Quizá Michael Hart, el creador del Proyecto Gutenberg (que en 1971 digitalizó la primera Biblia), hoy sonreiría al ver que los amantes del libro de papel están pensando que sus bibliotecas son imposibles de sostener en los tiempos que corren. Porque la revolución, para muchos de ellos, ha llegado.
Una revolución cuyo progreso ha preocupado a muchos y encendido debates a lo largo y ancho del mundo desde cuando, en 1990, Internet se convirtió en una realidad. Una revolución que toma forma en un pequeño aparato de unos 18 centímetros de largo por 10 de ancho, que costará pedido por Internet unos 259 dólares y que desde el pasado miércoles ya se comercializa en Colombia, con la posibilidad de descargar cualquier libro electrónico del catálogo de Amazon. Una revolución, además, que permitirá sortear la distribución de libros en Latinoamérica, uno de los cuellos de botella a los que se ha visto enfrentado el mercado editorial desde hace décadas.
Una revolución, en fin, que incluye por ahora un catálogo de unos 200.000 libros en inglés, algunos cuantos en español, diarios y revistas del mundo entero, y que promete avanzar a pasos agigantados por dos noticias que se produjeron en la feria del libro de Frankfurt, la más importante del mundo en negocios editoriales. De un lado, el lanzamiento comercial del mencionado Kindle en más de 100 países, y por el otro, el anuncio del enorme buscador Google de que a partir de 2010 se meterá en el negocio de vender libros para cualquier dispositivo electrónico a través de Google Editions, con unas 500.000 obras.
El sondeo
De 50 personas, entre escritores, libreros, editores y periodistas, 22 contestaron que sí comenzarían a construir su biblioteca en Kindle, en desmedro de los libros de papel. El resultado no deja de ser sorpresivo, pues muchos supondrían que la gente del medio de los impresos se opone a la tecnología. Para el economista Salomón Kalmanovitz la razón de hacerlo es "la facilidad de acceso, el menor precio por el ahorro de papel, la oferta creciente de títulos, necesidad de menos espacio en mi biblioteca". En el mismo sentido, el escritor Héctor Abad piensa que "tarde o temprano regalaré mis demasiados libros y seguiré leyendo en pantalla. No necesariamente en Kindle, sino en cualquier soporte".
Las razones por el sí, en general, apelan a la portabilidad, los problemas de espacio de las bibliotecas y sobre todo, el acceso a medios, libros, y documentos que, de no ser por Internet, jamás se podrían leer a menos que se asumieran altísimos costos de transporte de libros en papel. Mientras un libro de bolsillo en Amazon puede costar unos 15 dólares en promedio, y su traída otro tanto, Kindle y sus competidores creen que el precio de los libros electrónicos no excederá 10 dólares. Pero hay motivos más literarios, por decirlo de alguna manera. Para el escritor barranqueño Nahum Montt, "es lo más parecido a tener un Aleph, un dispositivo mágico donde caben muchos, muchos textos al alcance de un clic". O la directora de la Biblioteca Nacional de Colombia, Ana Roda, quien dice: "Supongo que a la vuelta de unos años habremos aceptado y estaremos encontrándole las ventajas a esta nueva tecnología, como nos ha pasado ya con Internet".
No es no
Aunque algo más de la mitad de quienes respondieron a SEMANA dijeron que no, y sus motivos siguen siendo sentimentales, hay quienes creen que el libro electrónico no ha llegado a su desarrollo completo como para creer que pueda competirle al papel. En ese sentido, Alejandro Martín, de la biblioteca virtual de la Biblioteca Luis Ángel Arango, opina que "Kindle tiene un sistema muy restrictivo que no permite leer libros en todos los formatos y privilegia de modo muy marcado los libros comprados en Amazon". Otros, como el escritor manizaleño Orlando Mejía Rivera, quienes ya han probado algunos libros electrónicos, apuntan que "hace seis meses compré el PR S 700 de Sony y me pareció un desastre visual. Falta mucho para que hagan un modelo que compita con los libros de tinta y papel".
Entre las respuestas más comunes para resistirse al libro electrónico está la obstinación a dejar el libro de papel de la noche a la mañana. En ese sentido, el escritor colombiano Evelio Rosero dice que "es irreemplazable, es como otra piel, viva, cálida, prolongación mutua del autor y del lector". Y la periodista Pía Barragán parece ir más allá: "Mi biblioteca representa la geografía de mis 44 años. Contiene todos sus accidentes, amores, torpezas, pasiones, aprendizajes y obsesiones". Mientras que para escritores como Juan Gabriel Vásquez, los motivos son más técnicos, si se quiere: "No quiero que mi biblioteca se dañe si le cae agua, o si alguien se sienta encima, o si le entra arena. No quiero que se vuelva obsoleta cada vez que a los señores fabricantes les dé por sacar una 'nueva generación'. Me parece que el libro, como la rueda, nació perfecto, el pobre".
Complementarios
Parece que, de todos modos, hay una opinión generalizada entre los encuestados por no satanizar el libro electrónico ni entronizar el libro de papel, pues en medio de la globalización se requieren competencias para navegar tanto entre la tinta impresa como en las pantallas digitales. Por eso muchos abogan por no definirse dentro de un solo esquema. Entre ellos, la directora de la Biblioteca Luis Ángel Arango, Ángela Pérez, y el periodista Daniel Samper Pizano: "En ningún caso dejaré de agregar y leer libros impresos. Es interesante el Kindle como complemento, sobre todo para buscar unidades en un texto (palabras, párrafos, capítulos), pero jamás reemplazaré mi biblioteca por este útil fantasma del que pueden
desaparecer archivos cuando alguien mueve un botón en una estación central". Y el historiador y académico Eduardo Posada Carbó: "Aún no lo sé. Ciertamente no reemplazaría la biblioteca con el Kindle, pero no creo que se excluyan". O como dice Isadora de Norden, ex directora del Cerlalc, recogiendo a Woody Allen, ni sí ni no, sino todo lo contrario: "Mi respuesta no es ni sí, ni no: el placer de leer un libro en una bonita edición o el de tener un libro de bolsillo para leer en la cama, no lo cambio por nada . Pero acepto que el Kindle ofrece posibilidades muy interesantes".
Así, entre la indecisión, los sí tajantes y los no definitivos, y aún sin tener certezas de cómo se utilizará, funcionará o se adaptará el libro electrónico en un país con muy bajos índices de lectura, lo que sí parece claro es que todos los encuestados por SEMANA están a la expectativa de si se cumple o no la profecía pronunciada en el año 71 por Hart cuando lanzó la idea de su proyecto Guttenberg: "Consideramos el texto electrónico como un nuevo medio de comunicación, sin verdadera relación con el papel. La única semejanza es que distribuimos las mismas obras, pero en cuanto la gente se haya acostumbrado, no veo cómo el papel aún podría competir con el texto electrónico". Vea aquí los resultados.
Sondeo
¿El papel aguanta todo?
Semana les preguntó a 50 intelectuales colombianos si desde este momento, con la llegada del dispositivo Kindle a Colombia, comenzarían a usarlo y a dejar de comprar libros impresos. Aquí, el sorpresivo resultado.
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23 de octubre de 2009 a las 7:00 p. m.
