Es muy complicado acertar dónde hizo más daño el Gobierno de Petro: si en el sistema de salud, en las pensiones, trancando las obras de infraestructura o entregando los territorios a grupos ilegales, etc. Por todas partes hay caos, pero haber fomentado la minería ilegal ha sido un desastre ecológico, fiscal y social de proporciones épicas.
Lo primero que tenemos que entender los colombianos es que no podemos tener tanta pobreza y necesidades si estamos sentados encima de un tesoro que nos tiene guardado la naturaleza. El subsuelo en Colombia es muy rico, por eso debemos aprovecharlo y hacerlo de la mejor manera.
Lo segundo y no menos importante es nuestra diversidad. Nuestras aguas, flora y fauna también son relevantes. Por eso, si queremos sacar los recursos del subsuelo, debemos hacerlo, no solamente con los más preparados: también con quienes podamos controlar y vigilar para que cumplan todos los requerimientos técnicos para desarrollarlo. Y con quienes generen empleo de calidad y paguen impuestos, que es el camino para generar bienestar.
Lo tercero, la minería ilegal, que en muchas ocasiones se mezcla con la mal llamada minería artesanal. Esta no tiene empleos formales; no tiene ninguna clase de control gubernamental; es 10 veces más contaminante que la minería legal y hoy en día es una fuente de ingresos de los grupos al margen de la ley. Algunos analistas dicen que estos grupos dependen cada día más de esta minería que inclusive del narcotráfico.
El problema de nuestros páramos y la minería no debería ser si se debe hacer o no, sino si se hace bien o mal. Estoy seguro de que protegeríamos mucho más nuestros páramos y nacederos de agua entregando estos territorios a empresas mineras serias y comprometidas con el medioambiente que dejándolos expuestos a la minería ilegal. Mientras haya riqueza en el subsuelo, alguien buscará cómo sacar el usufructo de eso.
Si el Gobierno de Abelardo De La Espriella logra verdaderamente una buena política pública en este sector de la economía, Colombia la puede sacar del estadio. Por un lado, generará enormes ingresos fiscales al país; podrá generar una gran cantidad de empleo formal en los territorios donde se necesitan; protegerá el medioambiente de los depredadores, de la economía ilegal y de los grupos al margen de la ley.
Obviamente, esta no es una tarea fácil; existen muchísimos intereses para que esto no suceda. Empezando por los falsos ambientalistas que terminan protegiendo intereses ilícitos; también una gran cantidad de ONG respaldadas por ese nuevo orden mundial que pondrán muchas trabas; y seguramente la oposición de muchas comunidades indígenas que serán usadas por fuerzas oscuras para bloquear cualquier intento.
Si Colombia verdaderamente quiere paz territorial y llevar desarrollo a los territorios, el camino es la minería legal. Mientras que estos sean manejados por grupos al margen de la ley y el narcotráfico, podrá haber momentos de calma chicha, pero la realidad es que cada día se gesta un polvorín que en algún momento explotará.
Esperemos que por fin demos el paso al desarrollo minero por el camino correcto.
