He escuchado a algunos de mis coachees y amigos más jóvenes pensar que quieren retirarse a los cuarenta y cinco años. Por supuesto, cuando tienes treinta ves los cuarenta y cinco en la real Patagonia. Pero resulta que llegas a los cuarenta y cinco y no te das ni cuenta. Te sientes (si te has cuidado más o menos con decencia) superjoven y no te imaginas qué hacer sin trabajar. Empiezas también a encontrar que mucho de lo que hacías ya no es tan emocionante y que quizás has perdido tiempo pensando solo en lo que la sociedad te obliga de manera inconsciente a andar mostrando.
Y en medio de esta reflexión no tan lejana me llego el mensaje que estaba buscando, no solo para mí sino para compartir con algunos que últimamente me han preguntado mucho en cómo descubrir su propósito. En un avión, sentado a mi lado, en un vuelo intercontinental, me encontré con un señor mayor con un libro en sus manos. Era un libro que sonaba japonés cuyo autor sonaba latino. En medio de la vergüenza de andar mirándole el libro al vecino y ante una sonrisa amable, le pregunté por su lectura, anunciando que era coach y madre y, por tanto, me interesaba entender todo lo que sonara a propósito.
Me explicó con la paciencia que seguramente le dio su propio encuentro del IKIGAI que este es un concepto japonés que se refiere a la “razón de ser” o al “propósito de la vida”. Me dijo que la etimología se deriva de las palabras japonesas “iki” (que significa vida) y “gai” (que significa valor o mérito). Y concluyó diciéndome que representa la intersección de cuatro elementos fundamentales: lo que amas, tu vocación, lo que el mundo necesita y por lo que puedes ser remunerado.
Le pregunté como había llegado al libro. Me confesó que de la misma manera como yo estaba llegando. Me dijo que el mundo estaba lleno de vacíos. Que todos andamos afanados, persiguiendo cosas que solo generan más desarticulación por dentro y que llenando estos vacíos solo cubrimos lo que la sociedad manda, pero no somos realmente felices. Prosiguió diciéndome que le pidió al Universo una señal para entender si iba por el camino correcto y vio el libro en manos de alguien en un tren (por supuesto mi vecino no era de mi país donde el tren existe en sueños elevados de políticos que no conocen su ikigai).
Me dijo finalmente que me recomendaba leerlo y que si le había preguntado era porque quizás yo también le había pedido una señal al Universo. “Tu ikigai te lleva a una vida plena y significativa. Si tú logras alinear tus pasiones, talentos, necesidades sociales y estabilidad financiera, puedes experimentar un sentido de propósito y satisfacción” me dijo sabiamente mientras sacaba sus audífonos de una pequeña cartuchera negra.
Le di las gracias y lo dejé proseguir con su propio viaje, literalmente hablando. Como imaginaran me metí en la investigación del concepto y estoy terminando el libro escrito por dos españoles sobre el secreto japonés para una vida larga y feliz. Héctor García y Francesc Miralles llevan algunos años iluminando de manera práctica a todos los que queremos entender que la vida tiene un propósito que trasciende a comer, dormir, trabajar y ganar plata para gastársela.
Los cuatro componentes de ikigai se representan a menudo como círculos que se superponen y en resumen se refieren a esto:
-Lo que amas: es decir, tus pasiones, intereses y actividades que te brindan alegría y plenitud.
-Tu vocación: implica identificar tus habilidades, talentos y fortalezas. Incluye las cosas en las que sobresales o tienes el potencial de desarrollar. Mejor dicho, para que eres bueno.
-Lo que el mundo necesita: El mundo tuyo, tu entorno o de tu grupo social. Involucra todo aquello que hace que tengas un impacto positivo en la sociedad sin importar el tamaño de ese impacto
-Por lo que puedes ser remunerado: se relaciona con identificar actividades o habilidades por las cuales puedes recibir compensación financiera. Involucra considerar el aspecto práctico de mantenerte económicamente activo y estable mientras persigues tu ikigai.
El concepto de ikigai enfatiza la importancia de encontrar equilibrio y armonía en estas cuatro áreas y muestra cómo al encontrar un balance de ellas puedes vivir mejor, largo, pleno y feliz.
No sigas derecho en la vida sin comprender cuál es tu ikigai.
