I
Domingo
Apartados los trabajos con números, la inevitable bajada desde
el cielo, y la visita de los recuerdos y la sesión de los ritmos
ocupan la morada, la cabeza y el mundo del espíritu.
— Un caballo parte veloz en el hipódromo de las afueras, a
lo largo de los campos de cultivo y de las zonas del bosque,
perforado por la peste carbónica. Una miserable mujer de
drama, en algún lugar del mundo, suspira tras abandonos improbables.
Los forajidos languidecen tras la tempestad, la borrachera
y las heridas. Niños pequeños sofocan maldiciones a
lo largo de los ríos. —
Reanudemos el estudio con el ruido de la obra devoradora
que se reagrupa y vuelve a levantarse en las multitudes.
II
Soneto
Hombre de constitución normal, la carne ¿no era una fruta que
cuelga en el vergel, — ¡oh días niños! el cuerpo un tesoro que
prodigar; — ¡oh amar! el peligro o la fuerza de Psiquis? La
tierra tenía vertientes fértiles en príncipes y artistas, y la des -
cendencia y la raza empujaban a los crímenes y a los lutos: el
mundo fortuna vuestra y peligro vuestro. Pero ahora, colmada
esta labor, tú, tus cálculos, tú, tus impaciencias — ya no son
más que vuestro baile y vuestra voz, no establecidos y nada
forzados, aunque por razón de un doble acontecimiento de invención
y de éxito de una temporada, — en la humanidad fraterna
y discreta por el universo sin imágenes; — la fuerza y el
derecho reflejen el baile y la voz que sólo ahora empiezan a
valorarse.
III
Veinte años
Las voces instructivas exiliadas… La ingenuidad física amargamente
venida abajo… — Adagio. ¡Ah! El egoísmo infinito
de la adolescencia, el optimismo estudioso; ¡que lleno de flores
estaba el mundo aquel verano! Los aires y las formas moribundas…
— ¡Un coro, para calmar la impotencia y la ausencia!
Un coro de cristales, de melodías nocturnas… En efecto,
pronto han de zozobrar los nervios.
IV
Todavía estás en la tentación de Antonio. El jolgorio del interés
abreviado, las manías del orgullo pueril, la postración y el
espanto.
Pero emprenderás este trabajo: todas las posibilidades
armónicas y arquitectónicas se conmoverán en derredor de tu
asiento. Seres perfectos, imprevistos, se ofrecerán para tus experimentos.
A tus alrededores afluirá soñadora la curiosidad
de antiguas muchedumbres y de lujos ociosos. Tu memoria
y tus sentidos no serán sino alimento de tu impulso
creador. En cuanto al mundo, cuando tú salgas, ¿en qué se
habrá convertido? En todo caso, ninguna de las apariencias
actuales.
