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| 3/28/1983 12:00:00 AM

PAREDES DIJO NO

El embajador Briggs es acusado de intervenir en asuntos internos de este país.

PAREDES DIJO NO PAREDES DIJO NO
Desde la firma de los tratados Carter-Torrijos, en septiembre de 1977, no se había presentado un conflicto tan agudo como el actual entre el gobierno panameño y el de Estados Unidos. Bastó solo una carta enérgica del general Ruben Darío Paredes, comandante de la Guardia Nacional panameña, denunciando una serie de "hechos irregulares" efectuados por el embajador estadounidense en el país centroamericano, para que se soltara una cascada de nuevos señalamientos contra personal civil y militar norteamericano en Panamá, por parte de la misma Guardia Nacional, de organizaciones políticas y sindicales, y del poder legislativo de ese país.
Todo comenzó el sábado 19 de febrero, cuando Paredes, el "hombre fuerte" de Panamá, acusó al embajador Everett Briggs de intentar reunirse a espaldas de la comandancia de la Guardia Nacional, con militares panameños, desbordando "las funciones normales de un representante diplomático acreditado en nuestro país".
Esto generó una ola de protestas populares exigiendo el cese de los actos de "intromisión y espionaje" de dicha embajada y de pedidos al gobierno panameño de que declarara "non grato" al citado funcionario.
En su carta, el general Paredes había enumerado dos hechos: que el 26 de enero pasado, Briggs se había presentado en una guarnición militar en Colón, para entrevistarse con el jefe militar de la misma, quien rechazó la invitación por considerar que el embajador no había seguido los conductos regulares de la Guardia Nacional. Más tarde, el 17 de febrero --según el general Paredes-- Briggs solicitó a un capitán de la Guardia Nacional que le arreglara una cita con el teniente coronel Lorenzo Purcello, jefe de la quinta zona militar de Chiriquí, sugiriéndole, además, la posibilidad de "celebrar un brindis" con el resto de la oficialidad de esa zona militar, para lo cual él suministraría el licor. "Ante estas trasgresiones me veo en la obligación de advertirle que, ante un nuevo acto de esta naturaleza esta comandancia y su estado mayor solicitarán a nuestro gobierno su retiro del país", dijo Paredes, antes de añadir el siguiente párrafo candente: "No quisiera pensar que su investidura diplomática encubre a un alto oficial de inteligencia trabajando para los organismos de espionaje de los Estados Unidos de América".
Briggs se había posesionado como embajador en Panamá tres meses atrás. Antes de ello, cumplió funciones en Checoslovaquia, Angola (antes del ascenso al poder del Movimiento Popular de Liberación de Angola), Paraguay, Colombia y Portugal. Es un declarado enemigo del proceso nicaraguense.
La respuesta de la embajada norteamericana fue negar que la "supuesta" carta del general Paredes había sido recibida, y que el texto publicado por la prensa contenía "errores y distorsiones".
Pero el incidente se agravó el 22 de febrero cuando el mayor Edgardo López, jefe de relaciones públicas de la Guardia Nacional, aseguró en un comunicado que el 12 de enero pasado, Helen Marschall Carter, primera secretaria de la embajada norteamericana en Panamá, también había incurrido en actividades irregulares. Según López, ella ese día se entrevistó con el mayor Fernando Quesada, jefe de la segunda zona militar en Colón, y lo sometió "a un burdo interrogatorio de inteligencia" al preguntarle cuántos efectivos en unidades tenía esa zona militar, la estructura de la Guardia Nacional, y el tipo de actividad política en el área. El comunicado dijo que la diplomática aseguró a Quesada que "iba de parte del embajador Briggs y que estaba asignada a investigar la situación general de la provincia de Colón".
Otros dos incidentes fueron reseñados en el mismo comunicado: el intento de dos militares y un civil norteamericano de concertar, el 9 de febrero en el cuartel de San Miguelito, reuniones entre el embajador y oficiales panameños, y un intento similar en Colón, el 17 de febrero.
Medios periodísticos locales mencionaron además que la Marschall y otro funcionario, James Casson, realizaron "sondeos" en la región montañosa de la provincia de Cocle, en el centro del país.
Estas denuncias fueron de inmediato respaldadas por la Asamblea Nacional de Corregimientos, el poder legislativo en Panamá, así como por el gobernante Partido Revolucionarlo Democrático (PRD), y por otras organizaciones políticas y sindicales del país. La Asamblea declaró que la denuncia del general Paredes coloca a Briggs "como un agente de la CIA con la misión de socavar el proceso revolucionario y liquidar la Guardia Nacional". Agrega que lo hecho por Briggs "hace más grave su posición, por cuanto Panamá está siendo utilizada por Estados Unidos como rampa de agresión contra los pueblos centroamericanos y de otras latitudes, violando los tratados Torrijos-Carter y atentando contra la integridad y seguridad nacional".
Por su parte, el diario "Matutino" denunció que durante su visita a Panamá la embajadora norteamericana ante la ONU, Jeane Kirkpatrick y Briggs se reunieron con dirigentes opositores panameños el 4 de febrero en la capital panameña, ofreciendo ella "redactar una constitución política" para Panamá para uso de los partidos políticos opositores del gobierno de la Espriella. También señaló que el embajador Briggs, mientras era acusado de intervenir en asuntos internos de Panamá, estaba justamente visitando, el 19 de febrero, al ex presidente y líder de la oposición Arnulfo Arias Madrid en su finca particular.
¿Qué hay detras de esas movidas? Según observadores locales, esas gestiones estarían encaminadas a afectar el proceso eleccionario panameño que culminará en 1984, en el cual el general Paredes será el más opcionado candidato presidencial de las fuerzas social-demócratas de centro izquierda que apoyan al actual gobierno. Lo interesante es que en los últimos meses se ha abierto la posibilidad de que el mismo Arias sea partidario de una fórmula de unificación nacional en torno de un candidato de amplio consenso, como sería el general Paredes, lo que evitaría una polarización del electorado y el debilitamiento del legado político del general Omar Torrijos, en momentos dificiles para el conjunto de Centroamérica.

EDICIÓN 1879

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