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Acá se fía

Una ‘fintech’ colombiana logró desarrollar un nuevo producto con el que busca convertir a los tenderos en banqueros de su comunidad. Así lo lograron.


En Colombia y el resto de Latinoamérica, casi el 60 % de la población no cuenta con acceso al sistema financiero. Conscientes de ese problema, Imix, una empresa de base tecnológica que lleva 10 años en el mercado ha venido creando soluciones de pagos para democratizar el acceso a servicios financieros. Uno de sus productos consiste en hacer todo lo necesario para que una persona pague el recibo de la luz en la tienda del barrio. “Hacemos esa magia que está detrás de esas transacciones llevando la tecnología financiera habilitante para esas transacciones de pagos a los lugares que frecuenta el usuario”, dice Sandra Rubio, líder de Imix.

En la pandemia, sin embargo, la informalidad creció, muchos perdieron sus empleos y tuvieron que rebuscar cómo encontrar ingresos. Fue entonces cuando esta emprendedora vio otras necesidades como, por ejemplo, la del campesino en zonas rurales apartadas que, para sembrar, necesita tener un capital inicial, pero por no tener acceso a los bancos, por no contar con una historia crediticia, debe acudir a créditos con unos precios muy altos y en malas condiciones con agiotistas o mediante el gota a gota. Esto llevó a que Imix pensara una alternativa, desarrollara un piloto para que otras entidades de inclusión financiera en estas zonas permitieran esos créditos. “La idea era ayudar a los tenderos a fiar en su vecindario”, dice esta economista.

Así nació Acá se fía. Imix puso en marcha dos pilotos: uno en Altos de Jalisco, en México, y el otro en Loja, Ecuador. La idea es ofrecer microcrédito a aquellas personas que viven en zonas rurales o que, a pesar de vivir en las ciudades, se encuentran desatendidas por el sistema financiero. Busca dar oportunidades que solucionen las realidades que “perpetúan su ciclo de pobreza”, dice Sandra.

Ese proyecto fue seleccionado el año pasado por Start Path Empodera, una alianza entre MasterCard y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), cuyo objetivo es generar oportunidades económicas para las mujeres y promover una economía digital más inclusiva en el país mediante el emprendimiento femenino. “La iniciativa de convertir a los tenderos en banqueros de su comunidad nos llamó la atención. Con Start Path Empodera queremos impulsar a esos nuevos jugadores en el sistema financiero, que permitan desarrollar soluciones que atiendan a esas poblaciones que tradicionalmente han estado excluidas”, explica Masayo García, de MasterCard.

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Sandra Rubio, directora de Imix, fintech que creó el proyecto Acá se fía - Foto: cortesia

Para Imix, la experiencia fue enriquecedora, pues de la mano de MasterCard, un gigante de tecnología en la industria global de pagos, la empresa recibió una mentoría que le ayudó a escalar el negocio, a apalancar la propuesta con procesos sofisticados, así como a solucionar obstáculos. “Había cosas que para MasterCard eran muy básicas y para nosotros no. De esta forma, la mentoría nos abrió los ojos y nos abrió puertas”.

Gracias al acompañamiento recibido, el producto de Imix hoy funciona en esos dos países. En Altos de Jalisco, donde vive don Rodolfo, por ejemplo, un cultivador de maíz que compra siempre sus semillas en una tienda de insumos agrícolas, el impacto ha sido enorme. Acudía a una cooperativa en la que le prestaban dinero, pero con la pandemia dejaron de hacerlo, pues la situación económica no se los permitía. Con Acá se fía esa tienda hoy puede darle crédito a este y a muchos otros campesinos para que tengan a tiempo sus semillas e insumos para sus cultivos, con recursos de la cooperativa de la zona, a quien representa en su comunidad. Deben cumplir con unos requisitos mínimos para tramitar su solicitud en una aplicación desarrollada por Imix. Luego de ser aprobada la transacción, don Rodolfo sale con su maíz para cultivar. “Hacemos que esa magia suceda”, dice Sandra.

La magia es la tecnología que conecta procesos digitales financieros con la confianza que tienen en sus comunidades las personas trabajadoras como Don Rodolfo, muchas veces ajenas a los sistemas de información de las entidades financieras tradicionales.

