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| 5/28/2016 12:00:00 AM

“Nunca me he preocupado por el éxito”: Mario Mendoza

El escritor bogotano, cuyas libros estuvieron en furor en la pasada Filbo, dialogó con SEMANA sobre el ego de los escritores, la crítica y la convulsa sociedad que describe en su obra.

A Mario Mendoza no le preocupa el éxito Foto: Camila Reina

SEMANA: Usted es de los escritores colombianos más vendidos, ¿a qué se debe ese éxito?

Mario Mendoza: Nunca me he preocupado por el éxito. Es una palabra llena de trampas. Quizás la obra ha dado en el blanco de una época turbia, siniestra y sumamente cruel. Estamos extraviados desde hace tiempo, sin brújula, sin proyecto, dando tumbos en la oscuridad, pero nadie quiere reconocerlo.

SEMANA: ¿Lo afectan las opiniones negativas de los críticos literarios?

M.M.: En absoluto. Una crítica inteligente ilumina mucho el camino. Lo que disgusta son las críticas irrespetuosas hechas por comentaristas venenosos que quisieron ser escritores y no lo lograron, críticas atravesadas por poses elitistas de pseudo-intelectuales que se creen con el derecho de juzgar el trabajo de sus colegas y contemporáneos. Ese ego henchido del escritor envidioso y resentido que se hace pasar por crítico es el que no soportamos ninguno de los escritores profesionales.

SEMANA: ¿Por qué el público joven se siente tan identificado con sus historias?

M.M.: Creo que se identifican con una literatura contestataria que viaja por los bordes de una sociedad corrompida, sucia e hipócrita. Están cansados, justamente, de esa pose de ‘literatura culta’, almibarada y edulcorada que tanto patrocinan las élites.

SEMANA: ¿Siente que algunos de sus colegas colombianos lo miran por encima del hombro?

M.M.: No lo creo. Lo que sí puede pasar es que en Colombia, como en el resto de América Latina, el escritor tiende a ser capturado por una élite que lo adopta como uno de los suyos. Y yo me he negado siempre a ingresar en esa élite. Es una cuestión de ética profesional. Y esa posición puede disgustar a los que sí creen pertenecer a esa casta de elegidos. Una de las causas de nuestra violencia es que no nos mezclamos. Nos relacionamos en nuestro mismo estrato o hacia arriba. Nuestros amigos, nuestras parejas, nuestros colegas son de nuestra misma clase social o de una superior. Nadie baja de estrato. Todo el mundo quiere trepar. En eso nos entrenaron muy bien las clases dirigentes. Por eso el problema no es firmar la paz en La Habana. El verdadero problema va a ser reeducar a esa casta de privilegiados para que aprendan a salir del feudo.

SEMANA: Usted trata de interactuar constantemente con sus lectores, ¿por qué es importante ese contacto?

M.M.: Porque segregar culturalmente ha sido una constante en nuestra tradición. Cuando el artista acepta el abrazo de esa élite todopoderosa, enseguida empieza a alejarse de los otros. Sencillamente, los otros no existen, no le interesan. A mí sí. Crear lectores me parece un trabajo de base fundamental en un país como el nuestro. Es una forma de resistencia civil.

SEMANA: ¿Por qué su interés en escribir sobre personas marginales, oscuras y deprimidas?

M.M.: Porque hoy en día la enorme mayoría, la gente del común, estamos caminando por una cornisa, haciendo equilibrio para no caernos en un agujero negro, al borde de nuestros propios precipicios. Hoy en día la enorme mayoría estamos al margen, a oscuras y deprimidos.

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