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“Volví digital la obra de teatro ‘Hembrujas’; esa es mi reinvención en la pandemia”: Claudia Palacios

En entrevista con SEMANA, la periodista habla sobre la lucha de las mujeres por lograr la equidad de género, por qué le gusta que la llamen bruja y da detalles sobre su obra de teatro virtual ‘Hembrujas’.


A lo largo de la historia, las mujeres han protagonizado una lucha constante para demostrar y que les sea reconocido su lugar en la sociedad. En el siglo pasado, la gran hazaña fue cuando las mujeres lograron votar, un hecho sin precedentes. Ahora el reto está en la equidad de género, el cual será alcanzado toda vez que haya una paridad en los altos cargos de las grandes y pequeñas empresas, en el ámbito privado y público, en el trabajo y en el hogar. Temas que aborda, a lo largo de 83 historias, la periodista Claudia Palacios en su libro Hembrujas, con el que ganó el Premio de Periodismo CPB y con el cual sigue dando de qué hablar. Antes de la pandemia, Palacios migró a las tablas al adaptar Hembrujas a una obra de teatro; hoy la obra sigue, pero a través de canales digitales.

SEMANA habló con la periodista, quien confesó la alegría –e incluso orgullo– que le genera que le digan bruja, los retos que ha supuesto la pandemia para seguir llegando a más colombianos con Hembrujas, la equidad de género, entre otros temas.

SEMANA: ¿Qué la inspiró a escribir el libro?

Claudia Palacios (C.P.): El libro, que salió hace un año, es mi aporte a algo en lo que creo que es muy importante para la humanidad entera: la equidad de género. Sin equidad de género no vamos a lograr otras de las metas que necesitamos alcanzar, como la superación de la pobreza, el cuidado del medioambiente, entre otras. Hay que hablar de qué nos pasa a las mujeres por el hecho de ser mujeres y reflexionar sobre qué cosas debemos transformar como sociedad, que hasta hoy consideramos normales porque pasan y pasan y pasan, pero que en realidad no deberían ser normales y que nos afectan no solo como individuos, sino que afectan el desarrollo económico y crean un montón de situaciones violentas, desde feminicidios hasta otras que están más escondidas. Si hablamos de estos temas que parecen que son temas de viejas, pero que en realidad no lo son, nos damos cuenta de que hay sutilezas que hemos normalizado y que, entonces, por eso las mujeres vivimos con eso y los hombres creen que este no es un tema que les incumbe, cuando en realidad sí les incumbe. Por eso quise escribir el libro.

SEMANA: Usted afirma que el libro que inicialmente estaba orientado hacia las mujeres, terminó siendo más para los hombres, ¿por qué?

C.P.: Yo digo que es un libro más para hombres, precisamente porque los hombres no se han sentido tan llamados a reflexionar sobre este tema. Digamos que todo lo que se ha alcanzado en la búsqueda de la equidad de género ha sido abanderado por mujeres, por las feministas desde hace muchas décadas, y los hombres, pues dicen: “no, este es un tema de viejas”. Entonces, cuando se conocen estos testimonios como los de las mujeres de Hembrujas, que son testimonios que seguramente muchas mujeres van a sentirse identificadas con ellos porque a todos nos pasan en ese tipo de cosas, cuando los hombres conozcan estos testimonios y entiendan que esto tiene un impacto en la sociedad, en la violencia, en la economía, en las relaciones con las personas, pues van a decir: “oiga, yo tengo un rol qué desempeñar aquí, este no es un tema viejas, este también es un tema de hombres”.

SEMANA: ¿Cuál es la intención del juego de palabras en el título del libro?

C.P.: El juego de palabras del título del libro es una manera de recoger una de las conclusiones principales a las que yo llegué después de hacer las entrevistas. Es destacar el poder creador de las mujeres. Creo que la palabra ‘hembra’, que describe, entre otras cosas, esa capacidad de dar a luz que tenemos las mujeres, es muy afín con lo que las mujeres en general hacemos, que trasciende el hecho de poder traer más niños y niñas al mundo; es traer proyectos, traer ideas, traer soluciones, aportar un montón de cosas a la sociedad, a la familia, a las personas. Por eso decidí meter la palabra ‘hembra’.

