OPINIÓN

Vivi Barguil Bechara

¿Cuál es tu propósito de vida?

Esta columna de Vivi Barguil invita a una profunda introspección, a partir de una pregunta: ¿Estás viviendo en coherencia con lo que le da sentido a tu vida, o sigues postergando el llamado que un día podría cambiarlo todo?
20 de abril de 2026 a las 9:28 p. m.

Hace poco más de un mes recibí una invitación muy especial: ser parte del Círculo de Mujeres de la Revista Semana. Con ella llegó también el compromiso de escribir una columna mensual. Lo asumo con responsabilidad, pero, sobre todo, como una oportunidad valiosa para poner en palabras muchas ideas que a veces se quedan solo en la mente.

Quise que esta primera columna fuera una puerta de entrada: que me conozcan, que entiendan de dónde vengo y, sobre todo, cuál ha sido ese camino que me llevó a descubrir mi propósito de vida.

Mi nombre es Marie Vivianne Barguil Bechara, tengo 52 años y soy de Montería, Córdoba. A los 16 años me fui a vivir a Estados Unidos y desde 1991 vivo en Bogotá. Aún conservo mi acento, y siempre digo —medio en broma, medio en serio— que quien lo pierde es por falta de personalidad.

Estudié Comunicación Social y Periodismo en la Universidad de La Sabana y luego hice un máster en Relaciones Internacionales en la Universidad Javeriana. Mi vida profesional ha sido diversa: cada experiencia fue sumando, construyendo y enseñando. Por ejemplo, cuando fui jefe de prensa de la Armada Nacional, conocí lugares de Colombia que jamás imaginé pisar y aprendí a valorar profundamente a nuestras Fuerzas Armadas. También hice un emprendimiento con mi hermana; aunque ese proyecto no continuó por circunstancias adversas, fue una etapa llena de aprendizajes.

Sin embargo, a pesar de todo lo que hacía y lograba, había una sensación persistente: algo faltaba. Me sentía incompleta. Fue entonces cuando decidí hacerme una pregunta que, aunque simple, cambió todo: ¿cuál es mi propósito de vida?

No fue una respuesta inmediata. Me tomó tiempo, introspección y valentía reconocerlo. Descubrí primero un propósito profundamente personal: ser mamá. Sentía que, como mujer, era un sueño esencial para mí, y no lograrlo me habría dejado un vacío. Gracias a Dios, ese sueño se cumplió y hoy puedo decir que es mi mayor felicidad.

A partir de ahí, encontré un segundo propósito, uno que trascendía lo individual: servir. De esa convicción nació la Fundación a la Rueda Rueda, que ha sido y seguirá siendo el trabajo más significativo de mi vida. Es el lugar donde mi vocación cobra sentido todos los días.

Ver cómo cada proyecto avanza, trabajar incansablemente por alcanzar objetivos y, sobre todo, aportar al desarrollo de niños, niñas y adolescentes, es un sentimiento difícil de describir. Es saber que lo que hago tiene un impacto real, que estoy trabajando por un objetivo mucho más grande que yo.

Hoy entiendo que el propósito no siempre llega de inmediato. A veces se construye con los años, con las decisiones que tomamos y, sobre todo, con la honestidad de escucharnos a nosotros mismos. No siempre es evidente, ni perfecto, ni lineal. Pero cuando aparece —cuando uno se atreve a reconocerlo— todo empieza a ordenarse de una manera distinta.

Porque el propósito no es una idea lejana ni un concepto abstracto. Es algo que se siente, que incomoda cuando se ignora y que transforma cuando se abraza. Es lo que le da dirección a nuestras decisiones y sentido a nuestra historia.

Por eso quiero cerrar con una pregunta para quien me lee: ¿estás viviendo en coherencia con lo que realmente le da sentido a tu vida, o sigues postergando ese llamado que podría, como un día lo hizo conmigo, cambiarlo todo?

Vivi Barguil, directora de la Fundación A la Rueda Rueda