En una memorable metáfora, uno de los más notables directores de la Reserva Federal de EE.UU, Arthur Burns, afirmaba en una famosa que la función principal de un banco emisor (por no decir única) es llevar el ‘ponche’ la mesa para animar la fiesta, pero empezar a retirarlo cuando le gente empiece a bailar encima de la mesa. Es decir, asegurar y mantener el valor y la estabilidad de la moneda.
En Colombia, la Junta del Banco de la República está haciendo exactamente eso: ante las señales de inflación, el Emisor ha subido las tasas de interés, pero de manera paulatina para evitar que la economía se contraiga. Está empezando a remover el ‘ponche’.
El mal manejo de la moneda tiene graves consecuencias: cuando los gobiernos irrespetan la independencia de los bancos centrales (que es lo que propone Petro) y se dedican a emitir moneda sin ningún tipo de respaldo, la hiperinflación es inevitable. Esto es exactamente lo que han hecho los chavistas con la consecuencia de todo el mundo conocida: los billetes de el bolívar reemplazan a las servilletas ya que es más costoso el papel de envolver las arepas, que el billete propiamente dicho.
Maduro, aceptando tácitamente las ventajas del sistema capitalista que dice tanto odiar, no le ha quedado alternativa distinta que “dolarizar” la economía para evitar temporalmente el colapso total del país.
En el caso del ‘ladrillo’ (el eufemismo con que mundialmente se designa el sector de la construcción) ocurre algo similar. Al ser un sector vital la economía por su generación de empleo directo (mano de obra) e indirecto (cemento, hierro, ladrillo, vidrio y cerámica), los gobiernos suelen utilizar todo tipo de instrumentos, principalmente los subsidios financieros, para impulsarlo.
Hoy, en Colombia, las viviendas de menor costo para los estratos bajos están disparadas precisamente porque el gobierno de Duque, con enorme acierto, ha utilizado prudentemente las herramientas de apoyo y fomento al sector.
En el anverso de la moneda de los apoyos al ‘ladrillo’ mal manejados está el caso de la empresa china Evergrande, un monstruo inmobiliario que arrastra una deuda que sobrepasa los 300.000 millones de dólares. Con un millón y medio de apartamentos y locales comerciales sin poder colocar, financiar, vender o alquilar, Evergrande se encuentra al borde del colapso y a las autoridades chinas no les queda alternativa diferente que apoyar a este gigante que permitieron inflarse en una de las principales burbujas inmobiliarias de la historia.
Para la BBC, “Según las últimas estadísticas del Gobierno chino, la construcción sigue representando alrededor del 30% del empleo total y, por tanto, es demasiado importante para ser ignorada”. Es lo que en la jerga económica se llama “demasiado grande para caer”, o al menos caer completamente.”
Ni con la ‘moneda’ ni con el ‘ladrillo’ los países se pueden quedar cortos o excederse. En el caso de la ‘moneda’, con faltantes de liquidez las economías no crecen al ritmo que deberían hacerlo. Por el contrario, excesos de liquidez necesariamente conllevan inflación.
La construcción que guarda relación con la demanda y el crecimiento económico, conduce a ‘círculos virtuosos’ en la economía. Por el contrario, un sector de construcción desbocado, sin mayor relación con la demanda o la posibilidad de financiarla, casi siempre va de la mano con la recesión.