La palabra ‘bruja’ porque, paradójicamente, esta es una palabra con la que, cuando la usan, la usan para insultarnos. Resulta que a mí me parece que este debería ser un gran elogio, me encanta que me digan bruja porque si pensamos en lo que eran las brujas –cuando a las brujas las quemaban–, estas eran mujeres que querían incidir en la sociedad, que querían buscar un espacio en la sociedad por fuera de las paredes del hogar y de los roles de la crianza de los hijos y la atención del esposo. Por supuesto, no está mal criar a los hijos y atender al esposo, pero el punto es que las mujeres que querían hacer algo más, como tú, como Vicky, como yo hoy en día o como tantas mujeres, a nosotras en la antigüedad nos habrían quemado porque queríamos incidir en nuestra sociedad; que nosotras también pudiéramos tomar decisiones y poner a que las cosas que en la sociedad pasaran también tuvieran qué ver con lo que nosotros hayamos opinado. En la antigüedad las quemaban, pero hoy en día no. Hoy en día lo que necesitamos son más brujas y que esa fuerza, esa capacidad, ese conocimiento de las mujeres sea valorado como algo que le aporta positivamente a la sociedad y no como un peligro.

SEMANA: ¿Cuál fue el criterio para adaptar algunas de estas historias al teatro?

C.P.: La obra de teatro no es una adaptación de ninguna de las entrevistas en particular, es una manera de presentar las conclusiones del libro. Ahí, a través de una narrativa que es la creación del universo y con los cuatro actores y yo, que no soy actriz pero que por la equidad de género me metí a dármelas de actriz, vamos interactuando, de manera que hablamos de la inequidad salarial, de la baja participación de las mujeres en política, del impacto que tiene la forma como nos enseñan a vivir nuestra fe en las inequidades entre hombres y mujeres, de las mujeres trans, de las mujeres lesbianas y de qué es el feminismo, de cómo los hombres pueden participar más en la equidad de género, de cómo se beneficia a las empresas cuando hay equidad de género, de la sexualidad. Hablamos de una serie de temas que son sobre equidad de género y las conclusiones que yo recogí sobre esos temas después de entrevistar a estas 80 mujeres.

SEMANA: ¿Alguna anécdota que la haya marcado en particular? ¿Por qué?

C.P.: Yo no diría que alguna anécdota me haya marcado en particular, pero lo que siempre destaco es que la entrevista que tengo siempre presente –porque todas me tocaron, todas me emocionan y me impactaron y me sentí identificada en muchas cosas con todas ellas– es la primera del libro, la que le hice a María Teresa Arizabaleta. Ella es una de las mujeres que luchó por el voto femenino en Colombia y me pone a pensar mucho el hecho de que estas mujeres lucharon –unas 10, otras 20 años– para alcanzar el voto femenino, pero vivieron para votar. No solamente nos dejaron esto como legado a las siguientes generaciones, sino que pudieron ser beneficiarias de esos frutos que alcanzaron con esa lucha que hicieron.

La tengo muy presente porque hoy en día si uno ve que según el Banco Mundial faltarían como 200 años para alcanzar, por ejemplo, la equidad salarial, es muy frustrante que a pesar de tanto trabajo que hay en equidad de género, tantos grupos, tanto discurso, tantos proyectos, pensemos que una de las cosas fundamentales de la equidad de género, que es la equidad salarial, si seguimos a este mismo ritmo nos vamos a demorar 200 o 180 años en algunos países. Yo digo no, mi inspiración son estas mujeres que buscaron el voto porque ellas pudieron vivir para disfrutar los frutos de su lucha y por eso es que hay que hacer algo más, algo diferente, algo nuevo, que nos permita acortar ese tiempo. No podemos esperar 200 años ni 180 para que haya equidad salarial. Eso tiene que pasar ya. Esto es lo que más me hace pensar: qué puedo hacer yo, qué podemos hacer todos para sensibilizar a las empresas, a las familias, a la sociedad civil para que entiendan la importancia de esto y, además, es una cosa también de derechos humanos básicos.

SEMANA: ¿Cómo se le ocurrió llevar su libro al teatro? ¿Tiene que ver con sus gustos como lectora o espectadora de teatro?

