MÚSICA

La herencia de Mercedes?

Con la muerte de la cantora argentina se cierra una era de la canción social en América Latina. Pero ¿vive aún el espíritu de su voz? SEMANA habló con Fito Páez, Liliana Herrero y Jorge Drexler.

GoogleSiga todas las noticias de la cultura en Discover, manténgase al día con las novedades

9 de octubre de 2009 a las 7:00 p. m.
Hasta el pasado mes de agosto Mercedes Sosa dio recitales en Buenos Aires. Su estado de salud se agravó el 18 de septiembre cuando fue internada en el hospital donde murió el  primero de octubre pasado
Hasta el pasado mes de agosto Mercedes Sosa dio recitales en Buenos Aires. Su estado de salud se agravó el 18 de septiembre cuando fue internada en el hospital donde murió el primero de octubre pasado

Quizás un lector menor de 20 años no entienda el significado de la muerte de Mercedes Sosa, el pasado domingo primero de octubre, en Buenos Aires, a los 74 años. Y no lo entiende porque tal vez sus padres jamás escucharon de manera insistente y repetida a la 'Negra', esa mujer que fue mucho más que una voz de los sin voz: fue una manera de unir a un continente que vivió dictaduras y represión en los años 70, cuando "se levantaban los estudiantes". Acaso una manera de entenderlo sería pensando en que muchas de las canciones que hoy se escuchan en la radio, con algún mensaje social, tienen su fundamento en cantantes como Sosa. Sus canciones se convirtieron en la educación sentimental para una generación que reclamó cambios en el mundo.

Después de la Revolución Cubana, en 1959, muchos miraron hacia América Latina como un subcontinente en donde todo estaba por construir. La solidaridad de intelectuales, cantantes, escritores y artistas del mundo entero con los movimientos de liberación nacional fue una consigna generacional entre cuyos íconos está Haydée Mercedes Sosa. Ella, una tucumana nacida el 9 de julio de 1935 en esa provincia al norte de la Capital Federal no había llegado a ese lugar, sin embargo, de manera gratuita.

Su carrera comenzó en los años 50, bajo el seudónimo de Gladys Osorio. Y una década más tarde, en 1965, cuando se respiraban vientos de cambio ella se convirtió en una suerte de estandarte del movimiento Nuevo Cancionero, en el Festival Cosquín de ese año, gracias a la invitación del cantante Jorge Lafrune. Junto a su esposo, Manuel Óscar Matus, se encargó de recuperar los aires folclóricos de los indígenas y campesinos argentinos, para fundirlos con letras de escritores como Ernesto Sabato (Romance de Juan Lavalle), poetas como Víctor Jara y cantantes como Violeta Parra (Gracias a la vida). Rápidamente ese movimiento se convirtió en una manera de reivindicar a los olvidados, como llamó Luis Buñuel a esas hordas que no contaban para los gobernantes de América Latina.

Con la llegada de los tiempos duros, en una Argentina dividida por cuenta del ascenso del general Juan Domingo Perón, en 1974, su posterior fallecimiento un año más tarde y la caída de Isabel Perón en 1976, orquestada por una junta militar, cantantes como Sosa se convirtieron en voces incómodas que, como cientos de escritores, músicos, artistas e intelectuales terminaron en el exilio. En 1979, Sosa se marchó a París que, en ese entonces, se llenó de latinoamericanos que huían de los regímenes militares del Cono Sur.

En París, en los teatros d'Orsay y de la Ville, los europeos la descubrieron "inmóvil, cubierta con un poncho de colores vivos, acompañada de un bombo. Su presencia, casi chamánica, y su voz profunda, casi masculina, de contralto, expresaban el dolor de las gentes de América Latina bajo el régimen militar", como escribió François Xavier-Gómez, en el diario Liberation, en su obituario de esta semana. Después se afincaría en Madrid.

Con la restauración de la democracia bajo el gobierno de Raúl Alfonsín, en diciembre de 1983, muchos pudieron volver, entre ellos Sosa, que desde entonces revitalizó también un movimiento roquero que, desde los 70, había gritado por existir. Por ello, entró en contacto con músicos como León Gieco, Charly García y Fito Páez, con los cuales grabó canciones como Sólo le pido a Dios,Inconsciente colectivo y Yo vengo a ofrecer mi corazón.

Aunque para muchos suene escandaloso, decir que Juanes o Calle 13 puedan ser herederos de Mercedes Sosa no lo es tanto si se tiene en cuenta que actuaciones suyas son los precedentes de las letras comprometidas o de la reunión de artistas por causas como la paz, como es el caso del reciente concierto de Juanes en La Habana. El 21 de diciembre de 1984, después del exilio, Mercedes reunió una multitud hasta entonces inimaginable, en un concierto llamado Corazón Americano que congregó cantantes como el brasileño Milton Nascimento y el argentino Gieco. Por ese tipo de actitudes, ella puede ser considerada una abanderada de los derechos humanos, antes de que éstos se convirtieran en una causa políticamente correcta.

Sin embargo, para argentinos como la periodista Sol Aliverti, la verdadera herencia de Mercedes Sosa está en músicos menos conocidos en Colombia como Liliana Herrero, el mismo Gieco, el dúo Nuevo Cuyo y Teresa Parodi.

Pero quizá las letras con conciencia social, o las actitudes en pro de los derechos humanos, no bastan para encarnar la idea de una cantante quien, como Sosa, era también, si se quiere, una intelectual. En ese sentido, el crítico de música de SEMANA Juan Carlos Garay opina que su verdadera herencia "estaba fuertemente ligada al folclor. Al buscar a los continuadores de su legado habría que pensar en músicos que tengan ese elemento en sus interpretaciones". 

La cantante y filósofa Liliana Herrero, considerada una de las voces fundamentales en la canción argentina, dice que "La única herencia que acepto en relación con Mercedes Sosa es la extraordinaria enseñanza de haber cantado en el vértice justo entre la vida popular y las vanguardias artísticas y políticas de este país. Ella cantó como nadie esa tensión entre su propia voz y el coro de voces que acompañan todas las peripecias colectivas de un país".

A lo mejor, la herencia de Mercedes Sosa está en el aire y en las calles de las ciudades de América Latina como lo dicen unos versos enviados por el cantante uruguayo Jorge Drexler, a su mánager argentina, Jorgela Argañaras:

"Duerme, duerme, Negrita, / que tu voz está en el campo, / en la ciudad, en el canto / rodado de aquel arroyo, / en la almohada en la que apoyo / mi cabeza desvelada, / en mi vaso, en la enramada / y en las radios de los coches./ Tu voz la guarda la noche / muy, pero muy bien guardada".