El próximo 30 de junio de 2026 no será una fecha más en el calendario tributario. Ese día comenzará a operar, en la práctica, el nuevo sistema de impuesto mínimo global, con la primera declaración que deberán presentar multinacionales en varias economías del mundo. Y ahí Colombia entra en una zona de riesgo.
El mecanismo, acordado a nivel internacional, establece una tributación mínima del 15% sobre las utilidades de las multinacionales, pero bajo un principio clave: coordinación entre países para evitar distorsiones, incertidumbre y, sobre todo, doble tributación. Ese es el punto donde hoy el país muestra su mayor debilidad.
Según lo explica Ricardo Ruíz, Socio Líder de Tax & Legal de KPMG Colombia, el cambio no es menor. A partir de esta primera declaración, las utilidades generadas en Colombia dejarán de analizarse únicamente bajo la legislación local y pasarán a ser evaluadas en otras jurisdicciones como la Unión Europea, Reino Unido, Canadá o Japón.

En otras palabras, el sistema tributario colombiano entrará a competir directamente en el radar internacional.
El problema es que Colombia ya adoptó una tasa mínima de tributación del 15% con la reforma de 2022, pero lo hizo de forma desalineada frente al estándar global. Aunque la tarifa coincide, las reglas para calcularla no. Y eso es lo que genera el mayor riesgo, que una misma utilidad termine siendo gravada más de una vez.
La doble tributación no es un detalle técnico. Es un factor decisivo en la toma de decisiones de inversión. En el nuevo entorno, las multinacionales priorizan países donde sus utilidades no sean gravadas dos veces y donde exista estabilidad normativa, seguridad jurídica y reglas comparables con el resto del mundo.
Si esas condiciones no se cumplen, Colombia se vuelve más costosa e impredecible.
El impacto además es más amplio de lo que parece. A diferencia del modelo internacional, que se enfoca en grandes multinacionales, la tasa mínima en Colombia aplica también a empresas medianas y pequeñas. Esto amplifica el efecto de la desalineación y extiende el riesgo a todo el tejido empresarial.

El tema ya escaló a la Corte Constitucional. El expediente D-16565 cuestiona la estructura de esta tasa mínima por posibles vulneraciones a principios como equidad e igualdad, y por no incluir mecanismos que eviten la doble tributación. El fallo, esperado entre agosto y septiembre, será clave para determinar si el país corrige el rumbo o profundiza el problema.

El tiempo juega en contra. Mientras otros países como Brasil y Uruguay ya adoptaron el modelo alineado con las reglas internacionales, Colombia enfrenta un escenario en el que sus desviaciones son múltiples y profundas, más allá del simple nivel de la tarifa.
A esto se suma un problema estructural: la alta carga tributaria. En Colombia, la tasa efectiva puede superar el 48% al integrar impuestos corporativos y de socios, lo que ya ubica al país entre los menos competitivos dentro de la OCDE.
El 30 de junio será, entonces, más que una fecha técnica. Será el momento en que el mundo empiece a comparar, en tiempo real, qué tan alineado está cada país con el nuevo sistema tributario global.

El mensaje es claro, en la nueva competencia fiscal, no basta con cobrar. Hay que cobrar bien, de forma coordinada. Y hoy, Colombia aún no está ahí.