la tierra.

En las primeras exploraciones han saltado las comunidades, los raizales, se han enarbolado títulos, cédulas reales y han brincado ambientalistas. Así que el futuro de Cartagena y de su nueva cara dependerá esencialmente de que se encuentre pronto un lugar para la nueva Base Naval. Porque lo que está en juego es, ni más ni menos, convertir a La Heroica en un destino turístico de talla mundial, en el que la magia embriagante del centro histórico pueda convivir con una oferta turística y logística similar a la que vivió Las Vegas en los años sesenta, hoy considerada la meca del entretenimiento y las convenciones en donde antes solo había desierto.

Será tal el impacto de este proyecto turístico y de renovación urbana que se generarían más de 40.000 mil puestos de trabajo y se triplicaría el actual flujo de turistas a la ciudad heroica, lo cual la convertiría, si se hace bien, en el mejor vehículo de movilidad e inclusión social para una de las ciudades más desiguales del país.

Pero para que esto sea una realidad se necesita visión, planeación, trabajo en equipo y carácter para tomar decisiones entre lo público y lo privado, lo nacional y lo local. La gran pregunta es si nuestra clase dirigente colombiana está a la altura de un proyecto de esta magnitud.

*Director de Revista SEMANA.

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