El Gran Premio de los Países Bajos de 2026 fue la despedida de un trazado histórico, que hizo vibrar a la fanáticada de la Fórmula 1 desde su monumental regreso en 2021, en pleno furor por la batalla del siglo entre Lewis Hamilton y el local Max Verstappen.

Desde aquel épico triunfo del sensacional piloto de Red Bull Racing, Zandvoort se convirtió en una de las paradas favoritas para los pilotos y los seguidores de la categoría reina. Entre sus desafiantes curvas, sus imponentes peraltes y su atmósfera teñida de anaranjado, el escenario siempre fue sinónimo de adrenalina y espectáculo.
Esta vez, en un marco inigualable por la lluvia que bañó el trazado, quien se llevó la última corona fue un visitante, nada más y nada menos que el vigente campeón del mundo, Lando Norris, quien, con una estrategia brillante, logró marcar un margen contundente frente a los favoritos George Russell y Andrea Kimi Antonelli, del equipo Mercedes AMG Petronas.
Adicionalmente, fue una despedida agria para el hijo más querido de estas tierras. El tetracampeón del mundo abandonó de manera prematura esta carrera por un error de pilotaje. Al arriesgar demasiado en una de las zonas mojadas del circuito, perdió el control de su vehículo y, por ende, chocó contra uno de los muros.

Despedida real
Al ser el último Gran Premio, Zandvoort vio desfilar a toda la realeza neerlandesa, encabezada por la reina Máxima, quien se robó todas las miradas del Paddock, y el rey Guillermo Alejandro, quien le entregó el trofeo a la estrella del equipo McLaren. Estuvieron acompañados por su hija del medio, la princesa Alexia.
Adicionalmente, el príncipe Bernhard van Oranje-Nassau se encargó de ondear la bandera a cuadros.
Dentro de los invitados de lujo también estuvieron Martin Garrix, gran amigo del ganador de la carrera, el campeón del mundial de fútbol Lukas Podolski, el defensor de la selección alemana Nico Schlotterbeck, el músico André Rieu y los magnates Michel de Carvalho y Charlene de Carvalho-Heineken.
¿Por qué Zandvoort abandona la Fórmula 1?
El mundo del automovilismo está construido a base de mucho dinero, por ello, la competencia por albergar uno de estos exclusivos eventos es cada vez mayor. Países del Medio Oriente, impulsados por su músculo financiero y su afán por explotar múltiples fuentes de ingresos diferentes al petróleo, han invertido cada vez más recursos para ser protagonistas del campeonato mundial de la F1.
Además, Estados Unidos ha fortalecido sus relaciones con los actuales dueños de la marca, Liberty Media, por lo que siete de los 24 grandes premios (Arabia Saudita, Qatar, Bahrain, Emiratos Árabes Unidos y tres en suelo estadounidense) se realizan en lugares donde el dinero no es un problema.
Esto ha generado que países de gran tradición como Países Bajos, Bélgica, Italia o España decidan hacer un todo o nada a nivel económico. En el caso de los ibéricos, la apuesta fue en grande, ya que se edificó el Madring, un circuito urbano en la capital, que se estrenará este año y estará fijo en la agenda, además del Circuit de Barcelona, que albergará carreras en 2028, 2030 y 2032.

Sin embargo, en los otros tres países, el desembolso por parte de las instituciones públicas y privadas no ha dejado un balance positivo en los últimos años, por ello, Monza será la única sede en la bota itálica (Emilia-Romagna no renovó desde 2025), Spa-Francorchamps solo tendrá eventos en 2027, 2029 y 2031, y Zandvoort abandonará definitivamente su puesto como anfitrión.
Estas decisiones también responden a las exigencias, cada vez más costosas, de la organización de la categoría. Dichas medidas han sido fuertemente cuestionadas por gran parte de los amantes de la categoría. Expertos como Víctor Abad o Diego Mejía califican como “desprendimiento de la esencia de las carreras” al abandono de estas míticas pistas.
