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Un libro para llevar la contraria por Alejandro Gaviria, ministro de Salud

El nuevo libro del ministro de Salud, Alejandro Gaviria, es, ante todo, una declaración de principios de un hombre que tiene por principio llevar la contraria.

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23 de noviembre de 2016 a las 7:00 p. m.

ALGUIEN TIENE QUE LLEVAR LA CONTRARIA - Alejandro Gaviria

Para Alejandro Gaviria, hoy ministro de Salud, la figura del reformador tiene naturaleza trágica, porque su respetabilidad –la del reformador– “viene de su insistencia en hacer lo que toca, en contra de las fuerzas (mayoritarias) de la insensatez, el oportunismo y la indiferencia”.

Ir a contracorriente es la vía del agente del cambio social, en consideración de Gaviria, quien, además de desarrollar tareas como académico e intelectual, ha decidido –todo parece indicar que a pesar suyo– adelantar una carrera pública.

Desde esta perspectiva, su nuevo libro Alguien tiene que llevar la contraria tiene mucho –aunque no exclusivamente– de declaración de principios. Liberal radical, escéptico, reformador gradualista, intelectual y hombre de acción pública son algunos de los apelativos que podrían conformar los rasgos de la personalidad de quien es considerado hoy uno de los más destacados miembros del Gabinete del presidente Juan Manuel Santos; y esos rasgos son los que quedan en evidencia en el libro que acaba de lanzar, bajo el sello Ariel de la Editorial Planeta.

La obra consta de 12 ensayos (además de un memorial a favor del sistema de salud colombiano), estructurados en tres capítulos. El autor aclara que estos textos han sido desarrollados en los últimos cinco años, que han coincidido con su trabajo al frente del Ministerio de Salud. Dice que este esfuerzo ha sido posible robándole tiempo al sueño y a la familia. Pero es claro que la obra no es un producto fortuito ni un simple divertimento: está articulada con los demás esfuerzos de Gaviria quien, como buen liberal, considera que, además de hacer reformas hay que impulsar discusión pública; así, mientras tiene que lidiar con las riendas de una institución clave como el Ministerio de Salud, se da el lujo de mostrar fuerzas para escribir una obra donde explica la fuente de donde manan buena parte de las ideas que lo guían.

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No hay que olvidar que Gaviria forma parte de ese grupo de hombres de ciencia y pensamiento que han optado por una carrera pública. Es un hombre de pensamiento, pero práctico; escéptico, pero comprometido.

Por eso tiene fe (hay que aceptar esta contradicción en un agnóstico) en que “el conocimiento práctico construye”, aunque su escepticismo lo lleve a entender que “el cambio social no es cuestión de todo o nada, es cuestión de más o menos”. En estos escritos revela que es necesario esforzarse por modificar el statu quo, aunque nadie agradezca tal lucha, pues, ratifica, la tarea del reformador es trágica.

Gaviria deja en evidencia así que es un hombre pragmático; no en el sentido cínico y utilitarista de quien busca su propio bien a toda costa, sino en el sentido esperanzador de quien cree posible el cambio social –así sea a cuentagotas– y emprende tal tarea.

Eso lo lleva a descreer de los cambios abruptos y las refundaciones de los pueblos; pues, sin decir nombres propios, explica que hay muchos ejemplos en el vecindario de lo destructoras que son las revoluciones.

En este libro, todos los autores de los que habla, todas las referencias a las que acude y todos los temas que aborda justifican esa posición de un hombre que se mueve entre las ideas y la práctica y que busca el cambio social efectivo.

Marx, Darwin, Orwell, Piketty, Jorge Isaacs, Estanislao Zuleta, Hirschman, el liberalismo, la democracia, la meritocracia, la lucha contra las drogas… Todo ello aporta en la disputa interna de un hombre de reflexión que se ha decidido igualmente por la acción pública.

La lectura de este libro es recomendada, en primera instancia, para informarse sobre los temas abordados por el autor, pues claramente la obra también tiene un sentido didáctico. Sin embargo, por haber sido engendrado en medio del agite de la vida pública, es necesario también leerlo en clave de confesión, como obra de alguien convencido de las posibilidades del cambio social y que lo está buscando.

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