C I N E

Malena

Un pueblo italiano, en plena guerra, gira alrededor de un triste movimiento de caderas.

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Ricardo Silva Romero
29 de abril de 2001, 7:00 p. m.

Director: Giuseppe Tornatore

Protagonistas: Monica Bellucci, Giuseppe Sulfaro, Luciano Federico, Matilde Piana, Pietro Notarianni



Podria ser muchas películas. La divertida historia de Renato, un adolescente siciliano que, como el de Amarcord, entra al aterrador universo del sexo. La decepcionante iniciación en el mundo de un infante que, como el de Adiós a los niños, llega a ser testigo de la crueldad, la envidia y la irracionalidad de los seres humanos. El tierno proceso de aprendizaje de un joven que, como los de tantas películas italianas, quiere comprender por qué y para qué ha venido a este planeta. O, también, la tragedia de Malena, una mujer que ha perdido a su esposo en la guerra y se ha quedado completamente sola, con su movimiento de caderas y su cara nostálgica, a merced de hombres que quieren poseerla y mujeres que aspiran a estrangularla en uno de esos pueblos pequeños que en verdad son infiernos grandes.

Podría ser cualquiera de estas películas. Podría ser todas al tiempo. Pero no, no se atreve a ser ninguna. Parece que fuera una versión censurada porque jamás resuelve los relatos que propone. Cuando los torpes descubrimientos sexuales del joven —humorísticos desde afuera, solemnes desde adentro— están a punto de dar comienzo a una historia, la del Renato que haría lo que fuera para reemplazar al esposo de Malena, empieza el conmovedor drama de una viuda que, con su silencio y su dignidad, le enseña a vivir a un adolescente que ha crecido entre la espada del fascismo de su país y la pared del socialismo de su padre. Y justo en el momento en que ese relato intenta funcionar la guerra estalla y —bueno: para no dañarle a nadie la película— el niño descubre que los hombres son capaces de saludar, como si nada, a aquellos que han pisoteado. Entonces todo vuelve a cambiar: arranca la historia de un reencuentro, descubrimos que el protagonista ya no es necesario y sospechamos que, si se hubiera elegido una narración, cualquiera, quizá ni siquiera habría sido el protagonista.

Esto no quiere decir que Malena, como todas las películas de Giuseppe Tornatore, no esté muy bien filmada. No quiere decir que las actuaciones de Monica Bellucci y Giuseppe Sulfaro no sean sugerentes. O que la música de Ennio Morricone, que puede convertir un bodrio en una obra maestra, no sea inolvidable. Quiere decir que divierte y enternece pero que al final, cuando se acaba, se revela como un terrible engaño, una suma de escenas que están diseñadas para impactar y conmover pero que resultan aburridas y artificiosas. Tal vez este relato les guste más a aquellos que cifran todas sus esperanzas en la sensibilidad del cine italiano. Pero hasta ellos reconocerán que Cinema Paradiso siempre será la obra maestra de Giuseppe Tornatore porque, aunque habría podido sufrir los mismos problemas de Malena, sus escenas sí impactan y su final sí funciona y es, quizás, uno de los más conmovedores que puedan experimentarse.