Personaje

¿Esposa o robot?

Cindy McCain trabaja con fundaciones filantrópicas y adoptó a su hija menor en Bangladesh. Aun así, los estadounidenses la ven como una mujer antipática y fría.

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27 de junio de 2008, 7:00 p. m.

Su pelo, muy rubio, siempre está perfectamente peinado y ni el más fuerte viento hace que se mueva un mechón. Su ropa es seleccionada con el mayor de los cuidados, para resaltar su elegancia conservadora pero también su delgado y estilizado cuerpo que no parece el de una mujer de 54 años. Sus ojos azules muy claros producen una sensación helada que no alcanza a compensar su tímida sonrisa. Tampoco le gusta dar muchas entrevistas y no suele compartir sus opiniones ante grandes públicos.

Por eso varios medios han bautizado a Cindy McCain, la esposa de John McCain, el candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, como la esposa robot, en referencia a una película en la que las mujeres perfectas de un pueblo ficticio resultan ser autómatas. Esa perfección ha hecho que el electorado la vea como una persona antipática a diferencia de Michelle Obama, la mujer del candidato demócrata, Barack Obama, quien ha despertado tanto amores como odios, pero no ha pasado inadvertida.

Pero más allá de una apariencia algo estirada y poco carismática se encuentra una mujer sorprendente. Heredera de una familia millonaria que hizo su fortuna en Arizona distribuyendo cerveza, desde pequeña se distinguió por su timidez y su amor por la naturaleza. Después de ser escogida reina en un concurso de rodeo, se fue a estudiar a la Universidad del sur de Califonia. A pesar de que sus padres querían que se enfocara en una carrera administrativa, para que se encargara de la empresa, ella prefirió convertirse en profesora y hacer una maestría en educación de niños especiales. Al regresar a su natal Phoenix comenzó a trabajar en un colegio para niños con síndrome de Down.

Sólo dos años más tarde conoció al amor de su vida, John McCain, entonces asesor de la Armada ante el Senado. Ella tenía 24 años, y él, de 41, estaba aún casado con su primera esposa, Carol. Para completar, durante los cinco años y medio que McCain fue prisionero de guerra en Hanoi, Vietnam, su entonces esposa tuvo un terrible accidente automovilístico que la dejó lisiada y desfigurada. El escándalo se presentó cuando se casaron a los pocos días de que se le concedió el divorcio. "El matrimonio se acabó porque John tenía 40, pero quería volver a tener 25", aseguró su ex esposa varios años más tarde. Con esos antecedentes, Cindy se convirtió, a la vista de los opositores políticos de McCain, en la típica 'esposa trofeo'.

A pesar de que dicen que son una pareja muy unida que habla mínimo cinco veces al día por teléfono, el matrimonio de los McCain ha pasado momentos difíciles. Quisieron empezar a tener hijos desde el principio, pero Cindy tuvo varios abortos antes de quedar embarazada de su hija mayor, Meghan. Como ella decidió entonces que no quería vivir en Washington y se devolvió a Arizona, la mayoría del tiempo en los últimos 28 años la pareja ha vivido a miles de kilómetros de distancia.

Su vocación de servicio llevó a Cindy a crear en 1988 el American Voluntary Medical Team (Avmt), una fundación dedicada a llevar equipos y médicos a países pobres y en guerra. En una de esas misiones, en Bangladesh, la Madre Teresa de Calcuta le entregó una bebé que había nacido con labio fisurado y paladar hendido a quien no iban a poder operar por falta de recursos. Ella no sólo se la llevó a Estados Unidos para que la operaran, sino que la adoptó. Hoy Brigdet tiene 17 años y es la menor de los hijos de la pareja.

Por esa misma época, y después de que le diagnosticaron dos hernias discales, se volvió adicta a las drogas de prescripción contra el dolor. Llegó a tomarse hasta 20 pastillas al día durante cuatro años y siempre lo mantuvo en secreto. Pero cuando la DEA comenzó a investigar la fundación de Cindy, después de que un ex empleado denunció que ella estaba robando medicamentos y pidiendo recetas a los médicos que trabajaban para Avmt, tuvo que confesar todo a su marido y a su familia. Ellos estaban pasando por un mal momento, pues no sólo esa agencia terminó por cerrar la fundación, sino que al senador lo estaban investigando por intervenir a favor del dueño de una inmobiliaria fraudulenta, el caso que fue conocido como Keating Five. Las pruebas a favor de McCain eran unos recibos que demostraban que ellos habían alquilado unas propiedades y que no se trataba de un favor político, pero Cindy los refundió.

La primera persona en oponerse a que McCain lanzara su candidatura en 2008 fue ella. La corta experiencia durante la precandidatura republicana en 2000 había sido bastante traumática para la familia, sobre todo después de que se empezó a publicar la historia de que Bridget era una hija ilegítima que el senador tuvo con una mujer negra. Además, hace apenas cuatro años sufrió un derrame cerebral que la obligó a volver a aprender a hablar y a caminar, por lo que no le llamaban la atención las angustias ni los apuros de una campaña. Recibió fuertes críticas al no querer que se hiciera pública su declaración de renta de 2006 y cuando al final la entregó, se supo que sólo en ese año había ganado más seis millones de dólares, 14 veces más dinero que su esposo. También cuando The New York Times informó que el candidato estaba teniendo una aventura con una joven lobista, ella misma salió a desmentir la historia.

El calor de la campaña aumentó cuando Cindy criticó públicamente a Michelle Obama por decir durante un discurso que "esta es la primera vez en mi vida adulta en que me siento verdaderamente orgullosa de mi país", un hecho inesperado por parte la rubia que siempre se mantiene al margen de las discusiones. "A pesar de que Cindy McCain parece una mujer que no se involucra en los asuntos políticos, se puede predecir que es un verdadero poder detrás del trono. Si llegan a la Casa Blanca, será muy parecida a Nancy Reagan", aseguró a SEMANA Charles W. Dunn, decano de la escuela de gobierno de Regent University en Virginia. Al parecer, fue ella, que según dicen participa activamente en las reuniones de estrategia de campaña, quien aconsejó a McCain para que cambiara a sus directores administrativos cuando comenzaron a quedarse cortos de fondos.

Sus intereses filantrópicos no han mermado y hace parte de la junta directiva de las fundaciones Halo, contra las minas antipersona, y Operación Sonrisa, que opera a niños con deformidades faciales, y viaja con ellos por todo el mundo. Su historia muestra que no es perfecta y, además, cuando no está acompañando a su esposo en campaña, le gusta andar con botas, jeans y el pelo cogido. Nada parecida, en todo caso, a una perfecta mujer robot.