C.P.: Yo decidí llevar mi libro al teatro porque creo que este es un tema que genera muchas resistencias, desafortunadamente. Hay muchos prejuicios, muchos conceptos erróneos sobre esto y mucha gente cuando escucha la palabra ‘feminismo’ le da como erisipela y eso es una tristeza, es injusto. A las feministas les debemos muchísimo. Que tú estés ahí trabajando, que yo esté aquí trabajando, que yo haya logrado lo que he logrado y, bueno, tantas mujeres, se lo debemos a las feministas, porque ellas nos han abierto espacios.

Nosotras tenemos la responsabilidad de pensar en nuestra cotidianidad, de qué manera estamos haciendo nuestro trabajo para seguir abriendo espacios y que cuando otras mujeres de las siguientes generaciones opinen, no les caigan encima como le han caído a Vicky o como me han caído a mí, porque buena parte de esas críticas tienen qué ver con el hecho de que somos mujeres y no simplemente con algo que es legítimo como el acuerdo con la argumentación de lo que hicimos o no.

Para volver a tu pregunta, yo dije: bueno, cómo hago para que este tema lo escuchen, este libro lo lean y este mensaje llegue a las personas que no son afines a este tema, las personas que les chirrean los dientes o los oídos y les da como jartera oír de esto. Por eso acudí al arte, porque creo que el arte es un gran catalizador y es una gran herramienta para entregar mensajes. El teatro, porque creo que entre todo el arte posible era uno en el que yo podía participar. Yo no soy actriz ni pretendo serlo, pero alguna vez por ahí hice un curso de actuación y pensé que un día yo iba a ser actriz. No es que sea buena actriz, pero digamos que no me podría poner a hacer una escultura, una canción o una pintura; ahí sí pierdo el año.

Creo que la obra de teatro era algo que yo podía hacer y, por supuesto, no la hice sola. Con Camila Vallejo, que es una de las actrices de la obra y que también es directora de teatro, hicimos el libreto y ella se encargó de conseguir a los otros actores, que son actores profesionales de mucha trayectoria con los que ella ya ha trabajado en muchas obras y que han trabajado en shows muy importantes; así lo hicimos. Quise que fuera una comedia porque creo que es importante mostrar que de estos temas se puede hablar en buena onda, que estos temas nos desafían, nos retan, nos incomodan, pero no por eso tenemos que hacerlos a un lado y decir no lo vamos a hacer. Esto es un reto de nuestra generación, nos tocó así, como a quienes vivieron la Segunda Guerra Mundial, eso les tocó como generación. A nosotros nos tocó esto, la equidad de género es un tema de nuestra generación y tenemos que pensar cuál es el rol que vamos a desempeñar.

Me pareció que el arte el teatro específicamente era un gran catalizador para llevar este mensaje y hacérselo llegar a personas que de otra manera no se interesarían en él y sí lo he logrado porque he presentado la obra, antes de la pandemia, en muchas partes, empresas, universidades y, durante la pandemia, la volví digital, precisamente para que pueda seguir llegando a todo el mundo. Esa es mi reinvención de la pandemia. Costó mucho trabajo grabarla en plena cuarentena, editar, producir, posproducir, todo eso fue un camello. Me la compró Grupo Éxito, que la puso en sus plataformas digitales de capacitación en equidad e inclusión, y son 40.000 empleados y la están viendo, y para mí eso es una gran satisfacción, ver que esta es una herramienta que le sirve una compañía tan grande y tan importante como esa para para capacitar a sus empleados. Se está logrando el objetivo.

SEMANA: Una cosa es escribir perfiles periodísticos sobre una mujer y otra, muy diferente, es adaptarlos al teatro, ¿cómo logró hacer esa adaptación entre estos géneros?

C.P.: Esta no es una adaptación realmente de los perfiles de las mujeres al teatro; obviamente, sí incluyo y hablo de ellas dentro de la narrativa de la obra y salen unos videos en los que ellas.

