Cada cuento que comprende esa novela se sumerge en un pasaje puntual de la rutina más insustancial y corriente de personajes encuadrados en lo rural, derrotados por la complejidad de la existencia monótona y superados por las relaciones humanas: un verano caluroso, una reyerta entre mujeres en el partido de fútbol que juegan sus esposos y hermanos, un velorio, un viaje para devolverle el muerto a una familia que no sabe que su ser querido yace dentro de un cajón de madera mal ensamblado, el hijo pródigo que cuida a su madre carcomida por una enfermedad tan miserable que ni siquiera recuerda que la cicatriz que le parte en dos su vientre alguna vez vio nacer a su vástago.

Todo tiene cabida en esta obra de historias pequeñas protagonizadas por personas consumidas por la intensidad de las cosas mínimas: violencia, amores de adolescencia, sexo explícito, desasosiego, celos, mujeres que sueñan con violaciones, la pesadumbre, las tradiciones y los apegos. Pero por encima de toda esta maraña de vivencias y emociones está el abandono, ese fantasma de un amor caduco que se transforma en el desapego más devastador.
*Editora de Semana Educación.