Hacer la magia no fue fácil. Imix entendió que en el agro contar con los insumos es crítico. Si el maíz se siembra después de las lluvias, ya el campesino no obtendrá el 100 % de las ganancias, y estas irán disminuyendo cada día que se demore en arrancar su cultivo. “El agricultor que necesita el crédito tenía que ir cuatro veces a la oficina del pueblo y devolverse mientras mandaba todos los papeles, y pensamos de qué manera podemos hacer para que esto sea más barato para él”.

El proceso de diseño del producto fue arduo, pero con la mentoría recibida de parte de Start Path, el resultado fue un mecanismo sencillo y ágil que permite a estas personas conseguir sus semillas con más facilidad. “El campesino no tiene que ir a firmar ni llevar papeles para aplicar a su crédito. Cuando vende su cosecha, paga”, dice Sandra. Imix se encargó de que a partir de la tecnología todo este proceso fuera posible, incluyendo que el agricultor adicionalmente contara con un microseguro. “Para eso usamos esa confianza que existe en las comunidades con su proveedor habitual agrícola”, dice.

El banco es la aplicación de Imix y el usuario compra las semillas e insumos en su tienda de agroinsumos, con cargo al crédito de la cooperativa vecina, como si fuera una tarjeta de crédito. La tienda le recibe el pago digital para que se lo lleve fiado. Hoy Rubio siente que Acá se fía “debería estar en todas las esquinas”.

Start Path Empodera tiene como objetivo apoyar 40 emprendimientos como este, negocios que cuenten con alto potencial de crecimiento y que sean liderados por mujeres. “Buscamos acelerar a estas mujeres, queremos que con nuestro proceso logren dar un salto en sus emprendimientos. Queremos generar un cambio y abrir camino para que cada vez más mujeres participen y sean exitosas en un mundo financiero y tecnológico que tradicionalmente ha sido dominado por hombres”, dice García.

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Masayo García, directora de Relacionamiento Sector Público en MasterCard. - Foto: Archivo particular

Start Path de MasterCard es un programa global muy exitoso que lleva más de 8 años. Pero en esta oportunidad, por primera vez, se desarrolla enfocado exclusivamente en emprendimientos liderados por mujeres en Colombia y Perú. Este programa de aceleración trabaja con un modelo facilitador, en el que se busca atender las necesidades específicas de cada empresaria, para lo cual se inicia con un diagnóstico y, a partir de este, se desarrolla el proceso de acompañamiento para cada una. “Soy de la primera cohorte, pero el propósito es que más emprendedoras digitales construyan soluciones financieras para audiencias no obvias, no para personas del Parque de la 93″, dice Sandra.

En Latinoamérica, la falta de acceso al sistema financiero es un gran obstáculo en la lucha contra la pobreza. En Colombia las redes de corresponsalía están más desarrolladas. De hecho, Colombia es líder en inclusión en el mundo en países en vías de desarrollo del mundo. Pero, según Rubio, en México el 93 % de los municipios rurales no tienen un punto de acceso al sector financiero, “ni siquiera hay cajero”, dice. Esto implica que la necesidad es enorme y que se requieren más personas para lograr un impacto. “Las mujeres están tratando de hacer ese impacto para cambiar una sociedad que es desigual. Acá se fía es una manera de que así sea, y es de Colombia para el mundo”, dice Rubio.

En Imix dicen que una cosa es estar solos y otra muy diferente tener como aliado a MasterCard para escalar su negocio y llevarlo a otros mercados. “Solos no hubiera sido tan fácil. El ejercicio con ellos fue desarrollar un servicio financiero y para eso el apoyo cayó muy bien”. La mentoría incluyó discusiones sobre cuál sería el modelo de negocio, como ofrecerlo al público y, en últimas, cómo acelerar estas empresas fundadas por mujeres. Recuerdan que se les presentó obstáculo tras obstáculo y no había otra opción que solucionarlos. “Eran muchos temas, de múltiple naturaleza: operativo, legislativo, de costos. Muchas aristas y todas complejas, y nosotros somos un grupo chico con ganas de hacer cosas, pero nos enfrentamos a dragones que echan fuego. A veces te equivocas, pero lo lindo es que a todo eso se le llama innovación. Trabajamos en eso muy duro, pero la ayuda de MasterCard fue como cuando uno en los videojuegos baja un superpoder. En este caso fueron unas alas para volar”.

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