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| 11/1/1982 12:00:00 AM

EL AVENTURERO Y LA PROSTITUTA

Con un recurso, el viaje el realizador Martín Ritt une las vidas de los dos protagonistas, para dar su visión crítica de Norteamerica.

EL AVENTURERO Y LA PROSTITUTA EL AVENTURERO Y LA PROSTITUTA
Amy Post (Sally Field) y Elmort Pratt (Tommy Lee) viajan del este al oeste. Su itinerario comenzó en Mobile, el puerto principal del Estado de Alabama sobre el golfo de México, y terminará, si algún día llegan, en Los Angeles. Los caminantes que hacen camino al andar, como en el poema de Machado, tienen una larga historia dentro de nuestra cultura. Desde Ulises tratando de llegar a Itaca, hasta cualguiera de los protagonistas de películas como "Harry y Tonto" de Mazursky "Easy Riders" de Hooper o "Un hombre con suerte" de Anderson. En ellas, el viaje no es solamente un recurso formal de la composición narrativa, sino que a la vez contiene en sí mismo una visión bastante vital del mundo que atraviesa el viajero. Este recurso ha sido tomado una vez más por Martin Ritt, director norteamericano que ha mostrado ciertas dotes para la observación realista y sociológica, en su última película "Dos en el camino".
La composición narrativa de "Dos en el camino" tiene lugar por la adición de cuadros, desprovistos de trama propiamente dicha, y sólo externamente unidos por la travesía de los dos protagonistas. Uno de ellos, de nombre Amy, es una prostituta que anhela convertirse en manicurista de algún salón de belleza en Los Angeles. El otro, Elmor, es un desempleado para quien probar fortuna en el otro extremo del país se le convierte en algo esperanzador. La historia de su viaje se inicia en un bar de Mobile, en el cual Elmor le propone a Amy que pase la noche con él. Acordado el precio se van a la cama y allí Elmor le comunica que no tiene un centavo. Iracunda, Amy sale nuevamente a la calle, llena de prostitutas a lo largo del andén, en busca de otro cliente.
A lo largo de esta introducción, Ritt, con su mirada de sociólogo y no poca sensibilidad, ha ido mostrando la atmósfera en que viven los personajes: habitaciones lúgubres, calles poco iluminadas, bares y hoteluchos iluminados con bombillos rojos o azules, lugares estos en los que se respira un ambiente de cautiverio. Amy aparece allí como prisionera, atrapada entre la calle y el cuarto donde recibe a los clientes. Esta caracterización hará que el viaje que inicia se presente como un momento liberador.
En compañía de Elmor, con quien comienza a hacer amistad después del disgusto que le había causado la noche anterior, inicia su travesía. Una familia que va de paseo en una camioneta los recoge en la carretera. Durante el trayecto el padre, con la aprobación constante de la madre, habla de la importancia de la familia y de los buenos valores que hay que inculcarle a los hijos. La suya, según él, es una familia modelo. Al bajarse del vehículo, Amy descubre que uno de los hijos del señor le ha robado todo el dinero que llevaba en su cartera. Sucesos como este ocurren,.uno tras otro a lo largo del recorrido, lo cual le permite a Ritt lanzar una mirada crítica sobre tópicos específicos del ambiente sureño norteamericano. El viaje solo ha comenzado.
Más tarde aparecerán los marinos que intentan seducir a Amy creyendo que es una modelo que viaja en compañía de su primo; el nostálgico intento de subir como polizontes en un tren en marcha; la oposición que encuentra Amy en un pueblo de Texas, cuando intenta ejercer su profesión y se da cuenta de que el negocio allí tiene sus reglas; Elmor vendiendo su sangre en un hospital, para conseguir algunos pesos o subiéndose a un ring, así le destrocen la cara, con tal de ganarse otros tantos. Cada uno de estos hechos es un pequeño cuadro típico protagonizado por personajes también típicos, que expresan el modo personal de vivir y entender el mundo de los norteamericanos. Ese particular modo de ser del que Piero nos habla en una de sus canciones.
Ahora, por obra y gracia de Martin Ritt, se sabe un poco más de los EE. UU. Se sabe quiénes fueron Washington. Lincoln. Búfalo Bill o Joe Dimaggio. O quiénes son ahora Reagan y Kissinger. Sabemos de su tradición y de su cultura, del Pentágono y de la CIA, de sus grandes compañías cinematográficas y petrolíferas. Se sabe también de sus habitantes y de cómo estos con tesón sin igual forjaron "América". Se sabe, en fin, tal cantidad de cosas que cualquier ciudadano de cualquier país subdesarrollado sería perfectamente capaz de orientarse en ese enorme país sin necesidad de hacer preguntas a cada momento y sin ningún temor a evidenciar su condición de turista desconocedor de las costumbres, la lengua y el paisaje.
Rafael Parra Grondona.

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