Cuando se aproxima el cambio de Gobierno en Colombia, vuelve como siempre sobre el tapete el problema de los cultivos ilícitos y de la creciente producción de cocaína, que nos sigue rondando desde hace décadas como un zombi al que se le dispara con diferentes armas y en diversas posiciones y, sin embargo, sigue muy campante.
Hay un hecho curioso y poco conocido. En 1912 el presidente de Colombia era Carlos E. Restrepo, que había llegado al poder como candidato de la llamada Unión Republicana, una alianza bipartidista para tratar de sacar al país de las secuelas de la Guerra de los Mil Días. El general Rafael Reyes, durante los cinco años de su administración, igualmente había trabajado en ese sentido.
En una nota oficial del 23 de junio de 1912, el ministro de Obras Públicas, Simón Araújo, le pidió al embajador de Colombia en Bolivia que “se sirviera remitir el mayor acopio de datos posible sobre el cultivo de la coca en ese país, junto con algunas semillas de las mejores calidades bolivianas”. En su comunicación le agrega que “si fuera posible, le enviara dos bultos de semillas de la mejor calidad Erythroxylum coca”.
Le agrega que “prestaría usted un servicio al país; siempre que el valor de dicha semilla no sea excesivo”. Le señala que los gastos que esto ocasione serán por cuenta del ministerio. El representante colombiano en La Paz hizo el envío al ministro el 28 de noviembre del mismo año.
En marzo de 1932, otro embajador de Colombia en Bolivia, Francisco Sorzano, le envió esta vez al ministro de Industrias un estudio sobre la coca. El embajador agrega que le enviará, igualmente, un “tambor de coca”. El ministro le dio las gracias y le dijo que el estudio sería publicado en la revista del Ministerio.
En nota del 5 de julio de ese año, el ministro agradeció al diplomático colombiano el envío y le expresó que tan pronto se recibiera el tambor “se aprovecharía de la mejor manera posible”. Fue recibido en agosto de ese año. En la nota, al lado de la firma del ministro, había un sello con el lema “Fomente cuanto pueda la agricultura y la industria. Producir es triunfar”. Parece que, en lo que se refiere a la coca, se quedó muy arraigado en sectores de nuestro país.
Nuestras olvidadas fronteras, teatro principal de la desastrosa “Paz Total”, se han constituido en los puntos más álgidos en la grave situación que en ese sentido afronta el país. Para mejorar la seguridad no hay por ahora otra opción que la de luchar contra el narcotráfico y colaborar estrechamente con los países limítrofes y con los Estados Unidos.
Dentro de cuatro años, seguramente el tema volverá a tratarse como un propósito del nuevo Gobierno.
¿Habrá algún zombi que finalmente pueda romper el círculo diabólico en que se encuentra nuestro país y que, por más que le disparen, siga impertérrito?