La obra, que dura una hora, la primera media hora es una es una narrativa alrededor de la creación del universo. Aparece Dios, aparece el hombre, aparecen un par de mujeres y se ponen en todo un lío ahí porque cómo van a salir las mujeres si Dios está diciendo que creará al hombre y las mujeres no son hombres. Esto para abordar un poco el tema del lenguaje incluyente que es tan polémico. A partir de ahí soy como una actriz al margen que va interrumpiendo, apareciendo y desapareciendo, para ir contando qué me enseñaron las mujeres de Hembrujas y, en ese sentido, las voy mencionando a algunas, y, después Dios dice “no, no, yo no quiero ser Dios, porque esto de la equidad de género hace que todos tengamos que estar en el mismo lado, nadie en ningún pedestal. Quíteme ese papel de Dios, Claudia, porque no me gustó eso de ser Dios. Pero, ¿sabe qué? Yo creo que es muy cierto que la mujeres han vivido situaciones de inequidad y yo quiero proponer un concurso para que aprendamos sobre este tema”.

Esa es la segunda media hora, que es como una especie de ‘¿Quién quiere ser millonario?’, en la que se arma un show. Dios y yo somos los presentadores del show y los otros tres actores son los concursantes y son siete preguntas, cada una con un mensaje de género, y los textos son para morirse de la risa. Las actuaciones son buenísimas y llevan al público a morirse de la risa. Lo chévere y lo que es también noticioso es que yo lo hice de la manera que quienes compren la obra puedan interactuar con la obra. Cada una de esas siete preguntas le va apareciendo a la persona que está viendo la obra en su computador y la tiene que contestar para que la obra pueda continuar. Ahí también se va dando cuenta si acertó o si se equivocó, y va reflexionando, que es lo que realmente yo quiero hacer con esto. Al final pasa un desenlace que no voy a anticipar para que la gente se anime y la vea.

SEMANA: ¿Cómo es la puesta en escena de las historias que usted narra en ‘Hembrujas’?

C.P.: La equidad de género es lo que permite que todos los géneros, en condiciones de igualdad, pueden desarrollar sus talentos, sus capacidades, influir, incidir, sin que su género sea una limitante para ello. Esto implica que, entendiendo que la inequidad de género ha sido la norma, hay que construir unas ventajas temporales o transitorias para garantizar esa igualdad de condiciones. Me refiero, por ejemplo, a las cuotas de género. Eso no debería ser lo ideal, pero es lo que toca hacer mientras suficientes mujeres llegan a determinados cargos y hasta que a la sociedad que no le chille ver a una mujer en esos cargos, hasta que esto se vuelva normal, y ya en ese momento pues no habrá necesidad de más cuotas de género.

SEMANA: ¿Cómo define la equidad de género y cómo este término se retrata en las historias que usted adaptó al teatro?

C.P.: El principal reto de participar en una obra de teatro es que yo no soy actriz; obviamente, se nota la diferencia entre mi actuación y la de los otros actores, pero como yo hago en la obra de Claudia Palacios, periodista, yo no interpreto un personaje que no soy yo misma. Creo que fluye bien, interactúa bien con el resto de los actores y actrices. Ese es el principal reto y ya viene lo logístico. Eso de meter todos estos mensajes en una hora fue todo un tema lograr para el libreto. Que sea comedia también es un reto porque una cosa es cuando escribe y otra cosa es cuando uno la actúa, y lograr que la gente de verdad se ría y se entretenga. Y gracias a Dios lo logramos. También hay cositas de ensayo y error que después, viendo los videos, uno dice: bueno, esto no funcionó, cambiémoslo por esto o quitémoslo. Luego toda la logística de grabar, preproducir y posproducir esta obra en pandemia ha sido complejísimo. Además de la labor de comercializar, vender, llamar a la gente, que la gente entienda por qué yo una obra de teatro. Toca explicar y en general ha habido mucha receptividad y eso me da felicidad e impulso para seguir.

SEMANA: Usted ganó el Premio de Periodismo CPB por ‘Hembrujas’, ¿qué significó este reconocimiento?

C.P.: Ganar el CPB por Hembrujas fue muy importante porque las palabras de Juan Gossaín sobre el libro fueron wow. A mí me emocionaron muchísimo porque yo lo respeto como periodista, lo respeto como escritor y la calificación, la opinión que él emitió de mi libro me llenó de felicidad, gratitud y compromiso. Él reconoció algo y es que yo siempre trato de ponerle al máximo a todos mis trabajos: la rigurosidad. Para mí era muy importante que se notara que esto es un tema no de apasionamiento, sino de rigor, y creo que ese reconocimiento así lo demuestra.