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- Foto: jorge restrepo

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Las poéticas de pandemia de Juan Manuel Roca

El poeta colombiano Juan Manuel Roca dedicó el encierro a contemplar el gato del vecino que invadía su espacio y a pensar y describir la surreal cotidianidad del mundo. El resultado es una serie de escritos pandémicos llenos de humor negro y una atmósfera distópica.

A Roca no le molestó tanto la repentina aparición de la pandemia. El oficio de la escritura viene con un característico aislamiento al que está acostumbrado, y que disfruta porque es propicio para pensar y dejar fluir la imaginación.

Lo único que no le gustó fue no poder salir a caminar la ciudad. “Yo soy de calle –dice a esta revista–. Me interesa salir y ver lo que les ocurre a los demás”.

Durante buena parte de 2020, el poeta se quedó en su casa leyendo, escribiendo y oyendo música. Del encierro salió la idea de comenzar un diario que iba siendo publicado en el portal web del colectivo español La Vorágine. “Son reflexiones sobre cosas que leía y veía, y sobre esos detalles de la cotidianidad que pasan desapercibidos, pero que con la pandemia se hicieron memorables, maravillosos, como unas apariciones o epifanías. Hablé de la ciudad inspiradora de la soledad, de cómo menguaron los espacios para la vida ciudadana y de la anomalía de vivir una distopía que parecería escrita por Orwell o Camus.

Me pareció que esa especie de diario literario, que no era excesivamente personal, sino que se enfocaba más en la fantasmagoría de lo que estábamos viviendo, era una manera de exorcizar la pandemia”.

El diario de pandemia –publicado recientemente por Verso Libre Editores bajo el título A dos tintas– tiene más de 40 entradas con ensayos y poemas, que con frecuencia echan mano del humor porque no hay mejor manera de sobrellevar una crisis. El domingo 7 de junio, Roca relata una noticia que leyó en El Heraldo y que advertía a los mayores de 70 años, como él, “que con permiso de sus padres vayan a realizar actividades físicas o ejercicios al aire libre (Alcaldía de Santa Marta según decreto 153)”. Luego, el viernes 5 de junio, se pone a poetizar sobre un orzuelo que le salió, y se pregunta “en modo de harakiri si un escritor con orzuelo no podría ser un escritorzuelo”.

Los textos pandémicos de Roca –como sus poemas– no están saturados de sentimientos. Le interesa crear atmósferas con el lenguaje, pintar con palabras. En el poema En La Guajira habla del paisaje de dunas que vio pasar desde una ranchería y de las “mujeres wayús cuyas mantas parecen/veleros de colores extraviados en la arena”. En Biblioteca de ciegos describe cómo “algunos ciegos recorren como a un piano/ los libros, blancos libros que describen”, y “un desbande de palabras entra por las manos/ y hace un dulce viaje hasta el oído”. Y en un apartado del diario titulado La edad sin bronce, cuenta que el día anterior se puso a mirar el gato del vecino que invadía su espacio y “estilaba posiciones distintas como si él mismo cincelara de manera sucesiva una y mil estatuas”.

Roca describe su poesía como un deseo de habitar en el otro, de ser el otro y de conversar con él o con ella. “Desde que a Rimbaud se le ocurrió la frase ‘yo soy otro’, la poesía se despersonalizó. El yo individual que sufre se convirtió en uno colectivo –explica el poeta–. Me interesa encontrarme con cosas que me sorprenden del mundo de afuera y del de adentro, e intentar crear un nexo entre ambos a través de la palabra”.

A dos tintas no solo recopila su diario de pandemia. La segunda mitad es una serie de poemas que rinden homenaje a escritores de su corazón: César Vallejo, Rimbaud, Juan Rulfo y José María Arguedas. “Sentí la necesidad de añadir algo que fuera festejante, y qué mejor que la voz de unos poetas que lo han nutrido a uno tanto. El libro es cara y sello”.

A tan poético festejo se le suma la reciente publicación de su Antología personal (Lumen), que recopila su poesía y la divide en los temas que le han servido de musa a lo largo de su carrera: “Hay poemas sobre Colombia, sus paisajes, su gente y la violencia que vivimos; otros sobre pintura; algunos se adentran en la noche, y los que titulo Los de nadie son de los que más me complace haber escrito”.

Roca ha hecho de la realidad la semilla de su poesía. He aquí un abrebocas:

Fragmento de Rumbo a Comala, escrito el 17 de mayo de 2020

Usted,

don Juan Nepomuceno,

me enseñó

que hay lugares sin mapa,

feudos de Nadie.

Comala es uno,

un reino fantasmal

de huellas sin pisadas.

Fragmento de La cama, escrito el 7 de mayo de 2020

La cama gobierna

el paraíso de la casa.

Sin pedirme

el santo y seña

me abre un sésamo a un país desconocido.

Heráclito y las aguas, escrito el 30 de mayo de 2020

El tiempo permanece atrapado

entre los libros.

Por este prodigio de aprehensión,

Heráclito sigue bañándose

en el mismo río,

en la misma página.

Tú seguirás para siempre

desnuda en mi poema.

Testamento de Rimbaud (Antología personal)

Lejos

de la avaricia del silencio,

lejos

de los ocultos grimorios

y del oro sepultado en la nieve,

lejos

del mercado negro de las traiciones

y de los viajes de inmersión

en los mares del cuerpo,

volver a ser el artesano

que talla una gárgola de Dios.

Fragmento del ensayo Apuntes de un fantasma, escrito el 1 de junio de 2020

Oigo hablar al ministro de Salud, un tipejo que parece que hubieran graduado con anestesia, Fernando Ruiz Gómez. Obediente a un tarado en pleno ejercicio, Iván Duque, jamás se dará cuenta que la palabra más digna que debiera balbucear sería la palabra “renuncio”. No, ellos piden que los adultos mayores o “abuelitos” no salgan, lo cual es un crimen larvado toda vez que si algo necesita un cuerpo viejo en disfunción con un cerebro joven es precisamente una constante movilidad.

Fragmento de Las hipótesis de Nadie (Antología personal)

Puede ser el viento.

La página en blanco. Puede ser.

Puede ser el que viene

Borrado por la lluvia.

Ahora recuerdo a un hombre ciego

una dulce tarde de Friburgo.

Iba solo por la nieve con una sonrisa de beatitud

y un bastón tan blanco como los copos.

Cruzó a mi lado sin verme:

yo era su Nadie,

un fantasma en ese reino luminoso.

Puede ocurrir que seamos los ciegos de Nadie.