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MAURICIO BOTERO

Auge y ocaso del modelo 3G Capital

La política de reducción de costos de 3G Capital fue draconiana. A los ejecutivos les retiraban sus teléfonos móviles y oficinas privadas.

Por: Mauricio Botero Caicedo

Los tres miembros de 3G Capital, Jorge Paulo Lemann, Marcel Telles y Beto Sicupira, son multi-billonarios que iniciaron su carrera en un pequeño Banco de Inversión de Río de Janeiro, Garantia, y que en el 2004 formaron la firma 3G Capital. Hasta hace poco 3G Capital, dada su reconocida experiencia en el campo de las fusiones y las adquisiciones, especialmente en el sector de la cerveza, en donde terminaron siendo los socios mayoritarios de la principal cervecera del mundo, AB InBev, gozaba de una impecable reputación al nivel que los grandes inversionistas se peleaban por invertir a su lado.

Su primer negocio en conjunto con Warren Buffet fue la adquisición de la compañía canadiense Tim Hortons por Burger King. 3G Capital, con colaboración de Warren Buffet, unió Heinz con Kraft para formar la actual Kraft Heinz Company. “Jorge Paulo y sus asociados son gerentes extraordinarios”, dijo Buffet en 2013.

Como lo reseñó el portal Bloomberg hace unos días, no fue hace mucho tiempo que Jorge Paulo Lemann era posiblemente el empresario más respetado y temido del planeta. El multimillonario brasileño y sus dos socios, Marcel Telles y Beto Sicupira, estaban recogiendo gigantes multinacionales a un ritmo frenético y los estaban incorporando al vasto imperio que construyeron desde Río de Janeiro.

La política de reducción de costos de 3G Capital fue draconiana. A los ejecutivos les retiraban sus teléfonos móviles y oficinas privadas. Los obligaban a viajar en “gallinero” y hospedarse en hoteles de dos estrellas como máximo. Pero como bien los reseña Bloomberg, “el enfoque obsesivo de 3G en los costos, en lugar de innovación y expandir el negocio, significaba que necesitaba una cartera interminable de grandes objetivos que pudiera comprar y exprimir los ahorros para poder seguir aumentando las ganancias.

Hambriento de nuevas adquisiciones, 3G flaqueó. Los precios de las acciones de Kraft Heinz y Anheuser-Busch (que técnicamente está fuera de 3G) se desplomaron, la fortuna colectiva de Lemann y sus socios se redujo en US$14.000 millones, y el cacareado modelo 3G había muerto, a todos los efectos. Para algunos críticos, el grupo 3G de Lemann es una sanguijuela de empresas. Compran empresas maduras, con un mercado consolidado, recortan costes al máximo, aumentan los márgenes de beneficios a costa de la competitividad hasta que las empresas quiebran. Cuando eso ocurre, los dueños de 3G ya multiplicaron muchas veces su baja inversión.

Pero si el desplome del modelo 3G de concentrarse casi exclusivamente en la reducción de costos, el grupo de Lemann enfrenta hoy una debacle de proporciones mayores que ha puesto en tela de juicio no solo su reputación en materia de negocios, sino su ética e integridad: Americanas S.A., la empresa minorista brasileña respaldada por 3G Capital, solicitó protección por quiebra en un tribunal de Río de Janeiro, aduciendo pasivos de unos 43.000 millones de reales (US$8.200 millones).

Americanas es uno de los minoristas más antiguos y emblemáticos de Brasil. La empresa tiene unas 3.600 tiendas en más de 900 ciudades, más de 5.000 proveedores y 40.000 empleados. Lemann, Telles y Sicupira han sido accionistas durante 40 años. En el otro lado de la mesa está el banco BTG, cuyos abogados ante la Corte, acusando a Lemann y sus socios, afirman que los tres hombres más ricos de Brasil (con un patrimonio valorado en R$ 180.000 millones), ungidos como una especie de semidioses del ‘buen’ capitalismo mundial, fueron atrapados con las manos en la caja registradora de la que, desde 1982, es una de las principales compañías del trío.

El mayor valor que tiene una empresa es su reputación, tanto ética como empresarial. Hoy, respecto a 3G Capital, hay serias dudas en los dos campos.

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