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| 11/22/1982 12:00:00 AM

NI TANTO QUE QUEME AL SANTO...

Las acusaciones a Juvenal Betancur en relación con la operación "Pez Espada" parecerían injustificadas.

NI TANTO QUE QUEME AL SANTO..., Sección Economía, edición 25, Nov 22 1982 NI TANTO QUE QUEME AL SANTO...
"La pintoresca simpatía y la personalidad un tanto folclórica del hermano del presidente son carnada natural para los medios informativos", escribía el jueves pasado Enrique Santos Calderón.
Tan propicio era a estos dimes y diretes, que años antes de que su hermano fuera presidente ya eran comunes los chistes sobre las andanzas del hermano de Belisario. Sin embargo, su reciente debut ante la opinión pública nacional fue todo menos un chiste. Tanto así, que muchos colombianos no pudieron desayunar tranquilamente el domingo antepasado. Ese día los periódicos anunciaban a grandes titulares que la operación "Pez Espada", una de las más meticulosas en la lucha del narcotráfico, había llegado a su fin. Doce cuentas bancarias habían sido congeladas, y entre ellas --según versiones del "Miami Herald"-- una a nombre del ciudadano colombiano Juvenal Betancur, hermano del presidente de la misma República. Hecho que fue aprovechado por todos los medios de comunicación del país, que saturaron de información a los lectores, sobre las acusaciones del que fue inmediatamente llamado "El Billy Carter Colombiano."
Según se supo, los agentes federales llevaban 18 meses trabajando en la espectacular operación "Pez Espada". En el verano del 81 habían creado una firma ficticia para lavar el dinero de la droga y atraer a varios clientes sospechosos. "Dean Investment International" --como la llamaron- aparentó lavar los 19 millones de dólares que pasaron por sus manos y luego procedió a capturar los peces gordos que en algún momento se habían acercado a dejar una valija repleta de billetes. De los 62 sospechosos, 32 cayeron en la redada y los restantes, entre los que figuraban muchos colombianos, todavía andan huyendo. Uno de ellos, para agregarle más espectacularidad a la in vestigación, resultó ser Jader Alvarez Moreno, el padre de los tres niños secuestrados y recientemente asesinados. Al parecer, Alvarez Moreno no era nuevo en estas lides; figuraba en los negros archivos de la droga desde 1974, cuando había sido capturado en la finca "La Buitrera", y ya en 1979 se le vinculaba al caso de 800 kilos de cocaína que fueron decomisados en las cercanías de Suba.
La acusación concreta a Juvenal Betancur, radica en que compró dólares a los agentes comprometidos en la lucha contra el narcotráfico. Por tal motivo, su cuenta, con un depósito de 10.000 dólares, fue recientemente incautada. Al tiempo que la noticia fue recibida, el Palacio Presidencial y el mismo Juvenal, expidieron sendos comunicados. El primero exigió una investigación exhaustiva y rigurosa, que no sólo antecediera a las investigaciones de las autoridades norteamericanas, sino que hiciera abstracción del vínculo familiar del implicado.
Juvenal Betancur, por su parte, anunció la posibilidad de elevar una demanda por difamación contra el "Miami Herald", diario que publicó las noticias sobre la congelación de su cuenta bancaria. Agregando una dosis de demagogia desafiante, afirmó que "El 'Miami Herald ' aprovecha toda oportunidad para denigrar de Colombia y de los colombianos, con la complacencia del gobierno de Washington". Y para no quedar corto en el ataque, puso de presente el mal trato que tenemos los colombianos en la aduana de Miami y en el país del norte en general. Finalmente se puso a disposición de las autoridades nacionales y extranjeras, aclarando el motivo de su cuenta: "mi hijo --aseveró-- fue arrollado por una tractomula y su pierna fue amputada. Por recomendación médica fue trasladado al Hospital Mont Sinai de Miami. Para atender los gastos del tratamiento de mi hijo, me vi obligado a abrir una cuenta en el Banco Internacional de Miami, con un modesto depósito inicial de 10.000 dólares, producto de mi trabajo como periodista profesional". Y poniéndole punto final al asunto, concluye: "Mi vida es un libro abierto en el que pueden entrar página por página".
La opinión pública nacional y los medios de comunicación, le otorgaron a Juvenal el privilegio de la duda. Para la mayoría de los observadores, a pesar de no ser Juvenal el hermano ideal, las acusaciones de que estaba siendo objeto eran aparentemente infundadas.
SEMANA se enteró de fuentes fidedignas en la embajada norteamericana, que su nombre no figuraba en la lista que la DEA (Administración de la lucha contra las drogas) había publicado en relación con la operación "Pez Espada" y que sólo aparecía en los primeros titulares del "Miami Herald" .
Independientemente de la veracidad de sus afirmaciones acerca de las razones que lo llevaron a abrir una cuenta en el extranjero, el hecho real es que una cuenta de banco en los Estados Unidos, aunque teóricamente ilegal, es un fenómeno generalizado dentro de la clase dirigente colombiana. Y si el monto no asciende a más de 10.000 dólares, difícilmente se puede inferir un hecho doloso como el que se insinúa.
Puede que Juvenal no tenga la docilidad de un bello delfín, pero considerarlo un "Pez Espada" podría ser una exageración.

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