Travesía

En el techo del mundo

La semana pasada por primera vez tres mujeres colombianas conquistaron la cima del Everest. Y otro compatriota de la misma expedición subió sin oxígeno.

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25 de mayo de 2007 a las 7:00 p. m.
La expedición duró dos meses y medio. Fue patrocinada por Colseguros y copatrocinada por Leonisa
La expedición duró dos meses y medio. Fue patrocinada por Colseguros y copatrocinada por Leonisa

La situación no podía ser peor. Sola y agotada después de un extenuante y largo recorrido, Ana María Giraldo logró llegar a los 8.200 metros de altura del último campamento de la arista norte del monte Everest. Y aunque en apariencia sólo le faltaban pocos metros para conquistar la cima de la Diosa del cielo, como llaman los nepaleses la cumbre más alta del mundo, una avería técnica estuvo a punto de hacerla desistir: el regulador de oxígeno dejó de funcionar y en esas circunstancias es muy posible desvanecerse. Pero la montaña es mágica y de vez en cuando sorprende a sus visitantes con milagros. En medio de la oscuridad apareció el sherpa Dorgie, uno de los guías nativos de la expedición, quien le dijo: "Estas son cosas de los dioses, pero ellos te ayudarán a que todo salga bien". Y así fue.

Tuvo que esperar un día más, pero ello permitió a la manizaleña de 26 años reunirse con sus dos compañeras de travesía, Katty Guzmán y Mónica Bernal, y juntas lograron uno de los dos objetivos que se habían trazado los 13 integrantes de la Expedición Colseguros Everest 2007: que por primera al menos vez una colombiana alcanzara los 8.848 metros.

La otra meta, que consistía en que alguno conquistara la misma altura sin oxígeno, fue lograda por Luis Felipe Ossa, quien lleva 20 años escalando y trabajando como guía de montaña. "A 8.000 metros el cuerpo sólo toma el 30 por ciento del oxígeno, es como estar acostado y tener dos personas sobre el pecho", dijo a SEMANA desde el campamento base del Everest. Él también vivió su milagro. Cuando estaba a punto de coronar, quedó atrapado en una fuerte ventisca que le robó los guantes, el gorro y las gafas. "Me quedé estático y me estaba congelando, recuerda, pero llegó un 'sherpa' y luego de sujetarme me dijo que podía continuar mi camino. Para mí fue como un ángel". Y es que en esas condiciones tomar decisiones no es fácil. "Un cálculo tan sencillo como dos más dos es cuatro requiere más tiempo para ser resuelto a semejante altura", advierte Luis Alberto Camargo, quien desde Bogotá fue el encargado de las operaciones logísticas de la expedición.

El momento más crítico para Katty Guzmán, bogotana de 28 años, fue cuando en un mal movimiento se le soltó el regulador y estuvo a punto de desmayarse por la falta de oxígeno. Por su parte, Mónica Bernal, bogotana de 26 años, sufrió por el agotamiento producido por la falta de sueño, lo cual no le impidió disfrutar del ascenso gracias a la fuerza que le dio la foto de su pequeña hija. También puso en práctica el consejo de un surafricano que descendía: "Cuando subas y te encuentres con los pasos más difíciles gózatelos, si esto fuera fácil, cualquiera lo haría". De hecho, sólo el 5 por ciento de quienes han conquistado la cumbre son mujeres.

Conquistar la montaña sin oxígeno adicional tampoco es tarea fácil. La prueba es que sólo una de cada 30 personas que han ascendido al Everest lo ha hecho sin ese equipamiento, entre ellos sólo dos latinoamericanos. Elkin González, guía e instructor de alta montaña, sufrió las consecuencias de intentar el ascenso en esas condiciones: "No había consumido suficiente alimento y eso, sumado a la falta de oxígeno, no me permitía calentarme". El resultado fue que a 8.600 metros tuvo que devolverse por un severo congelamiento de los pies.

El clima puede ser el peor enemigo y en el Everest las condiciones óptimas para poder llegar a lo más alto son muy fugaces. Pero aunque subir a la cima es el único objetivo para muchos, para este grupo de colombianos no importa si todos no pisaron la cima, porque los que sí lo lograron lo hicieron gracias al trabajo en equipo. "Por eso para nosotros lo más gratificante fue conformar uno muy sólido, integrado además por tres generaciones, desde los 26 años hasta los que ya son abuelos, como Juan Pablo Ruiz, de 50, quien llegó a la cumbre por segunda vez, y Raymond Bodenmann, de 62", asegura Marcelo Arbeláez, otro de los integrantes. De hecho, estos tres últimos, además de Manolo Barrios, son los veteranos que con su experiencia se encargaron de guiar a los montañistas más jóvenes, pero con importantes trayectorias, como Antonio Lozada, Carlos Alberto Camargo y Rafael Ávila, además de Luis Felipe, Elkin y las mujeres.

Sin importar la edad, ni si era la primera vez que algunos estaban ante la blanca majestuosidad de la montaña, todos se dejaron contagiar por el misticismo que impera en el lugar. Antes de iniciar la travesía, los monjes lamas del monasterio Rongbuk realizaron con ellos una ceremonia para pedirles a los dioses por medio de ofrendas de alimentos y bebidas, que les dieran permiso de subir a la madre de las montañas. En esa misma celebración fue bendecidas una roca que los escaladores habían llevado desde la Sierra Nevada de Santa Marta, con un mensaje de sus habitantes, los indios arhuacos. "Se trataba de una manera de unir dos culturas encargadas por la madre tierra de cuidar dos de sus más hermosas creaciones", asegura Marcelo. Por eso, hoy, en lo más alto del Everest hay una piedra que simboliza lo alto que un colombiano puede llegar.