opinión

GUILLERMO VALENCIA
Guillermo Valencia, columnista de Dinero - Foto: Dinero

Una oportunidad más allá de la recesión

Una mirada al comportamiento del mercado muestra que no todas las recesiones implican un ‘crash’. Al contrario, estas pueden ser una gran oportunidad de compra.


Por: Guillermo Valencia

Desde 1920 han existido 15 recesiones económicas: 5 crearon una caída mayor al 40% en el índice S&P500 (1929,1940,1974, 2000 y 2008). De estas, solo la de 1929 cayó más del 80%. Las otras 10 produjeron correcciones en el mercado entre 10% y 20%.

Han existido 5 caídas en el índice S&P500 mayores al 20% que no coinciden con un episodio de recesión. Lo interesante es que en todos los casos la caída en este índice anticipa el dato de recesión.

Y más aún, todas las recesiones han sido una oportunidad interesante de compra, algo que muestra el indicador propietario de Momentum, creado por nosotros, en Scale Invest.

Este emplea un algoritmo de machine learning que determina la probabilidad de que un activo que está subiendo de precio mantenga este aumento. También funciona al contrario: si un activo está bajando de precio, medirá la probabilidad de que este continúe cayendo.

Volviendo al S&P500, debemos preguntarnos: ¿Este índice y el crecimiento del PIB son los factores a analizar para entender la salud del mercado actual? La respuesta es no.

El S&P500 y PIB son indicadores de promedios, pero de poca utilidad cuando existe un mundo que se está enfrentando a un cambio radical.

El PIB es muy conveniente porque es una manera de condensar la actividad económica como un todo. El S&P500 cumple la misma función: en lugar de observar acciones de forma individual, hace que enfoquemos nuestra atención en un solo índice.

Este modo de entender el mercado está perfecto cuando el mundo vive un statu quo tecnológico. Funciona porque la diferencia entre sectores es poca y de alguna manera la distribución de los retornos se puede describir como una distribución de probabilidad normal. Es decir, existe una media y a su alrededor fluctúa el desempeño de las compañías.

No obstante, ambos no son una buena manera de describir un mundo que está en un intenso cambio. En un proceso de cambio radical existe una nueva tecnología que comienza a nacer, ganar tracción y crea una nueva economía versus una vieja que empieza a extinguirse.

Es algo que vemos mejor a través de la curva S. Esta muestra la innovación desde su comienzo, en el que la pregunta es: ¿para qué sirve esto?

A esta fase le sigue un periodo en el que gana aceptación entre los primeros usuarios innovadores. Luego aparece un punto de inflexión o purga en el que esta innovación es cuestionada. Si la tecnología demuestra ser útil para una mayoría de usuarios pragmáticos, pasará a una etapa de madurez y consolidación.

Lo que ocurre es que muchas de las tecnologías innovadoras no logran superar este punto de inflexión y se extinguen. Esto ocurrió durante la burbuja .com, de la cual quedó Internet, una tecnología que hoy es global.

A este fenómeno el economista austriaco Joseph Schumpeter lo denominó destrucción creativa.

Nos encontramos en una fase radical de innovación y destrucción de vieja economía. Es un periodo similar a 1990, año que al ser revisado parece muy positivo para Estados Unidos: ganó la guerra fría e Internet comenzó a ser masivo. Sin embargo, marcó el comienzo de una era de intenso pesimismo para ese país.

La década comenzó con una recesión, la globalización se llevó trabajos a México y los Tigres Asiáticos. También en lo cultural fue la era del Grunge, de Nirvana y Kurt Cobain.

A pesar del pesimismo generalizado, la década de 1990 fue una excelente época para invertir en tecnología, mientras que para los mercados emergentes fueron años complicados: crisis mexicana (1994), crisis asiática (1995), crisis de monedas (1997) y ‘default’ ruso (1998). Esta época terminó cuando el pesimismo se convirtió en una euforia excesiva.

Hoy vivimos una época similar, en la que la diversificación no es suficiente. En el largo plazo habrá grandes ganadores y perdedores. Pasa lo mismo que en la evolución, aquel que no tenga una alta capacidad de adaptación estará condenado a la extinción. Si tiene interés posicionar tus inversiones para este cambio, agenda una llamada con Scale.