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| 11/16/2013 2:00:00 AM

Maciej Tarasin: a solas en la selva

Un nuevo documental cuenta la increíble historia de un polaco que se extravió en la selva colombiana durante cuatro días. Así fue como sobrevivió.

Aventura polaco selva colombiana Maciej Tarasin alcanzó a recorrer 450 kilómetros del río Yarí. Por estos días se encuentra en el país –por eso lleva la camiseta que el Ejército le dio cuando lo rescató– para empezar una nueva aventura en el Caquetá. Foto: Claudia Camejo / Semana
El polaco Maciej Tarasin, de 38 años, todavía usa la camiseta que le regaló el Ejército colombiano el día de su rescate. Hace más de dos años se extravió junto a su compatriota Tomek Jedrys en el cañón Raudal del Tiburón, el trecho más peligroso de los 620 kilómetros del río Yarí, en el departamento de Caquetá. 

“Cuando salté al agua para recuperar la canoa sabía que nadie nos rescataría. Estábamos en uno de los lugares más remotos del mundo y posiblemente rodeados por la guerrilla. Pensé: si salto y recupero la canoa podré volver adonde Tomek y continuar. Pero no calculé bien. El caudal era más fuerte de lo que creía. Casi me mata”, contó a SEMANA. 

De esa forma comenzó la odisea del polaco en la selva colombiana, donde pasó cuatro días sin comer. Ahora su historia llega a la televisión de la mano del experto en técnicas de supervivencia Bear Grylls, quien recreó su experiencia en su nueva serie para Discovery Channel, Escape del infierno. 

Tarasin empezó a montar en canoa a los 16 años con un grupo de scouts en Polonia. Según sus cálculos, recorrió alrededor de 500 kilómetros de río por toda Europa durante esa época. En 2008 decidió convertir su pasión en su forma de vida y se embarcó, junto a su cuñado, hacia Canadá para navegar un río desconocido. 

La experiencia le gustó tanto que medio año después aterrizó en Etiopía, esta vez con otro compañero, para explorar el río Oma, uno de los más peligrosos del mundo. “Es lo más extremo que he hecho en mi vida. El Oma estaba infestado de cocodrilos e hipopótamos y éramos apenas dos personas en una balsa inflable. En el trecho final una tribu nos robó y nos quitó todas nuestras pertenencias. Desde ese momento supe que podía hacer cualquier cosa”, dice. 

Poco después de su aventura en África, Tarasin llegó a América del Sur con el objetivo de encontrar los ríos más remotos del continente y convertirse en el primero en recórrelos sin la ayuda de un motor. “Por eso escogí el río Yarí: ahí la naturaleza es como Dios la hizo, no ha sido intervenida por la mano del hombre”. 

Con una canoa inflable, chalecos salvavidas deshilachados, un teléfono satelital y otros elementos indispensables, Tarasin llegó a Caquetá junto a Jedrys para conquistar el lejano río. Sin embargo, no pudo cumplir la meta. Cuando ya habían pasado 18 días de travesía, la corriente se llevó su canoa y, en un intento por recuperarla, se perdió de su compañero, quien se quedó con todos los suministros. 

El primer día Tarasin buscó sin éxito la embarcación. Esa noche pensó buscar a Jedrys, quien nunca había estado en una aventura tan extrema, pero una herida profunda en el pie le impidió hacerlo. Entonces decidió armar un campamento y esperar. Al día siguiente construyó una balsa con troncos y retazos de su ropa interior. Pero más tarde, en medio de una tormenta, el río se llevó su barco improvisado. Al tercer día empezó a buscar la canoa original y de milagro la encontró a dos kilómetros de donde estaba.  

“Encontré dos remos, un poco de comida, cabuya y ganchos para pescar. Decidí llegar al próximo pueblo para luego volver por Tomek con las autoridades”, explica. Después de pasar un día en la canoa, dos helicópteros del Ejército lo rescataron. Cuando se subió a la aeronave, vio a su compañero, quien había llamado a pedir ayuda, sentado al lado de un militar. 

Ahora el ambicioso polaco quiere volver a intentar conquistar el Yarí y está de vuelta en Colombia para una nueva aventura. La semana pasada partió de nuevo hacia Caquetá, pero esta vez con un indígena, con quien planea internarse durante varios meses en la selva para aprender a sobrevivir a solas en la naturaleza.

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