NO USAR, USO EXCLUSIVO MEJOR COLOMBIA, Especial Eje Cafetero, Mujeres
Elizabeth Sepúlveda vive en el corregimiento de Combia Alta y hace parte de la tercera generación de caficultores de su familia. - Foto: archivo Particular

especial eje cafetero

A punta de innovación y sacrificio las mujeres se abren espacio como emprendedoras del café

Dos historias inspiradoras de mujeres que empoderan a otras mujeres para que crezcan en esta industria y sigan poniendo al Quindío en la boca del mundo.

En el corregimiento de Combia Alta, a solo 30 minutos del centro de Pereira, está ubicado el único sendero universal dentro de una plantación de café en Colombia, acondicionado para personas con discapacidad física, visual y auditiva, además de adultos mayores. A través de esta iniciativa, se busca apostarle al ‘turismo cafetero consciente’ y de esta manera aportar a la inclusión y a la accesibilidad de las experiencias asociadas al café.

El proyecto arrancó cuando Elizabeth Sepúlveda, quien nació en el municipio de Dosquebradas y hace parte de la tercera generación de caficultores de su familia, junto con su esposo y guía profesional en turismo, Arvey Granada, decidieron comprar una finca productora de café en la zona rural de Pereira. Este terreno, conocido como La Unión, fue reconstruido y adecuado para recuperar la arquitectura típica cafetera, llena de color y naturaleza.

Desde 2020, la finca se convirtió en La Unión Coffee Farm, una empresa que fusiona el servicio de alojamiento con experiencias rurales como la producción del café arábigo de alta calidad, de plátano y otras frutas. “Lo que queremos es mostrar la vida del campo y combinarla con el turismo sostenible”, precisó Sepúlveda.

Precisamente, las actividades que realizan están enmarcadas por estrategias que contribuyen al desarrollo social, cultural y ambiental. Además de tener el sendero de 100 metros lineales para personas con discapacidad, cuenta con diferentes experiencias sensoriales. Una de ellas es ‘Ver las aves con las manos’, que consiste en que las personas puedan conocer las aves de la región a través de réplicas talladas en madera.

Lina Marcela Múnera llegó hasta este rincón de Combia Alta para tener una experiencia cafetera con todos los sentidos, sin que su discapacidad visual pudiera convertirs

e en un obstáculo. “Queremos darles herramientas para que sepan que las barreras están solo en la mente”, aseguró Sepúlveda. A través de ‘Sensaciones para entender el café’, turistas como Múnera pueden experimentar sabores, texturas y olores del café en cada uno de sus estados de transición: desde la planta hasta la taza. También cuentan con guianza en lengua de señas colombiana, lo que garantiza que las personas con discapacidad auditiva puedan disfrutar de la experiencia.

Café Means Coffee

Sara Bedoya tiene 26 años y pertenece a la quinta generación de una familia caficultora del Quindío. Aunque a los 9 años se fue a vivir a Estados Unidos, donde cursó la mayoría de sus estudios, al igual que en Francia y China, sus raíces la mantuvieron cerca de Colombia. De hecho, se decidió por la carrera de relaciones internacionales con la idea de dar a conocer al mundo el producto al que su abuelo y padre le dedicaron su vida.

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Sara Bedoya es la quinta generación de una familia caficultora en Quindío. Hoy trabaja por las mujeres cafeteras del país. - Foto: archivo Particular

“A mí papá lo recuerdo poniéndole mucho esfuerzo a la transformación de cafés especiales y a que la gente en Colombia tomara un buen café; algo en lo que tristemente falta mucha cultura, a pesar de ser un país caficultor. Los mejores cafés salen al mercado internacional”, comentó Sara, quien al terminar la universidad decidió regresar para conectarse con sus orígenes, aprender más de su padre y buscar cómo aplicar sus conocimientos para contribuir al desarrollo del país.

Al principio trabajó como líder de experiencias en el Café Jesús Martín, propiedad de su papá. “Le hacía los recorridos a los extranjeros que llegaban a la tienda en Salento. Los llevaba a la finca, les hablaba de la selección de la semilla y de los procesos. Luego volvíamos al pueblo para conocer la fábrica, donde tenían la oportunidad de probar un café de alta calidad en origen. Algo que hace 30 años no se veía”, explicó.

La industria del café la conquistó, al punto que creó su propia marca, Café Means Coffee, con la que llegó a tener una barra en Salento donde ofrecía este café, el de su familia y el de diferentes mujeres caficultoras de la región, “lo que me permitió al visibilizar un café que quizá ellas no podían sacar al mercado”, asintió. Por su labor, la International Women’s Coffee Alliance (IWCA, por su sigla en inglés), la invitó a participar en el capítulo Colombia. Fue vicepresidenta y recientemente reelecta para formar parte de la junta directiva junto con ocho mujeres más.

Claudia García Wagner, una quindiana que vivía en Boston, Estados Unidos, se propuso garantizar que la IWCA, cuya misión es empoderar a las mujeres en la comunidad cafetera global para lograr vidas significativas, sostenibles y dignas, tuviera un capítulo en Colombia. Hoy el país forma parte de las redes, las colectividades y agrupaciones que en distintos lugares tienen como agenda común las mujeres cafeteras.

El objetivo es alentar y reconocer la participación de la mujer en todos los aspectos de la industria del café: empoderarlas, conectarlas y apoyarlas para que avancen en sus proyectos productivos. Actualmente, IWCA trabaja para crear alianzas estratégicas con diferentes entidades nacionales e internacionales y brindarles a sus asociadas oportunidades de crecimiento personal y empresarial. Además, quieren crear subcapítulos para tener la representación de mujeres cafeteras de cada departamento de Colombia.

Querida Café

Uno de los mayores retos para los productores y comercializadores de café es generar un valor agregado que transmita historias, genere sensaciones y cree experiencias. Esta es la apuesta de Querida Café, que nació en la vereda La Pola de Manizales con el fin de promover el diálogo, el bienestar y el amor propio como una herramienta de sanación.

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Hanny Suárez encontró en el café una herramienta para promover el amor propio. - Foto: archivo Particular

Este proyecto innovador arrancó después de que Hanny Suárez, su directora ejecutiva, fuera diagnosticada con cáncer de tiroides y sufriera problemas de salud mental. A raíz de su situación, quiso que las personas, sobre todo mujeres, pudieran encontrar en el café herramientas para construir prácticas emocionales sanas.

“Tomarse una taza de café es un proceso interno. A través de esta bebida podemos conversar, conocer, conectar, comunicar y, sobre todo, sanar nuestro mundo, sea con nosotros mismos o con otras personas”. Y agregó que también es una forma de celebrar cada historia, vivencia, alegría o tristeza, y de tener una actitud positiva ante la vida, sea cual sea el desafío que tengan las mujeres”.

La producción de Querida Café se concentra en la finca La María, que lidera Luis Eduardo Osorio, quien lleva más de 30 años siendo cafetero, y su hijo Felipe, esposo de Hanny Suárez y director de operaciones de este emprendimiento. La María está incluida en el Plan 2.000 fincas de la Federación Nacional de Cafeteros, el cual reconoce caficultores con cualidades empresariales.

‘Café consciente’ es el concepto de este proyecto agroindustrial que crece amparado en valores asociados a la sostenibilidad ambiental y social, explicó Osorio. Las mujeres de la región también son protagonistas de la producción de Querida Café, pues son ellas quienes se encargan del proceso de selección, el secreto para garantizar la calidad del producto. “Producimos un café especial que se consigue en los marketplaces y ahora tenemos la gran apuesta de exportarlo para que sea conocido en más”, contó Osorio.