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| 6/10/1996 12:00:00 AM

EL NUMERO UNO

A PROPOSITO DE LA MUERTE DEL TORERO ESPAÑOL LUIS MIGUEL DOMINGUIN, ANTONIO CABALLERO HACE UNA SEMBLANZA DE QUIEN FUERA UNO DE LOS MEJORES DIESTROS DEL SIGLO.

EL NUMERO UNO, Sección Enfoque, edición 732, Jun 10 1996 EL NUMERO UNO
Luis Miguel Dominguín, que acaba de morir en su casa de Sotogrande, en la costa más lujosa de España, no fue solamente un gran torero, sino muchas cosas más. Casi tantas como los nombres que tuvo: Luis Miguel a secas para sus partidarios, simplemente Dominguín para sus malquerientes, Miguel para sus amigos íntimos, Luis Miguel González Lucas para el registro civil. Y en todas las cosas que fue torero, protagonista de las revistas del corazón, latin lover, cazador, promotor taurino, personaje de sociedad estuvo a la altura de otro nombre más, que él mismo se puso con arrogancia una tarde triunfal de 1949 en la plaza de toros de Las Ventas de Madrid: el Número Uno.Por fuera de los ruedos, Luis Miguel Dominguín fue uno de los españoles más famosos de los últimos 50 años. Famoso por sus amistades, insólitas en un torero: poetas y escritores como Rafael Alberti, Jean Cocteau o Ernest Hemingway, o artistas como Pablo Picasso, el más grande pintor de este siglo. Con Picasso hizo Dominguín, al alimón, el libro Toros y toreros, y cuando se publicó el pintor llamó al torero para contarle entusiasmado que iban a hacer también una edición en sueco y otra en japonés. Dominguín repuso:_¿Ves cómo el importante soy yo? Tus dibujos no los traducen, y mis textos sí.Otra amistad del torero, más sorprendente aún, fue la del dictador de España, el generalísimo Francisco Franco. Franco lo invitaba con frecuencia a sus cacerías con ministros y hombres de negocios, a pesar de que conocía sus simpatías por el proscrito Partido Comunista (al cual contribuía financieramente a través de su hermano Domingo), y a pesar también de la escandalosa vida privada que llevaba Dominguín. Pues eran famosas también sus mujeres: Ava Gardner, que en sus memorias lamentó no haberse casado con él, o la italiana Lucía Bosé, que sí lo hizo, y con quien tuvo tres hijos, o su bella sobrina Mariví Dominguín, con quien mantuvo un romance incestuoso que escandalizó a la puritana España del franquismo. Su última mujer, en cambio, volvió a tranquilizar a los escandalizados: era Pilar Primo de Rivera, sobrina del fundador del partido fascista español, la Falange.Pero, naturalmente, la verdadera importancia de Dominguín es más taurina que social. Fue, como dice el 'Cossío', que es la Biblia del toreo, "del género de los toreros largos, generales, de los llamados a ser el eje de la fiesta en cada época". Y eso, desde muy pronto. Desde que, jovencísimo todavía (había tomado la alternativa en Bogotá, de manos de Domingo Ortega) se atrevió a plantarse como rival del mismísimo Manolete, 'el Monstruo', que por entonces 'mandaba' en el toreo. Llegó a decirse que la insolente presión de Dominguín fue una de las causas de la cogida mortal sufrida por Manolete en Linares en 1947; y el propio Luis Miguel azuzó aún más los ánimos al sostener que a Manolete lo había cogido el toro porque no conocía los toros. El caso es que, a partir de entonces y hasta su propia primera retirada de los ruedos en 1952, quien mandó en el toreo fue Dominguín: era el matador en torno al cual se organizaban los carteles de las ferias, y el que imponía a los empresarios honorarios, ganado, compañeros de terna, tanto a los veteranos Ortega, Bienvenida, o sus propios hermanos Domingo y Pepe Dominguín como a los más jóvenes Pepe Luis Vásquez, Litri. Cuando regresó a los toros, en 1957, siguió mandando: la famosa rivalidad con su cuñado Antonio Ordóñez que narró Hemingway en su libro Verano sangriento fue una invención de Luis Miguel. Se retiró de nuevo en 1960, y pudo darse el lujo de volver una vez más 11 años más tarde, en el 71, para irse definitivamente en el 73, rico e indiscutido.Fue un torero 'largo', como dice el Cossío: es decir, capaz, poderoso, valiente, con muchos recursos técnicos y capacidad para poderle a toda clase de toros y para ejecutar todos los tercios: una vez llegó incluso a montarse vestido de luces en el caballo del picador para picar personalmente su toro. No fue el mejor torero de su tiempo _otros tuvieron más calidad y profundidad, como Antonio Ordóñez, o más gracia, como Pepe Luis Vásquez_ pero sí fue el más completo. Lo dice ahora José María Manzanares: "No el torero más grande, pero sí la más grande figura del toreo". Y un crítico taurino, 'Barquerito', resume: Luis Miguel Dominguín "fue juzgado casi unánimemente como el torero más inteligente de los últimos 50 años".

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