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Estrellas muy especiales

Del 11 al 15 de agosto Fides y Compensar realizarán las XI Olimpíadas Especiales Nacionales, en las que más de 1.000 atletas demostrarán que las limitaciones, en realidad, no existen.

3 de agosto de 2003, 12:00 a. m.

¿En que carrera de atletismo el deportista que va de primero retrocede a la última posición para levantar a otro que ha caído? ¿En qué partido de fútbol cuando un jugador mete un gol lo festejan no sólo los 11 del equipo sino los 22 que están en la cancha? ¿En qué competencia los atletas son igualmente campeones si ganan una medalla de oro como si reciben una cinta a pesar de llegar en último lugar a la meta? Estas escenas no hacen parte de la ficción. Son reales y los colombianos tienen la oportunidad de verlas cada dos años. El escenario, las Olimpíadas Especiales Nacionales que organiza la Fundación para la Investigación y Desarrollo de la Educación Especial (Fides). Y los protagonistas, niños, jóvenes y adultos con retardo mental que durante una semana son estrellas.

Las olimpíadas nacieron hace 25 años como un esfuerzo para integrar socialmente a las personas especiales y como una manera de mostrar sus capacidades al país. Desde entonces es mucho lo que han crecido: "Por esa época sólo participaron atletas de Bogotá, Cali y Medellín y hoy la Fundación tiene presencia en todo el país, a excepción de Vaupés, Vichada y Guainía", cuenta Lucrecia Lloreda de Escallón, fundadora y directora nacional de Fides. Además Colombia ha asistido a seis olimpíadas internacionales y ha invitado a las propias a varios países. Este año el turno es para Venezuela.

En la versión número 11 de este evento participarán cerca de 1.200 atletas especiales en 12 deportes, del 11 al 15 de agosto, en la sede de Compensar y en la Unidad Deportiva El Salitre, en Bogotá. Uno de estos campeones especiales es Alejandro Rodríguez, quien tiene 30 años pero las palabras y la inocencia de un niño de 12. Su fuerte es el tenis, tanto que el hecho de tener una parálisis en el brazo derecho no ha sido un obstáculo para haber ganado tres medallas de oro, episodios que recuerda fielmente gracias a su memoria prodigiosa: "En Medellín le gané a un compañero que medía 1,80. Fue 6-0, 6-4 y de la dicha me encaramé encima de mi entrenador, y luego de una pausa continúa emocionado: La barra es mi mayor felicidad". Con esa misma memoria recuerda que en una oportunidad se enfrentó en un torneo a una persona que no tenía ninguna discapacidad. Alejandro hizo su magistral saque con la mano izquierda y le ganó. El vencido no podía creer que una persona con tales dificultades lo hubiera derrotado y no quiso volver a las canchas en meses. "No son incapaces como se cree, es uno mismo quien les pone límites", asegura Alicia Molina, madre de Alejandro.

"El es muy autoexigente", cuenta Santiago Saavedra, desde hace algún tiempo el mejor contrincante de Alejandro. Se trata de un joven de 17 años, estudiante del Gimnasio Moderno, uno de los 400 voluntarios que participará en las olimpíadas, quien se vinculó a Fides para prestar el servicio social de su colegio, lo que le permitió entrenar a personas especiales. "Al principio uno cree que va a ser muy difícil, que son muy distintos a uno, cuando la única gran diferencia es que ellos son mucho más alegres. En el colegio se solía insultar a otros diciéndoles 'mongólico', pero en realidad uno se está negando la posibilidad de ver la vida de otro modo, como ellos, que son capaces de alegrarse por las cosas que parecen más insignificantes", explica Santiago, quien asegura que él ha aprendido mucho de su alumno.

"También soy cinturón azul en karate y en bolos tuve 97 puntos y fui el jugador del mes", interrumpe Alejandro. "Y yo tuve 85 y fui la cuarta", le dice Pilar Gómez, una atleta de 21 años y su compañera en la Corporación Educativa para el Aprendizaje (Cepa), una de las 260 instituciones inscritas a Fides. "Pero en los caballos Pili es la mejor", agrega Alejandro, quien no se equivoca. Al verla montar sobre Elián, un caballo café muy alto de la hacienda El Refugio, donde entrena todos los martes, parece una experimentada amazona: levanta los brazos, realiza saltos y trota mientras dirige a tres de sus compañeros. "Además ha mejorado su comportamiento, su motricidad y es menos hiperactiva", explica el doctor León Felipe Valencia, médico fisiatra y coordinador de la actividad.

Es difícil imaginar que meses atrás era necesario que un instructor guiara con una cuerda el caballo y le sujetara una pierna para evitar que se cayera. Ahora sonríe con la seguridad que le da el hecho de saber que lo está haciendo bien. Pero de pronto la armonía del recorrido se interrumpe porque uno de sus compañeros cae del caballo. Se trata de Daniel Rodríguez, quien a sus 19 años no sólo se da el lujo de ser un buen jinete y jugador de tenis sino de ser actor de televisión por haber participado en la serie Francisco el Matemático. Como si nada hubiera pasado se levanta del suelo, sonriendo. Así es siempre su actitud, tiene cuatro síndromes asociados pero esto no es un impedimento para dar rienda suelta a su elocuencia: "Fue culpa de las moscas que hacen que el caballo se mueva mucho. Me di en la cola pero por favor no le cuenten a mi novia".

Mientras ellos ya son veteranos en las olimpíadas hay quienes participarán por primera vez y tienen gran ansiedad. Ese es el caso de Juan Mauricio Castaño, de 27 años, quien todos los viernes entrena para superar la prueba de natación de los 25 metros libres y las dificultades que trae consigo tener tendencia autista. "Es bueno para el corazón", asegura con la seriedad que lo caracteriza. Y aunque su ilusión es llevarse una medalla ha entendido bien el lema de estas competencias que dice: "Quiero ganar pero si no puedo quiero tener el valor de intentarlo".

Quienes compiten ya son ganadores. Y quienes los entrenan día a día también lo son: "Manejamos niveles altos de frustración porque es mucho el esfuerzo para realizar la capacitación y el tiempo de respuesta es lento. Sin embargo lo más gratificante es recibir una sonrisa pase lo que pase", dice Claudia Neira, directora de Cepa y voluntaria de Fides. Para Alejandro Escallón, presidente de la Fundación, no hay nada comparable a la emoción de los padres. "Recuerdo en especial un momento en el que una niña recibió su medalla y, como es habitual, dijo gracias. Los espectadores nos quedamos sorprendidos cuando su mamá empezó a llorar y dijo: 'En 14 años esta es la primera palabra que dice mi hija". El doctor Valencia apoya estas opiniones. Para él no hay nada más relajante que preguntarle a Alan, uno de los atletas, cómo está. "Feliz y contento", es su eterna respuesta.

Es obvio que Alejandro, Pilar, Daniel, Juan Mauricio y los demás atletas son especiales, pero no tanto por sus discapacidades sino porque con su esfuerzo las superan y por las lecciones de vida que les dan a quienes conforman el mundo de la gente 'normal'.

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