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| 1/9/1984 12:00:00 AM

¿EMPIEZA YA LA TERCERA GUERRA?

Cada día hay más dedos en el gatillo atómico y las posibilidades de una guerra ya no dependen solamente de la decision de las superpotencias

¿EMPIEZA YA LA TERCERA GUERRA? ¿EMPIEZA YA LA TERCERA GUERRA?
Hace tres años, dos estudiantes de física de la Universidad de Princeton presentaron una monografía sobre "Cómo construir una bomba atómica". Para sorpresa de sus profesores, y posteriormente del Departamento de Estado, esas cuantas hojas a máquina presentaban en detalle las instrucciones para construir un artefacto, que si bien era algo primitivo, podía perfectamente provocar una explosión atómica. El revuelo que causó hizo que la CIA se pusiera a investigar si habían sido violados los secretos nucleares norteamericanos, para llegar a la conclusión de que toda la información utilizada por los muchachos era de fácil acceso y de dominio público. Los principios fundamentales de la fisión nuclear se encuentran hoy diseminados en los libros de física y en las revistas profesionales, y sólo se requiere ingenio para combinarlos y construir un artefacto nuclear.
Definitivamente, el monopolio sobre el poderio nuclear es asunto del pasado. Los Estados Unidos lo tuvieron durante 10 años, pero luego otros países como Rusia, Francia e Inglaterra se unieron al club. Hasta aquí se suponía que se trataba de países "responsables", que evitarían a toda costa el desencadenar un enfrentamiento atómico. Sin embargo, más tarde, el mundo se enteró con pánico que la China de Mao (por entonces aislada y amenazante) también tenía su bomba.
A pesar de los intentos de las superpotencias por frenar la diseminación de las armas nucleares, nadie pudo impedir que Israel llegara a poseer los elementos para construir la bomba atómica, y que otro tanto hicieran naciones como la India, Argentina y el Brasil.
Hace dos años, Irak estaba a punto de desarrollar su propia bomba, cuando su reactor nuclear fue destruido en un ataque sorpresivo por la aviación israelí.
Cada día hay más dedos en el gatillo atómico, y por tanto las posibilidades de una guerra nuclear ya no dependen tan sólo de una decisión--o un error--de las superpotencias, sino de varios paises, muchos de ellos trenzados en irresolubles conflictos regionales que podrían tener menos reparos en recurrir a la bomba atómica.
Los analistas se preguntan temerosos sobre qué hubiera hecho Irak hoy día en su guerra con Irán si dispusiera de la bomba atómica, o qué haría Khadafi si la tuviera en sus manos.
¿DECISION O ERROR?
A este incierto panorama se suma el hecho de que la Casa Blanca y el Kremlin--vivamente interesados hasta ahora en mantener un equilibrio que ahuyente la confrontación atómica--han visto llegar sus relaciones a un grado de enfriamiento casi sin precedentes. El momento más crítico se dio en días recientes, cuando el Parlamento oeste-alemán, contra el querer de gran parte de la población de ese país, aprobó por un margen de 60 votos la instalación en territorio germano de los misiles Pershing II, enfilados hacia territorio soviético.
En airada respuesta, los rusos se retiraron un día después de las conversaciones sobre desarme que adelantaban con los norteamericanos en Ginebra, y prometieron que instalarían más proyectiles en los mares y en los países de Europa Oriental.
Tanto la proliferación de las armas nucleares como el deterioro de las relaciones entre las superpotencias aumentan en forma alarmante la factibilidad de que se desencadene un apocalipsis atómico. Y como si esto fuera poco, hay un gran margen de error--bien sea humano o técnico- que puede precipitarla. Filtraciones del Pentágono han permitido conocer que, a mediados de los 60, un meteorito fue confundido con un misil soviético, y que en 1980 una falla en el computador que controla el sistema de defensa casi ocasiona el despegue de los bombarderos estratégicos B-52.
A lo anterior hay que agregarle el hecho de que los mecanismos de control soviéticos son considerados de inferior calidad y por lo tanto más propensos a equivocarse.
Sin embargo, los expertos consultados por SEMANA se inclinan más a creer que si la guerra estalla, no será por error sino por decisión. Esto no es mera especulación, sino simple recuento de múltiples experiencias pasadas, cuando la posibilidad de arrojar una bomba fue seriamente considerada por alguna de las dos superpotencias. Se sabe que los Estados Unidos lo han pensado en aquellas ocasiones en que se les avecina una derrota militar, como en Viet-Nam en 1964 y en 1954, lo mismo que en 1969.
CON UNO BASTA Y SOBRA
El lema "paz a través de la fuerza" parece ser la guía en este azaroso esfuerzo por mantener desactivada la guerra atómica enfriando rápidamente las situaciones de roce entre las potencias. Según lo formula el presidente Reagan, la mejor garantía para la paz es que tanto Moscú como Washington sepan que la mutua destrucción podría ser tan devastadora que ninguno se atreva a atacar al otro. Los partidarios de esta argumentación han llegado a convertirla en un sofisma, exacerbante para unos tranquilizador para otros: "solo la carrera nuclear desbocada pueda frenar el estallido de la guerra".
