HISTORIA

La pesada sombra del expresidente Mustafa Kemal Atatürk

Con él se le dijo adiós al califato, se le dio la bienvenida a la República de Turquía y se dio un paso hacia la modernidad. Logros que parecen contrarios al actual régimen de Erdogan.

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Carlos Alberto Patiño*
23 de diciembre de 2018 a las 7:00 p. m.

Desde que Recep Tayyip Erdogan asumió el cargo de primer ministro de Turquía en 2003 y empezó a darle un giro neootomano a su gobierno, la imagen de Mustafa Kemal Atatürk (1881-1938), el gran ícono político de los turcos, se convirtió en una larga sombra. Seguidores y detractores de Erdogan se han enfrascado en un debate político sobre si este transita por la ruta del legado de Atatürk o, si por el contrario, está abriendo una senda que borra dicha historia, al introducir una versión islamista más radical en la vida del Estado que gobierna desde Ankara.

La controversia surge porque el expresidente dejó un recuerdo imborrable. Fue el gobernante más importante de la Turquía moderna, al menos por tres razones. Primero, como militar destacado durante la Primera Guerra Mundial lideró la recuperación del centro de la península de Anatolia, el corazón político y estratégico del Imperio Otomano, amenazado por los rusos e invadido en esta confrontación por las tropas aliadas, especialmente británicas y francesas.

Atatürk fue cercano a Enver Pasha, líder de la revolución de los Jóvenes Turcos, y ministro de Guerra entre 1914 y 1918, al hacer las veces de gran soporte militar y político. De esta manera reclutó un ejército nuevo en el interior de la península, con el que pudo expulsar a los aliados del territorio anatolio y a la vez sentar los cimientos del cambio que se avecinaba.

Lo segundo es que Atatürk creó el nuevo país que reemplazó al Imperio Otomano y se convirtió en la Turquía moderna, un Estado nación que debía albergar a una sociedad y a unas instituciones públicas y militares laicas. Por ello los turcos empezaron a educarse en la ciencia moderna gracias a universidades conectadas globalmente, y las autoridades tenían la misión fundamental de garantizar el carácter laico y secular del Estado. Dicho de otra forma, los militares asumieron con Atatürk un papel tutelar de laicidad y republicanismo clave en la historia de la Turquía contemporánea, que justificó los excesos de los golpes militares del siglo XX.

También marcó la herencia de Atatürk un tercer factor: la eliminación del califato asentado en el sultán otomano del momento. Esta figura se basaba en la creencia de que los califas eran sucesores de Mahoma y, en consecuencia, delegados para conducir a la comunidad musulmana. Atatürk obligó a la marcha de marzo de 1924 contra Mehmed VI, quien gobernaba desde el palacio conocido por los occidentales como la Sublime Puerta, y había perdido su cargo de sultán en noviembre de 1922. El último de los sultanes murió en el exilio el 16 de mayo de 1926.

Con estas tres acciones, más muchas otras de carácter político, militar, económico y social, Atatürk proclamó la República, reformó la sociedad, abrió las puertas a la emancipación femenina, occidentalizó la escritura y sentó las bases de la Turquía contemporánea. Una que hoy se ve amenazada, como lo ha expresado el escritor Orhan Pamuk, por el “nuevo sultán” Erdogan.

*Profesor titular de la Universidad Nacional de Colombia.