¿Cómo se está transformando la educación en Colombia? La nueva propuesta de universidades y colegios
Según las últimas cifras reportadas por el Dane, el país enfrenta un cambio demográfico que está obligando a colegios y universidades a repensar su modelo y mecanismos de financiamiento.

Durante 2025 Colombia registró 433.000 nacimientos, la cifra más baja desde que el Dane lleva estadísticas vitales. Este número esconde una realidad que ya no es proyección: hay menos niños y por lo tanto menos estudiantes, y el sistema educativo –construido sobre la base de una población que crece– empieza a crujir.
Y las aulas ya lo están sintiendo. Según cifras del Dane, analizadas por investigadores del Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) de la Universidad Javeriana, entre 2020 y 2025 se registraron aproximadamente 200.000 nacimientos menos. El dato que más inquieta es el de la matrícula escolar, que está cayendo más rápido que los nacimientos. “Entre 2015 y 2025 la matrícula caerá cerca de 900.000 personas. Es como si toda la población de Soacha, el sexto municipio más poblado del país, hubiera desaparecido de los salones de clase”, señaló Omar Garzón, investigador del LEE de la Javeriana.
La explicación de esa desconexión es compleja, porque como advierte Garzón, no se trata únicamente del cambio demográfico; el fenómeno del homeschooling gana terreno en las primeras etapas escolares y hay problemas de medición en la deserción que nunca se han corregido. Por ejemplo, un niño que se matricula en abril y no regresa al año siguiente se contabiliza como desertor, y si vuelve al siguiente ciclo –al mismo grado– el sistema no lo detecta.
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Lo que sí es visible es dónde impacta primero. En preescolar y educación inicial la caída es directa y atribuible a que, sencillamente, hay menos niños pequeños. En secundaria y media, la demografía aún no es la causa principal porque ahí actúa una población remanente –jóvenes que nunca habían completado ese ciclo– que compensa parcialmente la caída en la natalidad. Sin embargo, esa reserva no es infinita. Desde 2023 la matrícula en educación media comenzó a caer, con una cobertura que ronda el 80 por ciento.
En el sector privado, el punto de inflexión llegó con una brutalidad estadística difícil de ignorar. “En una década perdió 175.000 estudiantes, y 99.000 de ellos se fueron en el último año analizado, entre 2024 y 2025”, advirtió Garzón. Así que los colegios que veían caer sus matrículas de forma gradual, de repente las vieron desplomarse. Y las razones no fueron únicamente demográficas.
Sandra Milena Otálora, rectora del Colegio MonteHelena Bilingüe de Bogotá, aseguró que “la matrícula más baja está en preescolar, en el grado prekínder. Para el caso de Bogotá, creo que está influyendo el hecho de que los jóvenes ya no quieren tener familias, y la humanización de las mascotas al punto de reemplazar el deseo de tener un hijo”.
MonteHelena es, por ahora, una excepción. Desde 2020 ha crecido sostenidamente, apoyándose en una iniciativa de formación en valores, bilingüismo y lo que Otálora llamó “el trabajo en equipo entre casa y colegio”. En esa medida, su caso ilustra algo que los expertos subrayan: las instituciones que logran diferenciarse en propuesta de valor están mejor blindadas. Las que no, enfrentan un horizonte incierto.
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En la educación superior la crisis todavía no tiene la misma urgencia visible que en los colegios, pero los números ya anticipan lo que viene. Según la Nota Macro número 61 del Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico (Cede) de la Universidad de los Andes, la población entre 17 y 21 años –el grupo etario natural para cursar estudios superiores– pasará de 4,2 millones en 2020 a 3,4 millones en 2045 y a 2,6 millones en 2070. Una reducción del 20 por ciento hacia 2045, y del 37 por ciento para 2070.
Hernando Zuleta, decano de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes y coautor del estudio, advirtió que “ya se está observando una caída en la matrícula de la mayoría de las universidades colombianas. Hay carreras que han tenido que cerrar o que se han fusionado con otras”, dijo. Es decir, lo que durante tanto tiempo se leyó como una desaceleración atribuible a factores económicos o de política pública tiene ahora una causa estructural que se suma: la llegada de menos jóvenes.
Por ahora, el colchón que amortigua el golpe en la educación superior es el mismo que opera en secundaria, porque hay un 43 por ciento de la población en edad de cursar estudios superiores que todavía no lo ha hecho. Personas de 25, 30 o más años que en cualquier momento pueden ingresar al sistema y compensar la reducción de la cohorte joven. No obstante, esa reserva también se agota, y cuando lo haga, el impacto será simultáneo con la llegada de generaciones numéricamente más pequeñas.
Ahora bien, Zuleta identificó un cambio cultural que agrava el panorama demográfico. “Los estudiantes no quieren hacer carreras de cuatro años, y el mercado laboral está demandando habilidades específicas que no necesariamente coinciden con lo que ofrece la educación universitaria”. Esa tensión entre lo que el sistema ofrece y lo que los jóvenes y el mercado necesitan es el segundo frente de la crisis.
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A todo esto, se suma un dato que los investigadores de la Universidad de los Andes señalaron con preocupación: cerca de 2,7 millones de jóvenes colombianos entre 14 y 28 años no estudian ni trabajan. Y en un país con menos trabajadores jóvenes entrando al sistema productivo y con una población envejecida que demandará más recursos públicos, “estamos desperdiciando un capital humano potencial muy grande”, advirtió Zuleta.
El envejecimiento es el otro factor. Investigadores de la Facultad Nacional de Salud Pública de la Universidad de Antioquia señalaron que el índice de envejecimiento del país pasó de 7,3 en 1950 a 40,4 en 2021, y se proyecta que alcance 137,7 en 2050. Y menos jóvenes en la base de la pirámide y más adultos mayores en la cima significa, en términos prácticos, menos cotizantes activos sosteniendo un sistema que cada vez demanda más.