El resultado práctico de tal concepción es que las cabezas nucleares en el mundo han superado la cifra de 50.000 y que tanto los Estados Unidos como la Unión Soviética han acumulado suficiente potencial para destruirse mutuamente alrededor de 50 veces. La mejor analogía de esta situación la hizo Carl Sagan, un astro físico de la Universidad de Cornell, para quien la cosa es "como si dos hombres empapados en gasolina se encontraran encerrados en un cuarto.
El primero tiene 9.000 fósforos y el segundo 7.000, y lo único que les preocupa es seguir acumulando más y más fósforos.
Con negro y agudo sentido del humor, el general De Gaulle retrató de cuerpo entero lo delirante de este panorama cuando, recién fabricada la bomba francesa, un reportero le preguntó: "General, de que sirve la rudimentaria bomba de su país, cuando los Estados Unidos tienen un arsenal que puede destruir 10 veces a los rusos, y éstos tienen otro que puede destruir 10 veces a los norteamericanos" A lo cual De Gaulle respondió: "Nuestra bomba puede matar una vez a la población rusa o norteamericana, y como el hombre no muere sino una vez su potencia es suficiente para los propósitos militares de Francia".
SI LLEGA A ESTALLAR...
Si, pese a todas las medidas preventivas en el campo diplomático y político, la guerra nuclear efectivamente estalla, como muchos temen, las consecuencias serían tan incalculablemente regresivas para la historia de la humanidad, que en una oportunidad Albert Einstein dijo: "no sé cómo vaya a ser la tercera guerra mundial, pero estoy seguro de que la cuarta va a ser peleada con piedras y garrotes".
Las terroríficas consecuencias de una explosión nuclear sobrepasan todos los límites de la imaginación. A diferencia de las bombas tradicionales que sólo producen una onda destructora cuando explotan, las armas nucleares tienen variados efectos en tiempo e intensidad. El primero es llamado "radiación nuclear inicial" y en una bomba de tamaño "mediano" con potencia de un megatón (es decir un millón de toneladas de TNT, equivalente a 80 veces la fuerza destructora de la lanzada en 1945 sobre Nagasaki) alcanza a matar gente que se encuentre al aire libre en un radio de 5 kilómetros.
Casi al mismo tiempo, con la radiación, un impulso electromagnético es emitido, produciendo corto circuito en cualquier aparato que genere electricidad, incluidos los automóviles.
El tercer efecto de la bomba es la emisión de una luz brillante acompañada de un intenso calor (hasta 90 grados centígrados). En el caso de un proyectil de un megatón el calor puede causar quemaduras de segunda grado a personas expuestas a más de 15 kilómetros del epicentro de la explosión y producir ceguera parcial o total. Aún peor, si la bomba es de tamaño más grande, es decir, 20 megatones (hay hasta de 40 megatones sería fatal hasta casi 50 kilómetros de distancia y elevaria la temperatura a varios miles de grados centígrados.
El cuarto efecto de las explosiones es una ola de aire que puede alcanzar velocidades hasta de 800 kilómetros por hora y destruir cualquier construcción en un radio de 7 kilómetros.
Finalmente, a medida que sube la bola de fuego creada por la bomba, condensa agua de la atmósfera formando el característico hongo, llevando consigo miles de particulas que en los días siguientes caerán al suelo cargadas de niveles de radiación letales que se pueden extender por semanas.
Algunos autores sostienen que varias bombas detonadas al mismo tiempo generarían en la atmósfera una gruesa capa de partículas conocida como "polvo nuclear" que impedirían el paso de un 95% de la luz del sol, generando un "invierno nuclear" que duraría meses, evitando el proceso de fotosíntesis de las plantas y bajando la temperatura a menos de diez grados centígrados bajo cero.
Como es evidente, la perspectiva no es muy alentadora. Hay quienes sostienen que en caso de la detonación de más de 15.000 megatones el oxígeno se consumiría con la combustión conjunta y que el ozono de la atmósfera, que evita el paso de los rayos ultravioleta, podría desaparecer.
Como resultado, a mediano plazo cualquier sobreviviente en cualquier lugar de la Tierra se vería limitado a vivir en refugios bajo la superficie y, en caso de salir, se vería amenazado por la inminencia de contaminación radiactiva ya sea del suelo o del sol.
Curiosamente, se ha comprobado que la única especie animal prácticamente inerme a esta catástrofe serían los insectos y la única especie vegetal sería el pasto. Por último, hay que tener en cuenta que la descripción anterior no hace ninguna referencia a la muerte paulatina debida a la desaparición de los alimentos, la propagación de enfermedades, la ausencia de drogas y de tratamiento médico y la eliminación de recursos como el agua o la electricidad.
Según anota el grupo anti nuclear Ground Zero si hay guerra "es más afortunado el que muere que el que permanece vivo". -

¿EN EL TERCER MUNDO QUE?
Los científicos soviéticos y norteamericanos se han puesto, al menos, de acuerdo en lo que respecta a los efectos de una querra nuclear en los países del Tercer Mundo: dichos países tropicales no se hallarán protegidos contra la devastación producida por la misma, aunque dicha .querra se desarrolle solamente en el norte.
"En una guerra nuclear no habrá vencedores ni vencidos", declaró Yuri Israel, de la Academia Soviética de las Ciencias.
Aún un ataque unidireccional de más de 100 megatones (un megatón tiene la fuerza de un millón de toneladas de TNT) contra poblaciones urbanas podría resultar en un "invierno nuclear" global, declararon dos eminentes científicos norteamericanos, el físico Carl Sagan y el biólogo Paul Erlich.
"Quienes piensan en el hemisferio austral que se trata de un problema exclusivo del hemisferio septentrional deberán, desgraciadamente, revaluar su manera de pensar", amonestó Sagan.
Hasta un total de 1.1 mil millones de personas perecerían inmediatamente como resultado de una guerra nuclear en gran escala, un número similar requeriendo asistencia médica, en gran parte inobtenible, mientras que los efectos a largo plazo serían todavía aún más serios.
En el espacio de una semana después de una guerra de este tipo la luz solar en el Norte quedan, reducida a 1-2% de lo normal, como resultado del hollín procedente de los incendios y de los escombros lanzados al aire por las explosiones. Los humos procedentes de los íncendios urbanos serían tóxicos, debido a los plásticos y materiales sintéticos utilizados en la construcción de las ciudades modernas. Este velo de humos, polvo y radioactividad se esparciría en dirección sur, posiblemente de manera muy rápida, pudiendo llegar a cubrir el planeta entero.
La oscuridad producida por esta nube interferiría con la fotosíntesis y las cadenas alimenticias quedarían destruidas. Los resultados biológicos serían mucho más profundos que ninguno de los acontecimientos ocurridos en el planeta durante los últimos 65 millónes de años .
Las temperaturas experimentarían un considerable descenso y se mantendrían en dicha situación durante meses produciendo condiciones glaciales en el norte y temperaturas bajo cero en el sur. En el norte, las cosechas no llegarían a fruición y la mayor parte de los supervivientes ,oerecerlan de inanición. Como resultado de las bajas temperaturas de entre--15+C y--25+C que seguirían inmediatamente a la guerra, el agua potable se congelaría, excepto en las zonas costeras y, en consecuencia, aquellos que no perecieron como resultado de las heridas recibidas o de la falta de alimentos morirían de sed.
Una guerra de 10.000 megatones produciría un descenso de la temperatura de 50°C por casi un año, dependiendo del tiempo que tardara en desaparecer la nube.
Son muchos los países del Tercer Mundo que dependen de la importaciones de granos y de otros alimentos de los países septentrionales. Dichas importaciones dejarían de existir. Al menos una tercera parte del planeta, jamás experimenta temperaturas inferiores a cero.
La población de animales y vegetación de los trópicos no se hallan acostumbrados a alteraciones térmicas agudas, y varias plantas pueden ser destruidas por descensos térmicos de solamente algunos grados. Las bajas temperaturas harían desaparecer la mayor parte de los bosques tropicales, depósitos genéticos de millónes de especies. Su pérdida podría representar la extinción de más del 50% de la vida entera del planeta.
Los océanos permanecerlan más calientes que la tierra y el intercambio de aire caliente y frío entre la tierra y el mar resultaría en grandes tormentas, mientras que las provisiones alimenticias costeras, tales como las ostras, almejas y moluscos absorberían toxinas procedentes de la precipitación radioactiva y del escurrimiento de las aguas de superficie. El fitoplancton--base de la cadena alimenticia acuática- necesita luz para sobrevivir. Este factor, en combinación con el envenenamiento de las zonas pantanosas costeras, sería suficiente para eliminar de especies marítimas. Las explosiones dañarían o destruirían la capa de ozono, que protege la tierra contra las radiaciones ultravioletas del Sol.
Como resultado de ello, la inmunidad natural de los seres humanos a las enfermedades sería menor y se experimentaría un aumento de la incidencia de la ceguera y de los cánceres.
Ademas podría afectar la dotación genética humana, produciendo mutaciones, abortos y defectos de nacimiento.
En pocas palabras, y según afirmaron los científicos antes mencionados, nuestra civilización quedaría destruída.
Janet Bohlen (Earthscan). -

EDICIÓN 1879

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